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2017 con más dudas que certezas

Este año terminaría con una caída en la actividad económica del 2,3% del PBI.

Llegó el momento de hacer un balance del año que transcurrió e intentar anticipar lo que le espera a la Argentina en materia de desafíos por superar.

Este año terminaría con una caída en la actividad económica del 2,3% del PBI. Esto es principalmente consecuencia de un segundo semestre muy pobre, donde la economía no logró despegar. Octubre ha sido un mes muy desalentador en materia de actividad económica y se empezaron a ver algunos brotes verdes para una recuperación secuencial mes a mes en noviembre: producción de autos, ventas de cemento y de asfalto en especial, y actividad económica en general medida por los impuestos al trabajo y a las ventas.

Los desajustes macroeconómicos quedaron a medio encarar y se sintió el impacto de la caída del consumo y de algunas actividades económicas en particular. Pero luego de cuatro trimestres consecutivos de caídas, se está preparando un rebote. Fue un otoño largo que se convirtió en un invierno después de algunos ajustes que tuvo que hacer la actual administración, aunque el contexto imposibilitó la toma de algunas medidas vitales para el funcionamiento de la economía hacia adelante.

La "pesada herencia" se ve reflejada en las cifras de pobreza y desempleo, que son un punto de partida muy difícil: según cifras oficiales, hoy el 32,2% de los argentinos es pobre y el 6,3% se encuentra en la indigencia. En el año 2002, el 53% de los argentinos estaba por debajo de la línea de pobreza. No son crisis comparables, aunque es un punto de referencia importante luego de años sin tener medición de las cifras oficiales. En materia de desempleo, la cifra que se alcanzó en 2001 no tiene punto de comparación histórica, con un pico de 21,5% de la población económicamente activa. El desempleo hoy es muy inferior al de aquel entonces, pero todo un desafío a reducir: es superior a todo el período del 2007 en adelante.

Específicamente, vemos los siguientes desafíos a tomar en cuenta para el período 2017:

1. Empezando por el contexto global, la suba de tasas de referencia mundiales son un desafío importante. Ningún país quedó a salvo del golpe dado a los mercados emergentes a partir de la elección de Donald Trump, y Argentina no fue la excepción. Los rendimientos del tramo largo de la curva se incrementaron sensiblemente (deuda soberana), lo que le pone una cuota de incertidumbre respecto a lo que vendrá en materia de financiamiento tanto para el Gobierno como para las emisiones provinciales y corporativas.

2. Brasil seguirá débil: desde su pico máximo de crecimiento (7,6% en 2010), el PIB no hizo más que caer. En 2015 se contrajo 3,8% y se espera que este año lo haga 3,3 por ciento. Recién el próximo año Brasil crecería, ¡pero apenas al uno por ciento! Eso favorecería mínimamente a la Argentina. En realidad, necesitamos que Brasil recupere su salud económica, y no lo hará tan pronto.

3. Commodities: las materias primas han tenido un ciclo alcista a partir de comienzos de 2002 y eso favoreció a las economías emergentes hasta 2008. Tras el derrumbe del 2008 y posterior repunte en 2009, los commodities volvieron a subir hasta 2011 y a partir de ahí manifestaron una nueva caída. Actualmente se encuentran en valores similares a los de 2003. Esta podría ser una similitud si rebotan. Es un ciclo que parte de valores bajos, que podrían convertirse en un factor de dinamización de la actividad, aunque con un dólar tan fuerte es difícil que se dé.

4. En el frente interno, la principal amenaza es que el déficit fiscal se convierta en una bola de nieve muy difícil de manejar y empezar a reducir. Y menos en un año electoral donde la voluntad de hacer cambios por parte del gobierno de turno siempre es baja.

5. La batalla contra la inflación no está ganada. Y menos con un déficit fiscal que irá en aumento, no en baja. ¿Es posible encarar una etapa de crecimiento sostenido por encima del 3% anual y al mismo tiempo controlar la inflación? Parecerían ser dos objetivos incompatibles si no se logra motorizar la inversión. En la actualidad, la presión de los sindicatos sobre los salarios a través de las paritarias tiene un gran peso, lo que impide que la meta de inflación se alcance rápidamente y encima los ajustes pendientes de las tarifas de los servicios públicos tendrán su impacto en los índices. Y por supuesto, sobre eso, tenemos un año electoral, que generalmente implica mayor dinero circulando y cierto impacto sobre los precios.

6. Tipo de cambio: con un 43,4% de inflación interanual según el consenso privado recopilado por el Congreso y una depreciación de "apenas" el 23,46% posterior a la devaluación del inicio de la gestión de Mauricio Macri, la competitividad se vio erosionada. La devaluación de diciembre pasado no alcanzó para que muchas actividades orientadas al exterior fueran rentables, y eso que ya acumuló un 61,6% de devaluación. Creemos que el tipo de cambio se seguirá manteniendo atrasado y que el poder adquisitivo del asalariado irá de a poco recuperando terreno perdido. Este es uno de los puntos que, según muchos analistas económicos y políticos, podría ser el mayor riesgo que se enfrenta en el corto plazo, atento a que ingresos del blanqueo e inversiones comprometidas van a presionar al tipo de cambio a la baja, lo que encarecería nuestras exportaciones y el turismo interno.

7. La gobernabilidad se ha visto cuestionada con el proyecto propio de impuestos a las ganancias que votó sin consensuar la oposición. Es muy temprano para saber si se trató de una sola noche en la que el peronismo se juntó de nuevo o posiblemente fue el germen de un nuevo frente de combate que dará batalla en la Legislatura y que dificultará la gobernabilidad. Encarando un nuevo año electoral, el Gobierno tendrá que hacer bien los deberes en materia económica si quiere fortalecer su posición con una elevada imagen positiva para ganar las elecciones y seguir bien encaminado hacia las presidenciales del año 2019. Lo anterior no será un trabajo fácil, dado que el repunte tan esperado de la economía doméstica esta demorado.

En síntesis, Argentina encara el 2017 con más dudas que certezas en un escenario global que se ha enrarecido y limita aún más la toma de decisiones. No son pocos los desafíos a sortear, y muchos de ellos se trasladarán como algo inconcluso al año siguiente, dado que en un año electoral el margen de maniobra será escaso.

Fuentes: Infobae

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