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24 horas con el Samsung Galaxy S8+: (casi) todo huele a telefonazo

El Samsung Galaxy S8+ es probablemente el dispositivo más espectacular con el que he tenido el placer de lidiar en estos últimos años. Esa sería la gran conclusión de estas primeras 24 horas con el que es el máximo exponente de la movilidad hoy en día, pero esa conclusión, como la mayoría de conclusiones, no es absoluta.

De hecho el calificativo puede engañar, porque por muy espectacular que el S8+ sea a primera vista, no todo en él lo es. En Samsung buscaban darle una vuelta de tuerca a un mercado en el que diferenciarse cada vez es más difícil, pero aunque lo han conseguido en algunas cosas, en otras se han quedado (inexplicablemente) a medias. Al menos eso es lo que nos parece tras estas primeras 24 horas.

Unas especificaciones de vértigo

La hoja de especificaciones del nuevo gama alta de Samsung destaca desde luego por las características de esa pantalla Super AMOLED curva de 6,2 pulgadas con ese singular formato 18.5:9, pero también por otro compañero del que pocos pueden presumir por ahora: un Exynos 8895 que es el procesador con el que llegará a España este móvil (y su "hermano pequeño", el S8), y que es directamente comparable al deseado Snapdragon 835.

 SAMSUNG GALAXY S8+
DIMENSIONES FÍSICAS 159,5 x 73,4 x 8,1 mm (173 gramos)
PANTALLA Super AMOLED curva de 6,2 pulgadas 18.5:9
RESOLUCIÓN 1.440 x 2.960 píxeles
PROCESADOR Samsung Exynos 8895 (64 bits, 10 nm)
NÚCLEOS 4 x Cortex-A53 a 2,3 Ghz, 4 x Exynos M2 a 1,7 Ghz
GPU Mali G71MP20
RAM 4 GB
MEMORIA 64 GB (UFS 2.1) ampliables vía microSD (hasta 256 GB)
SOFTWARE Android 7.0 con TouchWiz
CONECTIVIDAD LTE Cat.16, Wi-Fi 802.11 a/b/g/n/ac (2.4/5GHz), VHT80 MU-MIMO, 1024QAM Bluetooth® v 5.0 (LE up to 2Mbps), ANT+, USB Type-C, NFC, Localización (GPS, Galileo, Glonass, BeiDou)
CÁMARAS Trasera de 12 megapíxeles con una lente con OIS y f/1,7
Frontal de 8 megapíxeles con f/1,7, autofocus
BATERÍA 3.500 mAh
OTROS Protección IP68, carga rápida, carga inalámbrica, sensor de huella dactilar, escáner de iris
PRECIO 909 euros en Amazon

Aunque no hemos podido hacer demasiadas pruebas extensivas de rendimiento, sí os podemos dar algunos datos preliminares con benchmarks que permiten hacernos una idea de la potencia que podemos esperar de este modelo. En Geekbench hemos obtenido 1.992 puntos en la prueba "Single-Core" y 6.665 puntos en la "Multi-core". Con PCMark Work 2.0 obtuvimos 5.354 puntos, mientras con 3DMark Slingshot se alcanzaron los 3.138 puntos. AnTuTu, otra de las pruebas típicas para establecer puntos de referencia, marcó 156.437 puntos. En todos los casos rendimientos notables que no obstante no marcan diferencias clave con los modelos más potentes del año pasado: el OnePlus 3T por ejemplo le supera en AnTuTu.

En el resto de características nos encontramos ante un terminal que desde luego cumple con todo lo que se puede esperar de un gama alta, pero que curiosamente no destaca en ningún apartado especial más allá de los dos citados. Las similitudes con la anterior generación son evidentes, y una herencia clara que hace que los aciertos del S7 y el S7 Edge hayan acabado (con buen criterio) en los S8 y S8+.

Es el caso de la protección IP68 (mojar sí, sumergir mejor no, ya sabéis), de la carga rápida (sin cambios, aquí pequeña decepción), de la carga inalámbrica o de una cámara trasera que conserva el mismo sensor y óptica, y que se beneficia, eso sí, de una mejora software que permite combinar tres capturas en una. También conservamos la ranura microSD, que ahora podremos usar con tarjetas de hasta 256 GB. No hay cambios en la memoria RAM y o en las capacidades disponibles —de hecho solo hay una, 64 GB, curioso—, aunque gracias a esa citada ranura este apartado no es especialmente preocupante.

La frontal, eso sí, cambia a mejor, con un sensor de 8 Mpíxeles con apertura f/1.7 y con algo importante: autoenfoque, otra novedad que sin duda es relevante para lograr selfies de mayor calidad. En el apartado de la seguridad también hay una novedad destacable: el escáner de iris que permitirá añadir una opción más al sensor de huella dactilar (de este hay mucho que decir, y poco bueno) y que se sitúa como una alternativa muy interesante para desbloquear el dispositivo.

Los extras también son relevantes, claro, y aquí una de las novedades más destacables es la presencia de unos auriculares calibrados por AKG by Harman con un woofer para los graves de 11 ohmios y un tweeter para los agudos de 8 ohmios. La inclusión de Bluetooth 5.0 llama la atención por esa capacidad de poder emitir audio dual para 2 conexiones independientes de auriculares Bluetooth,

Hay otra opción extra aún más llamativa: DeX Station, la cuna/dock que permite convertir al Galaxy S8 y al Galaxy S8+ en dispositivos para trabajar con una sesión de escritorio realmente funcional, tal y como pudimos ver en nuestra toma de contacto con estos terminales. Lamentablemente no hemos tenido la oportunidad de probar este accesorio de momento, pero esperamos poder hacerlo muy pronto para evaluar el rendimiento real de este tipo de entorno de trabajo.

Imposible no enamorarse de la pantalla

Este repaso a las especificaciones es un trámite obligado, pero en estas primeras 24 horas con el terminal hemos podido entender qué es lo que realmente aportan todas esas novedades... y lo que no. Y si hay algo que aporta un elemento diferencial al terminal, ese algo es la (insistimos) espectacular pantalla del Galaxy S8+.

No es una sorpresa que Samsung lo borde en las pantallas: lo ha hecho en sus dispositivos de alta gama durante años con la tecnología AMOLED y con esa curvatura que caracterizó a los ahora abandonados Edge (aunque ahora ambos S8 y S8+ son Edge, en realidad).

Sin embargo aquí da un nuevo salto cualitativo que hace que desaparezcan buena parte de los bordes de pantalla que antes caracterizaban a sus smartphones, pero combina esa decisión con otra singular. Se trata de la utilización de un formato de pantalla ultrapanorámico que con esa curiosa relación de aspecto (18.5:9, algo más allá de la 18:9 utilizada en el LG G6) que da como resultado una pantalla —adivinen ustedes— espectacular.

Lo es en formato y también en definición, y además se beneficia de varias mejoras a su sistema de Pantalla Siempre Activa que permiten hacer que este modo de bajo consumo en el que es posible acceder a notificaciones y accesos directos de aplicaciones sea más potente.

En estas primeras no hemos notado ningún problema en el funcionamiento de Android a la hora de aprovechar esa pantalla y esa resolución, aunque obviamente el tiempo con el terminal ha sido limitado y podrían aparecer inconsistencias en ciertos escenarios.

Que el vídeo se vea casi a toda pantalla —hemos desenfocado aposta el contenido— hace que ver series y películas en formato 18:9 resulte espectacular en el Galaxy S8+.

Sin embargo hemos comprobado cómo los vídeos ultrapanorámicos disponibles en YouTube aprovechaban ese ratio de aspecto de forma natural, y que algunos contenidos y series de servicios como Netflix (con Stranger Things como ejemplo clásico al estar grabada en ratio 2:1) se ven a la perfección con ese modo que nos acerca un poco más al cine en el móvil y a una experiencia aún más atractiva en estos (ya no tan) pequeños dispositivos.

En los ajustes del terminal podremos además establecer diversas resoluciones de funcionamiento, mientras que hay un apartado específico para seleccionar aplicación por aplicación instalada si éstas deben intentar aprovechar o no esa máxima resolución de pantalla o bien quedar recortadas sensiblemente para evitar potenciales incompatibilidades.

Aquí podemos jugar con unas y otras para ver cómo se comportan, pero como hemos dicho muchas de las que hemos probado se podían usar en la resolución y tamaño completos. Muchas aplicaciones utilizan por defecto ese modo "seguro" para evitar conflictos, pero es posible que si activamos el modo de pantalla completa funcione a la perfección.

Si no la aprovechan, simplemente nos parecerá que esas aplicaciones no muestran diferencias con el modo de pantalla convencional de los dispositivos "normales", lo que hará que aparezcan bandas a izquierda y derecha en modo apaisado o arriba y abajo en modo retrato que básicamente imitan el aspecto que tendría el dispositivo con unos marcos superior e inferior como los de los antiguos Galaxy S7/Edge y anteriores.

Las aplicaciones que aprovechan esa pantalla completa bien marcan la diferencia, claro. Nos ha sucedido con juegos como Asphalt 8 o aplicaciones como YouTube o Netflix entre otras, y lo cierto es ver vídeos que aprovechan toda la pantalla es una experiencia asombrosa. Lo importante de todo esto es que ese nuevo formato no compromete la experiencia ni hace que las potenciales desventajas pongan en peligro su validez: tenemos más información en más espacio, y todo se disfruta de una forma más "inmersiva" gracias a esa ausencia casi completa de marcos.

Diseño: compacto para esa diagonal, pero tanto cristal y pantalla curva dan miedo

Puede que Samsung no haya hecho mejoras en algunos apartados hardware llamativos, pero desde luego ha dado el do de pecho en diseño, donde como decimos esa pantalla hace que nos encontremos ante un dispositivo que marca la diferencia con el resto de smartphones del mercado

La pantalla curva es de nuevo clave de ese diseño diferencial, aunque es menos pronunciada que en los Edge que además trataban de aprovechar esa curva para mostrar información adicional. Esa opción para acceder a los llamados Contenidos Edge sigue estando disponible desde los ajustes del dispositivo, lo que hará que se muestre una línea gris claro en parte del lateral curvo derecho de la pantalla.

En el diseño destaca desde luego la reducción de grosor de los marcos superior e inferior: ya no hay espacio para tener la marca de Samsung en el frontal, pero lo más relevante es que eso ha hecho que también desaparezca el botón de inicio físico en el dispositivo. En lugar de eso contamos con un botón virtual por software aparece como parte de la información de la Pantalla Siempre Activa, flanqueado por el botón de gestión de tareas y el botón para volver atrás que se muestran cuando comenzamos a interactuar con la parte baja de esa zona táctil.

Al final la experiencia de esos botones táctiles es realmente correcta, e incluso diría que preferible a la que ofrecía un botón de inicio que en los Galaxy S7 y antecesores necesitabas pulsar físicamente para hacer lo mismo que hace este con solo tocarlo.

Puede que para muchos la presión fuera mejor, pero personalmente creo que la capacidad de "solo tocar" en lugar de "pulsar" para acceder al botón de inicio es más adecuada. Quizás sea cuestión de acostumbrarse, claro, pero pocos dispositivos apuestan por ese paradigma y eso hace que aquí Samsung tenga un elemento diferenciador en su usabilidad, para bien... o para mal. Sea como fuere, ese elemento desaparece en los Galaxy S8 y S8+, y lo hace además a costa de un componente crucial: el lector de huella. De nuevo, mucho que decir de este componente, pero sed pacientes: todo llegará.

En ese diseño hay novedad destacada en el conector USB-C, que Samsung por fin se ha decidido a integrar. En la práctica este conector es desde luego preferible por muchas cosas (entre otras , dará acceso a la potencia de Samsung DeX), y a estas alturas la transición es algo menos dolorosa: nos vamos acostumbrando al hecho de que este conector va ganando terreno, y aunque el conector MicroUSB sigue siendo la referencia, aquí Samsung ha tenido el acierto de incluir no uno, sino dos adaptadores: uno de USB-C a USB-A, y otro de USB-C a Micro USB. Fantástico. (Coff, aprende Apple, coff).

En lo demás nos encontramos con líneas y detalles familiares, pero también con materiales y formatos igualmente conocidos que nos ponen en un brete. El dispositivo es desde luego fantástico en apariencia. Una vez más, y no nos cansamos de decirlo, espectacular. El problema es que la sensación que da, sea cierta o no, es la de fragilidad. El uso extensivo del cristal tanto en el frontal como en la parte posterior hace esa sensación inevitable, y aunque Gorilla Glass 5 presente sus credenciales como protector de esa fragilidad, las dudas quedan

Dudas que además no hemos podido ni querido resolver: ni se nos ha caído, ni lo hemos tirado adrede, claro. El Galaxy S8+ se presta (como el S8) a protegerlo con una carcasa que lo mantenga indemne a potenciales caídas, pero aquí lógicamente cada cual podrá tomar la decisión que quiera.

Las dimensiones son las de un iPhone 7 Plus y sensiblemente superiores a las de un S7 Edge. La diferencia, claro, está en el formato y ratio de pantalla frente a los marcos.

En esa fragilidad también ayuda el hecho de que el Galaxy S8+ sea un dispositivo que aun con ese prodigio de pantalla (lograr meter 6,2 pulgadas en esas dimensiones es realmente elogiable) no es ni mucho menos pequeño. Su tamaño es sensiblemente superior al de un Galaxy S7 Edge, por ejemplo, pero como en este último sucede que el cristal el reducido grosor y su anchura hace que el agarre, sin ser malo, no sea especialmente destacable.

No es el móvil más resbaladizo que hemos tenido en nuestras manos, pero desde luego no es tampoco el que nos impone más tranquilidad al cogerlo. De nuevo, consejo: las carcasas pueden evitar sustos importantes, sobre todo cuando uno paga los 909 euros que cuesta este terminal.

Sensor de huella: así no, Samsung

El principal perjudicado de ese diseño es, con mucho, el sensor/lector de huella dactilar, que ha sido recolocado a la parte posterior del terminal. Eso no tendría que ser un problema: muchos fabricantes lo colocan en la parte posterior y su comportamiento y validez es perfecta.

En el caso de Samsung, no obstante, esa colocación sí es un problema. Y lo es porque la firma ha decidido situar el lector justo al lado de la cámara, algo que hace que una vez tras otras acabemos situando el dedo donde no debemos. O lo que es lo mismo, encima del sensor de la cámara trasera.

Incluso la detección de la huella es problemática en este dispositivo, pero es que colocar el dedo donde está el lector no es fácil por el propio tamaño y formato del smartphone, que hubieran hecho mucho más recomendable situarlo bajo la cámara. Es además curioso mencionar que si cogemos el terminal con la mano izquierda el acceso será algo más "sencillo", porque con la mano derecha tendremos que forzar un poco la postura del dedo para alcanzar el sensor. Si encima queremos evitar tocar la cámara al cogerlo con la derecha, la cosa se pondrá aún más difícil.

Eso se une al hecho de que el funcionamiento del sensor en sí no ha mejorado especialmente respecto a sus predecesores. Mientras que otros fabricantes demuestran haber llegado a una precisión y velocidad asombrosas en este apartado, Samsung se ha quedado claramente atrás. Si hay que ponerle una gran pega al Galaxy S8+, es esta.

Al rescate llega no obstante el escáner de iris, que permite autenticar al usuario cuando este mira a la pantalla y hacerlo además de una forma mucho más efectiva y precisa. El sistema nos recuerda mucho al de los Lumia 950/XL que también lo integraron, y como en aquel caso la alternativa es realmente llamativa.

Hay un tercer método de autenticación menos seguro: el reconocimiento facial no es tan exigente —no hace uso del escáner de iris— y es probable que sea factible engañarlo con una foto impresa o en pantalla. Eso no es posible con el la autenticación con el iris, os lo aseguramos.

Una imagen en una pantalla no engañó al escáner de iris del Galaxy S8+, como era de esperar.

Lo hemos probado poniéndole una foto de nosotros mirando a la cámara de otro móvil para ver si al mostrar la foto en la galería y presentarla como "sustituta" de nuestra mirada el escáner de iris caía en la trampa. No lo hacía. Una gran opción, sobre todo teniendo en cuenta que el lector de huellas no cumple como debería.

Fotos igual de fantásticas que antes, y eso es lo decepcionante

La cámara del Samsung Galaxy S8+ es la segunda gran decepción de estas primeras 24 horas con el terminal. No porque se comporte mal: no lo hace en absoluto, y hay que dejar claro que el buen comportamiento de los S7 y los S7 Edge —para muchos, y me incluyo, los mejores móviles fotográficos que existen— se ve refrendado en los S8+ (y, suponemos, en los S8 que no hemos podido probar)

El problema es que no mejoran. Samsung dice que sí, claro: el nuevo sistema de procesamiento multi-frame que han cogido prestado de los Google Pixel llama la atención, desde luego, pero sus ventajas prácticas no se notan: el enfoque es igual de rápido (muy rápido), igual de preciso (muy preciso) e igual de bueno (muy bueno), pero es que no es mejor que el del S7. Y si hay algo en lo que siempre queremos mejoras es en la cámara del móvil, precisamente porque la usamos constantemente.

Lo que sí nos ha gustado, y aquí hay darle al César lo que es del César, son las mejoras de usabilidad de su nueva aplicación de cámara, que con un gesto táctil (de abajo a arriba o viceversa desde el centro de la pantalla) permite cambiar a la cámara frontal o la trasera.

Esos gestos táctiles también permiten acceder a los modos de toma de capturas o vídeo (sin cambios aquí, y ese gesto también existía en los modelos anteriores) o a los filtros y stickers (al desplazar el dedo desde la izquierda al centro, desde fuera de la pantalla).

Los filtros sí llaman la atención, como los stickers, por poder añadir rápidamente una edición en tiempo real de la captura que queremos sacar antes de sacarla. Son características simpáticas que no obstante suelen ser anecdóticas. Aún así, bien por las opciones, desde luego.

No hemos tenido tiempo de grabar apenas vídeos, pero aquí nos encontramos con los mismos modos que en el pasado: es posible grabar en resolución UHD, y también hacerlo a cámara lenta, y como en el caso de los Galaxy S7/Edge los resultados son a priori destacables, pero de nuevo, no son mejores que en esos terminales.

En el caso de la cámara frontal la mejora en la resolución del sensor debería notarse algo más seguramente, pero lo cierto es que en nuestras pruebas no lo hace demasiado. De hecho diríamos que como ocurre en la cámara trasera, los resultados de la cámara del S8+ parecen tener algo más brillo de lo que uno esperaría. O eso, o que las fotos que hemos sacado al mismo tiempo con un Galaxy S7 eran demasiado oscuras. Lo cierto es que estas últimas (y no las del S8+) nos han parecido mejor acabadas en estas primeras impresiones, quizás por ese mayor contraste aparente que hemos podido detectar en las tomas.

¿Conclusión? La cámara del S8+ no te va a decepcionar, pero si buscas solo una gran cámara en un móvil, igual quieres ahorrar algo de dinero y apostar por los Samsung Galaxy S7 y S7 Edge ahora que están bastante más bajos de precio que cuando se lanzaron en el mercado. Con los S8 y S8+ de momento no apreciamos mejoras aparentes, y aunque nuestras pruebas han sido limitadas, no parece probable que haya cambios en este apartado.

Software a la altura, excepcto por un Bixby verde que te quiero verde

No hemos tenido tampoco demasiado tiempo para probar las bondades de Android 7.0 en este terminal, pero en estas horas hemos comprobado que la fluidez del terminal es sobresaliente, con cero retardos al lanzar aplicaciones o moverse entre los escritorios y las opciones de un software que desde luego tiene un apoyo incondicional en ese procesador.

Las opciones del software encierran capacidades conocidas pero no por ello menos llamativas. La gestión multitarea y el soporte de pantalla dividida hace que podamos aprovechar ese formato de pantalla ultrapanorámico para dar más sentido al uso combinado de dos aplicaciones de forma simultánea. Sigue sin acabar de convencernos esta capacidad en un smartphone aun contando con estos 6,2 pulgadas de diagonal, pero como apuntábamos antes, que exista esa opción no es malo.

Tampoco lo es esa otra capacidad que permite redimensionar ventanas para hacer que una aplicación no ocupe toda la pantalla, sino que en lugar de eso se enmarque en una ventana que podremos redimensionar a nuestro antojo. La característica de nuevo tiene mucho de anecdótico aquí, pero cobra sentido realmente cuando usamos esa opción extra que no hemos podido analizar: la de Samsung DeX y el S8/S8+ como equipo de escritorio. Es ahí donde ese soporte de ventanas cercano al de los sistemas operativos de escritorio convencionales (Windows, Linux, macOS) puede poner en peligro a estas plataformas, aunque eso tendremos que comprobarlo cuando podamos tocar DeX por nosotros mismos.

El apartado que Samsung querría que fuera diferencial en esta sección, no obstante, no lo es. Bixby es un asistente que al activarlo nos presenta una página de inicio atractiva: en ella aparecen recomendaciones o recordatorios en una serie de tarjetas informativas que se reparten en un scroll vertical fantástico. Prodigioso por lo suave y fluido, así como por los efectos de aparición de esas tarjetas.

Pero eso es solo el principio, aseguran en Samsung. Bixby Vision es el otro gran componente de este asistente que quiere ser distinto de sus competidores y que desde luego lo es, pero también en calidad y madurez. Eso se nota en esta característica que teóricamente detecta lo que e la cámara trasera del móvil para obtener información, precios o imágenes similares.

Al final esta función es algo así como un popurrí de servicios de reconocimiento: ya teníamos un escáner de códigos QR, un traductor que podíamos aplicar sobre un cartel en una carretera o un reconocedor de vinos que nos mostraba puntuaciones y recomendaciones. Bixby Vision simplemente une esas características (en el caso de los vinos hace uso del servicio de Vivino, por ejemplo) para hacerlas más accesibles.

El funcionamiento es sencillo: en la aplicación de cámara hay un nuevo icono en forma de ojo en la parte inferior izquierda que hará que se active ese algoritmo de detección. Tras unos instantes en los que una animación va mostrando puntos que aparecen y desaparecen sobre la imagen se muestran opciones que nos permiten tratar de encontrar lugares, vinos, o precios relacionados. Si detecta que hay texto enfocado por la cámara, también nos ofrece extraerlo como si de un software OCR se tratase.

En algunas ocasiones Bixby hace su trabajo y muestra algunos resultados relevantes (lo hizo con un par de botellas de vino, por ejemplo, y con lugares cercanos a uno en el que nos encontrábamos) pero en otros muchos simplemente no ofrece ningún resultado. La característica es curiosa, desde luego, pero tiene aún mucho camino por recorrer... como el resto de opciones del asistente.

No tuvimos tiempo de probar la funcionalidad de recordatorios que permiten a Bixby detectar citas automáticamente para establecer recordatorios para esas citas, pero aquí la ausencia realmente relevante es la utilidad de Bixby como asistente de voz, algo que de momento no está disponible. Ni siquiera en inglés o coreano, los idiomas que iban a estar a punto para el lanzamiento y que finalmente se han visto retrasados para su llegada al servicio.

Llegarán, como también el soporte en otros idiomas (incluido el español), pero aquí los plazos son imposibles de determinar. O lo que es lo mismo: la utilidad real de Bixby hoy por hoy es muy limitada, pero habrá que darle a Samsung tiempo y una oportunidad. No es un tipo de aplicación con la que sea fácil acertar (otros lo hacen mucho más y su uso sigue siendo limitado), así que tendremos que ser algo pacientes... por el momento

Conclusiones preliminares: un gran teléfono que podría (y debería) serlo aún más

Lo limitado de estas pruebas preliminares ha hecho que tampoco podamos juzgar con suficiente criterio temas críticos como la batería: el dispositivo se vio sometido a una jornada bastante intensiva y tuvimos que recargarlo por la tarde, y aquí es donde desde luego el cargador con soporte para carga rápida dejó claro que una vez más esta tecnología alivia el estrés en este apartado.

No obstante, aún no podemos hacer juicios de valor sobre ese importante apartado que eso sí, tiene visos de comportarse bien sobre todo en el S8+ gracias a esos 3.500 mAh de capacidad. Es probable que Samsung hubiera podido incrementar la capacidad en un cuerpo de estas dimensiones, pero seguramente se habrán querido curar en salud para no tener una vez más el desastroso problema que tuvieron con unos Note 7 imposibles de olvidar por el momento. De hacérnoslos olvidar deben encargarse precisamente estos S8/S8+ y, desde luego, los futuros Note 8 si es que llegan a aparecer.

Tampoco hemos tenido demasiado tiempo para probar los auriculares calibrados por AKG o ese DAC de 32 bits que teóricamente supera al DAC de 24 bits de los S7/Edge. A priori el dispositivo suena muy bien tanto en los altavoces como a través de los auriculares, pero de nuevo las pruebas aquí han sido insuficientes para llegar a conclusiones concluyentes. Sí que pudimos comprobar la resistencia al agua sumergiendo brevemente el dispositivo en un recipiente lleno de agua (superó la prueba) o salpicándolo un poco. EL Galaxy S8 sobrevivió sin problemas a ambas pruebas.

¿Cuáles son por tanto esas impresiones preliminares? Pues las de que el Galaxy S8+ es un dispositivo fantástico en muchas cosas, pero que desde luego está lejos de la perfección. La pantalla nos atrapa y nos convence (sobre todo a la hora de ver vídeos), la potencia del hardware es evidente, y el diseño es fantástico aunque tenga como contrapartida esa inevitable sensación de dispositivo propenso a las caídas.

Pero también están los contrapuntos: el sensor de huella dactilar es catastrófico por posición y funcionamiento, la cámara es "solo" igual de buena que la de los S7/Edge, y esa apuesta software por Bixby está demasiado inmadura como para ser relevante. Hay muchos aciertos en este telefonazo, pero también algunos fallos que deberían ser corregidos. Quién sabe: quizás el Note 8 los corrija.

Hasta entonces parece claro que quien elija un Galaxy S8 o un Galaxy S8+ no se equivocará. O al menos, no lo hará mucho. Esto son solo unas primeras impresiones: en unos días publicaremos nuestro análisis en profundidad —por favor, comentad y sugeridnos qué detalles queréis conocer más en profundidad, lo tendremos muy en cuenta—, y será allí donde podremos confirmar si estas sensaciones son definitivas o no. Un gran teléfono... en casi todo.

Fuentes: Xataka

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