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El 50% del precio de un producto son impuestos

En los últimos 15 años Argentina tuvo un incremento de la presión impositiva que no tiene precedentes en la historia.

Récord de presión impositiva

La carga impositiva de Argentina casi llegó a duplicarse sumando impuestos nacionales, provinciales y municipales. Pese a la voracidad del fisco, el país sigue teniendo déficit fiscal y podría tener complicaciones para cumplir con la meta de déficit fiscal de 4,8% PBI prevista por el Gobierno para el 2016.

Según un estudio de la Fundación Mediterránea (IERAL) hace 15 años la carga tributaria era de solo 18,7% del PBI. Y en 2015 fue de 34,6% del PBI. Sin considerar al impuesto inflacionario, que es un impuesto no legislado. Que si se incluyera, aportaría 2% del PBI adicionales.

Uno de los factores que permitieron el incremento en la presión impositiva fue la falta de ajuste por inflación Impuesto a las Ganancias de las empresas. Que hicieron tributar por ganancias ficticias (nominales) a las empresas. También, la implementación de impuestos extraordinarios como el “impuesto al cheque “, que quedaron para siempre. Asimismo, las provincias no se quedaron atrás. Especialmente, post-crisis 2008/2009 aumentaron Impuestos a los Ingresos Brutos, se crearon nuevas tasas, elevaron las alícuotas de percepción y retención que aplican los agentes de recaudación, entre otras.

Comparativo

Argentina en materia de impuestos y carga fiscal está muy por encima de los países de la OECD y América Latina. Por ejemplo, en Argentina el impuesto a las Ganancias –empresas- tributa con alícuota del 35%. En promedio en América Latina es de 27,3%, mientras que en el mundo se ubica en 23,6%.

Si tomamos el Impuesto al Valor Agregado, la cuestión es similar. El IVA en Argentina se grava con una alícuota del 21% (en su mayoría).En tanto, a nivel global tiene una alícuota de 15,6% y en promedio en América Latina es 13,2%.

Otro ejemplo es el impuesto a los créditos y débitos. Aquel implementado en el año 2001 y que es muy distorsivo. Que directamente los países de la región no lo poseen ya que desincentiva a la bancarización.

“Comprando impuestos”

En Argentina cada bien que consumimos tiene un costo impositivo enorme. El 50% del precio final del combustible que cargamos en una estación de servicio son impuestos. Cerca del 40% del precio abonado por alimentos y casi el 50% del precio que paga el consumidor por las bebidas, es carga impositiva. Por otro lado, al momento de comprar un vehículo, el resultado es el mismo.

Según ADEFA, en promedio de cada 100.000 pesos que uno paga en la compra de un auto, 54.800 son impuestos. Entre los impuestos se encuentran impuesto a los Ingresos Brutos provinciales, contribuciones sobre el trabajo, tasa de seguridad e Impuesto a los Sellos.

Trabajar para el Fisco

Según un estudio de IARAF, en 2015 una familia con un solo integrante trabajador asalariado en el sector formal, debió trabajar por lo menos 211 días sólo para pagar al Estado los impuestos de este año.

Reforma impositiva ¿Cómo bajar la presión impositiva?

En este contexto una reforma impositiva es necesaria urgente. Debería plantearse de forma integral. Ir reduciendo las alícuotas y a su vez el sistema debería dar los incentivos para aumentar la formalización de la economía.

Los pilares de cualquier reforma deberían ser la racionalidad y responsabilidad fiscal. Hoy se observan “parches” en impuestos como en la discusión sobre mínimo no imponible y escalas de impuesto a las Ganancias (4ta categoría) que van en el sentido de bajar la carga tributaria. Pero sin tener en cuenta que es de los impuestos más progresivos que tiene el sistema. Asimismo, los recursos que deja de percibir el fisco se compensan con impuestos que son más regresivos (que el que se quita) y con distorsiones mayores en la asignación de recursos o que son difíciles de recaudar para la AFIP. Por ejemplo el impuesto a la renta financiera (plazos fijos) que desincentiva el ahorro en moneda doméstica, encarecen el costo del crédito interno o que intenta gravar rentas nominales en un país con inflación elevada, que implica una pérdida del capital.

La reforma es necesaria y debe ser estudiada, analizada y consensuada. No se puede hacer de un día para otro. Se debe hacerlo bajo criterios técnicos, que contemplen al sistema como un todo. Sin improvisar, ni “emparchar” impuestos con otros impuesto. El 2017 debería darse el puntapié inicial de este cambio. Y así dar un alivio al sector privado, que sufre la presión impositiva a día a día.

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