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Jurisdicciones Offshore: La otra mirada

Las jurisdicciones de baja tributación son buenas para los contribuyentes y malas para los Estados voraces. Y vos, chabón, ¿de qué lado estas?

La historia oficial

El problema en el mundo actual no es la existencia de jurisdicciones de baja o nula tributación sino la voracidad fiscal de Estados cada vez más grandes, ineficientes y endeudados.

Si los gobiernos pusieran el mismo énfasis que ponen en crear regulaciones burocráticas e innecesarias, endeudarse más allá de toda lógica y aumentar el déficit fiscal en cumplir con las funciones básicas que todo Estado debe cumplir y administrar los recursos de los contribuyentes en forma eficiente, las jurisdicciones offshore no tendrían razón de existir.

En otras palabras, si un país impusiera impuestos en el orden del 10%-15%, sus ciudadanos tendrían pocos incentivos en estructurarse internacionalmente.

En el inconsciente colectivo, cuando uno piensa en los mal llamados “paraísos fiscales” (vale la pena recordar que la traducción exacta del vocablo inglés “tax haven” no es “paraíso fiscal” sino “refugio fiscal”) se imagina un grupo de millonarios en sus yates extravagantes o aviones de lujo escondiendo dinero para pagar menos impuestos y nada más. A ello han contribuido tanto los escritores y los cineastas, como los gobiernos de los países de alta tributación y el organismo que los aglutina y que, oh casualidad, encabeza el lobby contra este tipo de jurisdicciones, la OCDE.

Estos últimos, los gobiernos de los países centrales y la OCDE, han logrado que los propios contribuyentes apoyaran esta cruzada al convencerlos – sin ningún tipo de evidencia fáctica – que gracias a la existencia de jurisdicciones offshore es que existe el lavado de dinero y el terrorismo.

Ese ha sido su gran triunfo.

Desafortunadamente, hay pocas cosas más alejadas de la realidad.

Como decíamos al comienzo, la única razón por la cual existen países o jurisdicciones que han optado – en el libre ejercicio de su soberanía nacional – por competir fiscalmente con otros Estados, es justamente por la existencia de países con impuestos absolutamente desorbitantes y confiscatorios.

Si los países con altos impuestos ganan finalmente esta cruzada – lo cual seguramente harán si los contribuyentes, a través del voto, no les envían una clara señal en contrario - entonces ya no habrá incentivo alguno para bajar los impuestos a alícuotas más razonables.

Quizás entonces los contribuyentes se den cuenta que quienes perdieron la guerra fueron ellos mismos.

Todos nos beneficiamos de los “paraísos fiscales”.

Lo cierto es que todos los contribuyentes nos beneficiamos de la existencia de jurisdicciones de baja o nula tributación; nos demos cuenta de ello o no.

Y lo hacemos de muchas maneras diferentes.

En primer lugar, las jurisdicciones offshore contribuyen a que los impuestos bajen; o al menos no sigan aumentando.

Al proveer un refugio seguro para las personas que buscan evitar el pago de alícuotas fiscales confiscatorias, las jurisdicciones de baja o nula tributación mandan un poderoso mensaje a quienes gobiernan Estados de alta tributación: si los gobiernos centrales siguen subiendo los impuestos van a lograr que empleos e inversiones busquen otros horizontes y siempre es mejor recibir algún ingreso cobrando tasas más modestas que tener tasas altas y no recibir ingresos.

En segundo lugar, las jurisdicciones tradicionalmente señaladas como offshore no son los únicos lugares que reciben depósitos de no residentes y no cobran impuestos sobre las ganancias que esos depósitos generan.

Sin ir más lejos, y nos hemos referido a esto en múltiples ocasiones, Estados Unidos, debería ser considerado el “paraíso fiscal” más importante del mundo. A nadie escapa que el gobierno norteamericano generalmente no cobra impuestos sobre ganancias de interés y capital correspondientes a extranjeros que invierten en dicho país, así como tampoco que Estados Unidos se ha quedado deliberadamente fuera de CRS - el régimen de intercambio de información automático, reciproco y multilateral promovido justamente por OCDE - y que las famosas LLCs se arman en cuestión de horas con escasa información sobre quien o quienes están detrás de ellas.

Finalmente, y aunque parezca mentira, existe una justificación de tipo ética para la defensa de las jurisdicciones de baja o nula tributación.

Es que, desde siempre, las mismas han jugado un rol muy importante a la hora de proteger a las personas víctimas de persecuciones religiosas, étnicas o políticas. Esto es algo que inclusive organismos internacionales, como las Naciones Unidas, lo han destacado en más de una oportunidad.

Y este último tema nos lleva directamente al tema de la “resistencia civil”.

Cuando una ley es injusta, la gente tiende a resistirse a cumplirla. Y en muchos casos las sociedades terminan dando la razón a quienes han adoptado estas posturas extremas aún a riesgo de sufrir consecuencias tales como multas o prisión.

¿Hasta qué punto esto está mal desde el punto de vista moral?

Muchos ciudadanos cercenados en sus derechos o libertades van a otros países para poder desarrollar esas actividades “ilícitas”.

¿Hasta qué punto está mal esto desde el punto de vista moral?

Y no estamos hablando de cuestiones meramente teóricas sino de algo que hemos vivido en Argentina, por ejemplo, con el tema del divorcio vincular y los casamientos en segundas nupcias.

No son pocas las parejas que contrajeron matrimonio en Uruguay porque aquí no podrían haberlo hecho.

Otros ejemplos notables son el consumo de marihuana o el aborto.

Lo lógica respecto de la utilización de jurisdicciones offshore es, en esencia, la misma: ¿El Estado donde Ud. vive lo obliga a ahorrar en una moneda débil, impide que mueva capitales libremente de un país a otro y pretende cobrar impuestos confiscatorios? Hay una forma de evitar esto que consiste en llevar sus ahorros a una jurisdicción de baja o nula tributación.

Los mal llamados “paraísos fiscales” no son países gobernados por déspotas o dictadores cuyo objetivo es atacar la “base fiscal” existente en los países de alta tributación. Se trata de refugios donde se protege la libertad y privacidad de quienes decidan utilizarlos por sentirse perseguidos en sus países de residencia.

Y es una pena que cada vez la privacidad que se pueda lograr sea cada vez menor.

Esperemos que a esta altura haya quedado claro que las jurisdicciones de baja o nula tributación tienen efectos positivos para los contribuyentes y negativos para los Estados voraces.

En este contexto, la pregunta que hago a mis lectores es simple: “y vos, chabón, ¿de qué lado estas?”.

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