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Lo bueno, lo malo y lo incierto

Nuestro Gurú, Martín Litwak, evalúa el panorama en materia impositiva que podría implementar el gobierno de Donald Trump.

A lo largo de las secciones que integran la presente columna, trataremos de adelantar - y al mismo tiempo evaluar - las medidas que entendemos el gobierno de Donald Trump tomará en materia impositiva.

Teniendo en cuenta que Estados Unidos es uno de los principales destinos de las inversiones a nivel mundial, es evidente que dichas medidas no solo van a tener un impacto en aquel país sino en el mundo entero. O al menos en aquellos países que presentan cierto grado de inseguridad o inestabilidad jurídica, que hace que sus contribuyentes prefieran invertir sus excedentes fuera de el, especialmente en Estados Unidos y Europa.

La principal dificultad que presenta el tema que nos hemos propuesto tratar es que estamos ante un presidente que aún no ha asumido, que no es un dirigente histórico del Partido Republicano y que de hecho jamás ha ocupado un cargo público.

Si sumamos a lo dicho en el párrafo anterior su controversial forma de ser, es evidente que las acciones y decisiones de Trump, tanto en este campo como en cualquier otro, se hacen bastante difíciles de anticipar.

De cualquier manera, aceptamos el reto y aquí vamos …

Lo bueno

Albert Einstein sostenía que no hay nada más difícil de entender el impuesto a las ganancias.

Afortunadamente, no ya para él sino para el resto de los contribuyentes norteamericanos, todo hace pensar que el impuesto a las ganancias va a ser más sencillo de aquí en adelante.

Es que, para empezar, se reduce el número de alícuotas diferentes de siete a tres, lo cual simplifica enormemente el sistema.

Adicionalmente, se reduce la tasa máxima de 39,6% a 33% y se aumentan las deducciones que se pueden realizar por hijos a cargo y algunas otras.

Otro aspecto positivo, es la reducción del impuesto que las corporaciones pagan por las ganancias obtenidas del 35% al 15%, una de las tasas más bajas a nivel mundial. Desafortunadamente, aquí no se incluyen otros vehículos (como las famosas limited liability companies, las llamadas S-Corporations, las partnerships ni los sole proprietorships), pero de cualquier modo es una decisión que impactará positivamente en el país.

El tercer aspecto positivo de las reformas que al parecer se vienen, es la eliminación del impuesto sobre sucesiones y donaciones.

Eso sí, junto con la eliminación de estos impuestos se elimina también el mecanismo llamado “step-up” que permitía que quien herede un bien solo pague impuesto a las ganancias por la diferencia entre el precio de venta y el precio que correspondía al día en que heredó el mismo. Así las cosas, en el futuro el impuesto se va a calcular sobre la diferencia entre el precio de venta y el de adquisición del mismo por parte del causante. Eso es consistente con la eliminación del impuesto a la herencia y va a repercutir en un aumento de la recaudación del IRS.

Finalmente, se espera que el gobierno de Trump establezca un impuesto especial a la repatriación de dividendos acumulados por empresas norteamericanas en el extranjero.

Este impuesto, que en principio sería del 10% y se aplicaría por única vez a empresas que hayan estado difiriendo impuestos y que decidan pagar dividendos con las ganancias retenidas y girar ese dinero a Estados Unidos, traerá al país USD 2,5 Bn listos para ser volcados a la economía local.

No se trata de un blanqueo ya que estamos hablando de dinero declarado a IRS. Son fondos incluidos en los balances de las sociedades americanas que esas mismas empresas han decidido dejar afuera de los Estados Unidos para diferir el impuesto a las ganancias lo más que puedan.

De hecho, se trata de algo prácticamente opuesto a un blanqueo: mientras en un blanqueo típicamente se permite a los contribuyentes exteriorizar activos y dejarlos afuera (razón por la cual, en general, las amnistías tienen muy poco impacto sobre la económica de los países que las organizan), en este caso se trata de dinero ya declarado pero para que los contribuyentes se hagan del beneficio ofrecido, deben forzosamente repatriar los fondos de que se trate, con el consiguiente efecto positivo para la economía local.

Lo Malo

El llamado “Ajuste Fronterizo” entra en esta categoría.

Es, por lejos, la peor de las medidas que entendemos la administración Trump va a tomar en materia de impuestos.

Para quienes no están familiarizados con el mismo, se trata de un programa a través del cual se otorgarán deducciones fiscales a los sectores exportadores al tiempo que se castigará de algún modo a las fábricas que utilicen insumos extranjeros en lugar de norteamericanos.

Veamos el efecto práctico de este tipo de medidas en un sector en particular, el automotriz.

Dado que los automóviles producidos en Estados Unidos tienen más de un 10% de partes mexicanas, es altamente posible que el sector que más sufra por este tipo de medidas sea precisamente este.

Si los fabricantes de automóviles norteamericanos son forzados a pagar un impuesto adicional por estas partes importadas desde México, el costo de producción se elevaría y se perderían miles de empleos.

Si, adicionalmente, se crea un impuesto del 35% a la importación de automóviles pequeños y medianos fabricados en México, se perderán aún más puestos de trabajo ya que la fabricación de estos vehículos posee más de un 40% de partes norteamericanas.

Lo incierto

La gran incertidumbre pasa por lo que hará Trump respecto del “Foreign Account Tax Compliance Act” (“FATCA”).

La postura del Partido Republicano sobre este tema estuvo siempre clara: desde la sanción misma de la ley vienen promoviendo su derogación.

De hecho, legisladores republicanos han intentado dejar sin efecto FATCA al menos dos veces. La primera en 2013 (propuesta del senador Rand Paul) y la segunda el año pasado (en este caso a instancias del diputado Mark Meadows). Ambos intentos fueron infructuosos.

En la plataforma elaborada por el partido para las últimas elecciones, no solo se plantea la derogación de FATCA sino también la adopción de un régimen impositivo basado en la residencia para todos aquellos ciudadanos americanos residentes en el extranjero.

Es que el principal argumento que esbozan los republicanos para dejar sin efecto FATCA es el dispar tratamiento que justamente reciben los ciudadanos americanos expatriados. Explican que, mientras el IRS no tiene prácticamente información bancaria de ciudadanos americanos con residencia en Estados Unidos, a través de FATCA sí la obtienen de ciudadanos americanos que residen fuera del país y que esto violaría el derecho a la privacidad de estos últimos.

¿Por qué, siendo esto así, no damos por segura la eliminación de FATCA?

Por dos razones fundamentales: (a) genera realmente muchos ingresos al país y (b) la derogación de FATCA aumentaría la presión internacional para que Estados Unidos ingrese al Common Reporting Standard, el sistema de intercambio de información financiera automático, multi-lateral y reciproco promovido por la OCDE, algo que Estados Unidos no ve con buenos ojos, al menos en lo inmediato.

Conclusiones

El programa impositivo de Trump implica recortes significativos de impuestos tanto para empresas como para individuos, reduciendo el costo laboral y creando incentivos adecuados para el crecimiento del país.

Se trata, sin lugar a dudas, de un sistema mucho mejor al previsto en la legislación actual. Al mismo tiempo, se queda corto cuando se lo compara con los tradicionales postulados del Partido Republicano, superiores a las propuestas de Trump en cuestiones como el cambio hacia el sistema de territorialidad, la consiguiente eliminación del riesgo de doble tributación e inclusive la derogación de FATCA.

Lo que el presidente electo busca con la reforma impositiva que seguramente promoverá apenas asuma el cargo es, por un lado, reducir presupuesto en un 20% y, por el otro, aumentar el PBI a - al menos - 6%.

Ojalá lo logre.

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