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¿Obamagate? A 40 años de la renuncia de Nixon

El FBI, en junio de 2016, pidió intervenir las comunicaciones de ciertas personas vinculadas a la campaña presidencial de Donald Trump sospechadas de tener vínculos con el gobierno de Vladimir Putin.

Voy a intentar explicar, de la manera más didáctica posible, los eventos acontecidos en EE.UU. a raíz de las denuncias hechas por el actual presidente Trump sobre su antecesor, Barack Obama. Una vez más, los medios fracasan en publicar toda la información disponible como lo han hecho a lo largo de la campaña presidencial. Podemos especular los motivos pero no forman parte de esta columna.

En 1978, el Congreso de los Estados Unidos aprobó el Foreign Intelligence Surveillance Act (FISA), un programa de espionaje cuyo fin era intervenir cualquier tipo de comunicación entre naciones, agentes de naciones (o espías) y/o ciudadanos norteamericanos sospechados de espionaje o similar.

Según el Wall Street Journal, desde 1978 al día de la fecha, las cortes federales aprobaron 33.900 pedidos de vigilancia y rechazaron tan solo 12 pedidos. Es decir, solo el 0,0003% de pedidos originados por algunas de las cinco agencias de inteligencia de los EE.UU. fueron rechazados.

Uno de estos pedidos, según Heat Street, una empresa de cobertura política perteneciente al gigante mediático Dow Jones quien también controla el Wall Street Journal, fue realizado por el FBI el mes de junio de 2016. Este pedido de vigilancia, se realizó en el marco de una investigación a un supuesto espionaje ruso, quienes estaban intentando interferir en las elecciones presidenciales de los EE.UU. El FBI, en junio de 2016, pidió “intervenir las comunicaciones de ciertas personas vinculadas a la campaña presidencial de Donald Trump sospechadas de tener vínculos con el gobierno de Vladimir Putin”.

El juez rechazó el pedido del FBI y el seguimiento a estas personas no se llevó a cabo.

En octubre de 2016, a tan solo un mes de las elecciones presidenciales, dos oficiales del FBI que pidieron permanecer en el anonimato, confirmaron al Heat Street que el FBI realizó un segundo pedido a las cortes federales quienes, esta vez, otorgaron el derecho de “pinchar” o seguir toda comunicación de cuatro miembros de la campaña presidencial de Donald Trump. Específicamente, el FBI deseaba saber si existía algún tipo de transacción entre la campaña del ahora presidente y dos bancos rusos, el SVB Bank y el Alfa Bank.

El 19 de enero de 2017, el periodista Michael Schmidt del New York Times confirma que “…algunas de las conversaciones pinchadas, fueron entregadas a la Casa Blanca [del ex presidente Obama]”. Es decir, un segundo medio, confirmó la existencia del seguimiento a la campaña de Trump.

Es más, 11 de enero de 2017, el matutino británico The Guardian publicó una nota de tapa confirmando que “…este medio ha tenido acceso a información que confirma que el FBI pidió un seguimiento FISA a cuatro allegados al presidente-electo Donald Trump”.

Desde el 20 de enero, día de la inauguración de la presidencia de Donald Trump, hasta el 1 de marzo, al menos seis noticias sobre supuestas conversaciones entre miembros del gabinete y agentes rusos, que incluye al actual Embajador, fueron filtradas a la prensa. Una de estas filtraciones, forzó la renuncia del Asesor de Seguridad Nacional Michael Flynn.

¿Cómo se obtuvieron estas escuchas? ¿Quién las autorizó? ¿Si no hubo seguimiento a la campaña de Trump, entonces de dónde salen tantas filtraciones? 

Hay que recordar que el gobierno de los Estados Unidos tiene prohibido espiar a sus ciudadanos salvo una autorización que requiere presentar pruebas contundentes a un juez que demuestren que existe suficiente información para confirmar que el o los escuchados son un peligro para la seguridad nacional.

Este fin de semana pasado, el presidente de los Estados Unidos, utilizó las redes sociales para acusar a su predecesor de “pinchar” los servidores y teléfonos de la Trump Tower en Nueva York, sede central de la campaña presidencial.

Un allegado al expresidente Ben Rhodes, rápidamente desmintió a Donald Trump acusándolo de “publicar rumores sin fundamentos ni pruebas”. Los medios hicieron eco de este ida y vuelta sin contar toda la historia detrás de FISA.

No existen pruebas, hoy, que vinculen a Obama con el pedido de vigilancia al Trump Tower pero, utilizando las palabras de saliente Director Nacional de Inteligencia James Clapper, quien fue entrevistado el domingo pasado por la cadena ABC, “…este tipo de pedido de vigilancia, si existió, no puede haber pasado desapercibido por la Casa Blanca”.

Tantas filtraciones a los medios con temas coincidentemente relacionados con el supuesto espionaje ruso, deben originarse de algún lado y todos los caminos conducen al pedido de FISA del FBI realizado el pasado mes de octubre. El Congreso de los EE.UU. deberá investigar si la Casa Blanca de Obama estuvo involucrada.

Pruebas hay y a 43 años de la renuncia de Richard Nixon por el caso "Watergate", Washington, tal vez prematuramente, comienza a susurrar la palabra "Obamagate".

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