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¿Qué pasaría si nuestros cuerpos fuesen hackeados?

El uso de los productos tecnológicos se expande a otras áreas de mercado y entabla nuevas relaciones entre sectores y produce cambios con altísimo impacto en lo más cotidiano de nuestras vidas.

Últimamente nos hemos hecho eco de varias noticias relacionadas con el hackeo de sistemas. Desde uno de los mayores sistemas de transacciones bancarias SWIFT hasta sitios web como Yahoo, han sufrido ciberataques a lo largo del último año. La pregunta es: ¿Qué pasaría si fueran nuestros propios cuerpos los que corrieran el riesgo de ser hackeados?

Esta pregunta se desprende del considerable avance que ha experimentado el subsector de la Biorobótica, que apunta a sustituir a las farmacéuticas mediante el uso de nuevos implantes que controlan y mejoran nuestro sistema. Si bien las compañías que integran las Big Pharma no se muestran preocupadas ante el incremento en materia de I+D que se ha hecho en este rubro, vale la pena repasar un poco el estado del mismo.

El mercado de implantes médicos durante el año 2014 estaba valuado en USD 3,8 Bn y es posible que alcance los USD 6,5 Bn (+42%) en los próximos 7 años. En esta línea, el mercado de dispositivos médicos de EE.UU. -equivalente al 43% del mercado global- se espera que tenga un incremento del 5% hacia fines del año entrante, en el que pasará de USD 148 Bn a USD 155 Bn.

La intersección entre la biología y la tecnología ha creado tanto implantes cerebrales inalámbricos -que sirven para estimular la motricidad en pacientes cuadripléjicos y parapléjicos- como implantes para controlar las variaciones químicas en sangre, o vehículos en escalas nanométricas que sirven para el transporte de drogas que combaten enfermedades oncológicas. Y si bien todavía se encuentran en etapa temprana, estos implantes apuntan a suplantar el uso de fármacos por dispositivos inalámbricos que, mediante el uso de aplicaciones en los smartphones, es posible controlarlos de manera ambulatoria.

Una de las áreas en las que más se ha logrado explorar es la de los implantes cerebrales, con los mecanismos adecuados apuntan a potenciar la ayuda para pacientes con Parkinson y parálisis. Estos dispositivos trabajan 24 horas y presentan, aunque no están exentos, menor cantidad de efectos adversos tales como la toxicidad. Asimismo, se desarrollaron dispositivos complementarios que apuntan a aumentar la vida útil de estos implantes, ya que una vez insertos resulta de vital importancia que se mantengan encendidos. Para esto el equipo UW radicado en Washington desarrolló “Interscatter”. El mismo hace que lentes de contacto, marca pasos, o estimuladores cerebrales tomen señal de Bluetooth enviadas por smartphones para transformarlas luego en señal WiFi, habilitando así al dispositivo implantado a enviar la información recolectada en el cuerpo hacia cualquier teléfono inteligente.

Por su parte, está también la Universidad de la Singularidad radicada en California. Dentro de toda la gama de estudios presentados en el área biotecnológica se destacan los que trabajan con la actividad neuronal (sinapsis), el uso de los datos alojados actualmente en la nube (internet), y las investigaciones en el campo de la  inteligencia artificial. Con estos elementos, y mediante el uso de máquinas de tamaño nanométrico, producen cápsulas de ADN que se adaptan a su entorno biológico. Actualmente se pueden controlar de manera externa mediante leves cambios de temperatura y -si bien se destaca que su actividad es limitada- estas nanocápsulas fueron creadas con el fin de que en un plazo de cinco años puedan transportar las drogas y anticuerpos de los tratamientos que se desarrollan hoy en día.

No obstante, si bien existen productos como los de la compañía FitBit (FIT) que permiten llevar un registro de los signos vitales durante el día, hay un detalle que mantiene en vilo a los agentes: Dados los recientes episodios de ataques cibernéticos, ¿qué pasaría si aquellas personas implantadas, tuviesen sus datos manipulados por hackers?

Si bien esta pregunta pueda resultar anti evolutiva al leerla, es interesante ver cómo las mismas empresas -como por ejemplo el equipo UW- dan soluciones para que la línea de desarrollo científico continúe y se pueda dar paso a inventos que en forma clara logren ser disruptivos para el funcionamiento de nuestra sociedad.

Con el uso de los productos tecnológicos, que se extrapolan hacia otros sectores del mercado, no sería nada raro que en unos años nos encontremos buscando algún software de seguridad para nuestros propios cuerpos.

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