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Todos debemos aprender a decir “no sé” más seguido

La elección presidencial en Argentina, el Brexit, el referendo en Colombia y el reciente triunfo de Donald Trump en EE.UU. han sido verdaderos cisnes negros en el que las encuestadoras quedaron mal posicionadas.

Si hay algo que quedó claro en los últimos tiempos es que hay que aprender a decir “no sé” más seguido. La elección presidencial en Argentina, el Brexit, el referendo en Colombia y el reciente triunfo de Donald Trump en EE.UU. han sido verdaderos cisnes negros en el que las encuestadoras quedaron mal posicionadas.

Pero no solamente pifiaron las encuestadoras, que se supone que se les paga para eso, es decir, para conocer el terreno en el que los votantes se van a mover y tomar decisiones cruciales sobre esa base, sino también pifiaron los famosos, los políticos y hasta los analistas de mercado. Ni hablar de los diplomáticos, que en estos días les están costando muy caro haber abierto la boca antes de tiempo, no haciéndole ningún honor para lo que fueron formados (diplomáticos de carrera) o llamados a ocupar ese cargo (políticos). Para este último caso, es como meter la pata en el barro gratis y quedar en ridículo al mismo tiempo, un dos por uno difícil de entender con tan estrecho margen de un lado y del otro.

Los mercados

Los mercados necesitan entender lo que pasa, y sobre todo los inversores que les digan qué tienen que hacer. En un mundo tan complejo y cada vez más saturado de información, es cada vez más necesario tener referentes a quien seguir o intermediarios que nos digan qué comprar o vender. Necesitan proyecciones, necesitan contrastarlas con las suyas o directamente conocerlas para actuar en consecuencia. O que directamente tomen control de las decisiones que tienen que tomar porque no tienen el tiempo para analizar la situación o bien se declaran incompetentes.

Recuerden: a una gran parte de los mercados le gustan los riesgos, viven de eso y de la volatilidad que constantemente generan oportunidades de compra y venta. Lo que no toleran es la incertidumbre. Y Trump es lo incierto: pocas veces he visto a los analistas intentar adivinar si hará o no lo que dijo en lugar de conocer el posible impacto sobre las distintas variables económicas de lo que dijo que iba a hacer.

En forma más amplia, una de las cosas más sabias que uno puede hacer cuando se enfrenta a una gran sorpresa, es entender que hay que aprender de la experiencia, y que las sorpresas existen y tienen que ser cubiertas frente a la probabilidad de que el escenario menos esperado pueda convertirse en una realidad.

Existen más cisnes negros de lo que uno podría predecir con la distribución normal de los retornos que se aprenden en la facultad. En estadística, dicho fenómeno se llama leptocurtosis, es decir de los escenarios menos probables que, en realidad, son más probables de lo que la teoría predice. O dicha teoría ya no sirve para predecir los acontecimientos, que es en realidad lo que está ocurriendo. Las causas residen en la mayor volatilidad de los mercados y de las economías, la mayor imprevisibilidad en el comportamiento de las masas, su disconformidad y poca paciencia frente a temas tan cruciales como el empleo de calidad o bien frente a la corrupción. El punto de saturación llega antes, y las maneras de hacerlo valer es a través del voto castigo.

Una nueva realidad

Lo cierto es que, sea cual fuera el motivo, los escenarios tienen que asignarle una probabilidad de ocurrencia mayor a los eventos poco frecuentes, y ponderar rápido su impacto. Los mercados se mueven en procesos y tendencias. Que Trump haya ganado en EE.UU. significa un mundo mucho más complicado para los emergentes, que no estarán en el listado de prioridades de su agenda de ahora en más, y que deberán reflejar a través de menores precios el impacto del incremento de las tasas de interés. Se adelanta un escenario que era el menos deseado.

Además, siempre hay que estar atentos a las lecciones que se pueden aprender de los eventos fuera de los mercados. Por más que creamos poder predecir el futuro, si es que podemos acertarle en la dirección correcta, nunca se dará el mismo resultado. Es porque la economía es una ciencia social, una ciencia “blanda” que, a diferencia de las ciencias “duras” como la física, la matemática o la química, con la aplicación de la misma fórmula no está sujeta a obtener siempre el mismo resultado en la economía porque las condiciones coyunturales o estructurales son siempre disímiles.

En un enorme esfuerzo de autocrítica, estoy convencido de que los acontecimientos de los últimos meses nos obligan a aprender a decir “no sé” más seguido, y que los analistas de mercado deberíamos aprender a sopesar más los distintos escenarios posibles, al igual que los economistas, los estrategas y los políticos, entre otros actores que poseen más pantalla aún y pueden impartir sus pensamientos a los demás a través de distintos canales de difusión. Hay que aprender a declararse incompetentes más seguido, porque nadie es dueño de la verdad y porque hay muchos sesgos en todo lo que uno lee, más sabiendo que esos medios de comunicación han declarado abiertamente su apoyo a la persona que quieren ver como ganador.

Fuentes: El Economista

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