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Trump asume en un mundo más injusto que Obama

Tan sólo ocho personas acumulan la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, es decir, esas ocho personas reúnen la misma riqueza que 3.600 millones de personas.

Los datos están a la vista. En ocho años se duplicó la deuda externa y los trabajos industriales siguieron cayendo. La brecha entre los que más tienen y menos tienen se profundizó. Las tensiones y los conflictos geopolíticos se extienden a lo largo del mapa. Y esto no sólo aplica a Estados Unidos sino al mundo.

Veamos el reporte de Oxfam. Oxfam reúne a 17 ONG que realizan labores humanitarias en noventa países. Su último informe sobre la concentración de la riqueza mundial muestra que tan sólo ocho personas acumulan la misma riqueza que la mitad más pobre de la población mundial, es decir, esas ocho personas reúnen la misma riqueza que 3.600 millones de personas.

En 2010 esta cifra equivalía a la suma de la fortuna de las 43 personas más ricas del mundo: la brecha entre ricos y pobres es más grave de lo que se creía y se amplía. Esto se debe en gran parte a que los datos disponibles de China e India se exacerban.

No sabemos si ese será el tema predilecto de los banqueros en este preciso momento en el Foro Económico Mundial de Davos, que reúne a la élite política y empresarial en Suiza, pero seguramente lo deberá ser para todos aquellos organismos, gobiernos y personas que tengan a su cargo reducir la desigualdad de la distribución de la riqueza mundial, que a esta altura ya es obscena.

Muchos de los que se encuentran en ese listado son conscientes de ello. No creemos que el resto así lo sea. Son conocidas las obras caritativas, las fundaciones y la filantropía de la gran mayoría de ellos. Se trata de Bill Gates (Microsoft), Amancio Ortega (Inditex), Warren Buffett (Berkshire Hathaway), Carlos Slim (Grupo Carso), Jeff Bezos (Amazon), Mark Zuckerberg (Facebook), Larry Ellison (Oracle) y Michael Bloomberg (Bloomberg).

Que una nación crezca y que los empresarios ganen dinero no es malo, sino todo lo contrario. En las economías más desarrolladas o avanzadas no se "envidia el progreso sin conocer el sacrificio" como dice el refrán y se premia al que supere sus metas económicas. Eso genera un efecto derrame en el resto de la economía e impacta en la intención de muchas personas, que se mimetizan con querer ser parte de ese sueño sobre la base del esfuerzo personal.

Pero esas historias exitosísimas crean desigualdades en la distribución del ingreso porque se concentra en pocas manos. Y el dinero llama a más dinero, lo que potencia las diferencias entre los estratos más ricos y los más pobres. Que hoy en día una de cada diez personas en el mundo sobreviva con menos de dos dólares al día debería movilizar a más de uno.

Estadísticamente, el coeficiente de Gini mide la equidad en la distribución del ingreso viendo qué porcentaje de la población acumula determinada cantidad de riqueza. Gráficamente, en el eje de abscisas se ubica la cantidad de población ordenada por su estrato de ingresos y en el de ordenadas, los ingresos. La situación ideal sería una línea recta, que indicaría la igualdad de reparto. Por ende, cuanto mayor sea el semicírculo que separa la curva de la recta, mayor es la desigualdad. Esta área se llama área de concentración, y se mide con el coeficiente de Gini, que oscila entre cero y uno. Un ratio de cero indica la máxima distribución (donde todos tienen el mismo ingreso) y uno, la máxima concentración (donde una persona tiene toda la renta y todos los demás no tienen ningún ingreso).

Tal como se puede ver en la imagen, los países más pobres suelen ser lo más desiguales. Los casos extremos son China, algunos países africanos y en la región, Bolivia y Venezuela.

En Argentina, la distribución también empeora: las últimas cifras de distribución del ingreso muestran que el 30% de la población ocupada percibe un ingreso menor a cinco mil pesos argentinos (según el Instituto Nacional de Estadística y Censos), es decir, menos de trescientos dólares mensuales o menos de diez dólares diarios. Para las mujeres la mediana del ingreso es menor aún y el 50% de las familias no llega a cubrir la canasta familiar. El primer trillonario podría aparecer en menos de 25 años.

La comparación de más de 150 artículos científicos revela que los países con mayores desigualdades económicas tienen graves problemas de salud mental, drogas, menores niveles de salud física, menor esperanza de vida y malos rendimientos académicos, y que no es el nivel de ingresos sino la desigualdad económica el factor explicativo principal. Los países más igualitarios obtienen un mejor comportamiento en una serie amplia de índices de bienestar social.

El gran desafío de los líderes políticos, económicos y religiosos será trabajar y generar oportunidades para dar reinserción laboral, capacitación y oportunidades a aquellos que han sido menos afortunados o desplazados por los avances tecnológicos y la globalización.

Fuentes: Infobae

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