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Anti-Transgénicos: La culpa no es del chancho, sino del que le da de comer

La modificación genética de semillas llegó para quedarse. ¿Qué consecuencias nos traen las mutaciones off-target?

El campo fue, es y será el gran bastión de la economía argentina, caracterizado por su vida sacrificada y planificación de tipo largo placista. Ya sea por cuestiones en materia económica como por las violentas fluctuaciones climáticas que debe enfrentar siempre surgen novedades que afectan al sector.

Recientemente, la compañía Bioceres anunció su cotización en NYSE y una valoración de mercado equivalente a USD 450 M. Dicho episodio posicionó el nombre de la empresa en el pedestal más alto de las biotecnológicas a nivel Latinoamericano, ubicándose como la primera compañía de la región en cotizar en NYSE.

El trabajo de Bioceres (BIOX) se enfoca básicamente en el desarrollo, producción y comercialización de semillas genéticamente modificadas de soja, trigo y alfalfa. Dentro de la canasta de productos que ofrece se desglosan productos capaces de soportar los vaivenes climáticos para aumentar así la posibilidad de cosecha.

Sin embargo, no todo fue sencillo en este lanzamiento. En diferentes partes del mundo y a modo local, están surgiendo epicentros de desinformación peligrosos en caso de masificarse. ¿Qué significa esto? Tanto por redes sociales como en medios de comunicación audiovisuales surgieron diversas posiciones en contra de los alimentos transgénicos. Si bien es necesario aclarar que este artículo no planea abordar cuestiones meramente coyunturales, me parece necesario aclarar ciertos aspectos conceptuales y también de contexto que son claves para diferenciar los argumentos de escaso rigor científico que por desgracia se han masificado.

La modificación genética o “transgénesis” es un proceso aplicado tanto en animales como en plantas llevado a cabo con el fin de prevenir, mejorar y/o fortalecer determinados rasgos en el organismo puntual al que se aplica. Lo que se hace es quitar genes de un tipo de planta para luego implantarlos en el organismo a modificar. Las consecuencias de este tipo de procedimientos vienen ligadas a lo que se llama “mutaciones off-target”, esto es un cambio en un rasgo no determinado previamente a causa de esta modificación. Estos problemas no generan toxicidad en los individuos de la cadena alimenticia. Es decir, si modificamos genéticamente las bases de la semilla de un tomate y esta sale mal, no es posible que esto derive en toxicidad en el humano que lo consuma.

¿Cómo se relaciona esto con Bioceres? Uno de los últimos productos es la semilla de trigo modificada para mejorar la resistencia a la sequía y la interacción de la semilla en medios salinos. Este proceso de desarrollo exclusivamente privado utilizó genes provenientes del girasol y los introdujo en el ADN de trigo. Las personas que protestan en contra de este tipo de productos erradamente infieren que hay una correlación entre consumo de trigo (cereales) y el número de pacientes con enfermedades como diabetes, obesidad, enfermedad de Crohn, enfermedades autoinmunes, etc.

Muchos pseudo argumentos surgen masivamente luego de la publicación de un ensayo escrito por William Davis “Wheat Belly: Lose the Wheat, Lose the Weight, and Find your Path Back to Health” que fue best-seller en el año 2015. Dicho ensayo pone foco en la evolución en la cantidad de personas con obesidad desde 1950 a la fecha y asume que su eliminación implica necesariamente no sólo la mejora de esa persona, sino también la cura de la diabetes.

En primer lugar, si bien es cierto que la tasa de obesidad aumentó en 214% acorde al Centro de Control de Enfermedad y Prevención de Atlanta, hay tres puntos que son claves para marcar las diferencias entre los ’50 y 2000: Estilo de vida activo vs. Sedentario, Perfiles laborales con exigencia física activa vs Actuales Trabajos Sedentarios y Expectativa de vida en los ’50 vs 2000.

Los perfiles de vida mucho más activos en los ’50 hicieron que el consumo calórico sea quemado más fácilmente debido al constante movimiento que llevaban a cabo las personas. Si bien el vínculo entre diabetes y consumo de trigo no está demostrado clínicamente, cabe destacar que dentro de las recomendaciones médicas se encuentran el ejercicio físico y la dieta. Si la persona quita parte de su dieta, como por ejemplo el trigo independientemente de si es o no transgénico por lógica esa persona va a mejorar su perfil clínico. Sin embargo, esto es condición necesaria pero no suficiente ya que estudios demostraron en un seguimiento de 5 años en niños con diabetes Tipo I que la no exposición a cereales no previno ni retrasó el desarrollo de la enfermedad.

Segundo, la inferencia de una cura carece de sustento científico ya que los casos a los cuales se apela son testimonios. No hay rigor científico que avale dicha teoría. En la misma línea, estas afirmaciones por parte del Sr. Davis resultan preocupantes dado que señalan relaciones directas entre consumo de trigo y enfermedades como la esquizofrenia o la esclerosis múltiple omitiendo detalles importantes como la predisposición genética del grupo familiar. Asimismo, los “datos” citados pertenecen al año 1966 en dónde no se determinan las correlaciones que el infiere ni tampoco los resultados son estadísticamente significativos, incluso 50 años después.

Por último, pero no menos importante, un dato clave que escapa del análisis hecho por dicho autor y también por “periodistas” es que el procedimiento de transgénesis no altera la estructura básica del organismo original, en este caso el trigo (gluten y gliadinas). Con lo cual, no hay tal organismo extraño.

Señoras y señores, dada la aparición de estos grupos no sólo anti-transgénicos sino también antivacunas, finalmente debo decir que aún no determino si estamos en presencia de una penosa y lastimosa moda anti-ciencia. Sin embargo, lo que genuinamente creo es que debemos dar paso prioritario al razonamiento crítico de los científicos ya que al fin y al cabo son ellos los que con rigor científico determinarán la validez o no de las hipótesis volcadas tanto por el mercado como por los investigadores.