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Argentina, nuevamente, ante una encrucijada

¡Qué año para Argentina! En tan solo 5 meses pasamos de ser la "estrella" de los mercados a estar completamente "estrellados". El cambio brusco se produjo en un movimiento tan súbito y profundo que nos recuerda al año 2008, por la profunda baja de las cotizaciones de todos los activos financieros, aunque en mucho menor tiempo.

El 2018 es el sexto año consecutivo en que Argentina no logra crecer, alternando malos y mediocres, de rebotes y expansivos y de ajustes posteriores. Argentina se encuentra nuevamente frente a una encrucijada histórica: se debate qué modelo de país implementar y qué políticas económicas aplicar. Ninguno de los dos modelos, ni el Kirchnerismo ni el Macrismo, han sabido atraer capitales extranjeros para ampliar la capacidad productiva e incentivar la exportación, el mecanismo más genuino para generar divisas y bajar la inflación.

Tras la fuerte caída en los precios de los activos, y pese al optimismo de muchos inversores, la mayoría de estos aún siguen cautivos en el pesimismo. Por la suba del dólar del 68% en estos últimos 8 meses, el tipo de cambio es mucho más competitivo, la situación fiscal se ajustó a las necesidades de un recorte brusco de gastos y hasta se sueña con tener una balanza comercial equilibrada en 2019. La situación del sistema financiero es más que sólida: se va a ir desarmando la bola de nieve de las Lebacs de aquí a fin de año y se cumplen con creces los requisitos de Basilea 3 en términos de liquidez y capitalización.

Sin embargo, se debate si Argentina está camino al default con: una tasa de interés más alta, una mejora en la hoja de balance del BCRA (mejora su endeudamiento) y así beneficiarse del impuesto inflacionario a costa de un mayor empobrecimiento de los argentinos en términos de poder adquisitivo. Si bien el escenario es muy difícil y el derrumbe de muchas monedas emergentes provoca el constante cambio de humor de los inversores internacionales, Argentina ya se encontraba muy vulnerable tanto por su déficit de cuenta corriente como por su déficit fiscal. A ello se sumó que el campo sufrió la peor sequía de los últimos 50 años, precios de los commodities relevantes para nuestro país a la baja y el impacto de los cuadernos, que en el ámbito económico potencia el estancamiento. ¿Quién quiere prestarle plata a una empresa imputada? Los PPP ya sufren sus consecuencias.

Actualmente el tipo de cambio es tan competitivo en términos comparativos como el de enero de 2014, se espera una cosecha récord y está en camino de sanear su Banco Central y de reducir su déficit fiscal primario, a cero, en 2020. ¿Dónde está el lado negativo? El camino es largo y los mercados perdieron la paciencia. El consumo está bajo, seguirá bajo y no reaccionará al PBI. Tampoco lo hará la inversión y menos el gasto público.

La crisis puede llegar a revertirse sin caer en default, con un esquema de convergencia de tasas de interés a la baja y posterior reducción de la inflación, pero requerirá de otra vuelta de tuerca al tipo de cambio que aún parece dar señales de no haber encontrado su punto de equilibrio. Al menos sabemos que no lo encontró si el BCRA aflojara tan solo un poco su tasa de referencia del 45%, prohibitiva para la actividad productiva.

El sostén de la deuda está bajo análisis, en momentos en los que el INDEC informa que aún existen USD 305 Billones atesorados fuera del país (Posición de Inversión Internacional del INDEC al 2017, aunque podría ser mucho más por lo no declarado). Pero el constante cambio de reglas de juego, la falta de seguridad jurídica, la clase política que no da garantías de una legislación tributaria que persista en el tiempo, sin una reforma laboral y previsional para que el país sea productivo y sustentable, es difícil que ese dinero cambie su destino.

El peso de la deuda pública total, en marzo, equivalente al 57% del PBI, irá en aumento. Pero lo que realmente importa es el flujo, ya que este año 15 de cada 100 pesos del presupuesto fueron para pagar los intereses de la deuda de 2018, y seguirá presionando, contrarrestando en partes los esfuerzos fiscales, en momentos en los que el crédito privado voluntario se cerró por completo para nuestro país.

Argentina está en una encrucijada de final incierto y lo peor de todo es que la pobreza y la conflictividad social y sindical se encuentran en aumento. Habrá que seguir de cerca el desarrollo en los próximos meses, que definirán la suerte de este equipo económico que, hasta ahora, fracasó en sus promesas más básicas, como la de reducir la pobreza.