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De un laberinto, se sale por arriba

Los brotes verdes vistos en agosto y septiembre en Argentina no volvieron a aparecer y hoy en día cuesta encontrar indicios de que el punto de inflexión.

Los números macroeconómicos le han dado la espalda al Gobierno. Los brotes verdes vistos en agosto y septiembre en Argentina no volvieron a aparecer y hoy en día cuesta encontrar indicios de que el punto de inflexión  en materia de actividad económica se haya alcanzado. La realidad es que desde la fuerte caída el segundo trimestre del año, sólo el campo y la construcción han dado algunas señales de reactivación.

A los números…

Lo que parecía encaminado a convertirse en un efecto colateral suave del 1%, a lo sumo, a comienzos de año se transformó en una caída acumulada en nueve meses del 2,4% interanual, que posiblemente se reduzca ligeramente al 2% pero con una retracción del consumo del orden del 4%.

Según las cuentas nacionales al 30 de junio pasado, el consumo privado en Argentina explica el 59% del PIB: ningún gobierno puede prescindir del consumo si quiere reactivar la actividad económica con tasas sostenidas por encima del 3%, que hasta ahora era el escenario más probable para los próximos dos años. El consumo privado ha sufrido la caída en el poder adquisitivo del asalariado, cuya actualización se mantuvo detrás de la inflación.

Ahora que parece haberse morigerado un poco, y se acerca fin de año con bonos, aguinaldo y algunos premios, seguramente recobrará algo de su capacidad de compra. Hoy, las ventas en supermercados, el consumo de servicios públicos y el turismo interno no son alentadores: la apuesta es que esos datos se revitalicen. Luego de un primer semestre en el que se perdieron 113.000 puestos de trabajo, el mes de agosto ya vio una recuperación en la generación de puestos de trabajo, al igual que el salario promedio formal por lo que algún síntoma en ese sentido ya se está notando.

No ocurre lo mismo con el turismo externo ya que el atraso cambiario es un hecho. Si la economía funcionaba hace un año con un tipo de cambio implícito detrás de las cotizaciones de activos financieros en $15 y hoy el tipo de cambio unificado no se ha visto modificado de sobremanera, es mucho más difícil venderle al exterior cuando la inflación de los últimos 12 meses supera el 40%.

La devaluación del peso y la inflación se cobraron su peaje y la suba de tarifas (aún no efectivizada en el área metropolitana) hará lo mismo. ¿De dónde saldrá entonces el dinero para reactivar la economía? Los cambios en el Impuesto a las Ganancias, el bonus de fin de año de aquellas empresas que puedan pagarlo y el aguinaldo recompondrán el humor y el bolsillo de la gente. El resto de la apuesta es al crecimiento del PIB a través de dinamizar la economía vía construcción de grandes obras de infraestructura y el campo, que tendrá su mejor cosecha jamás vista con 130 millones de toneladas. Los salarios comenzarán a ganarle a la inflación, que tiene un rango objetivo oficial de 12-17%, pero que seguramente rondaría el 20%. Brasil aportará algo de crecimiento (no mucho). Y el efecto arrastre estadístico le otorga 1,5 puntos porcentuales al crecimiento del 2017.

Todavía falta

El sector empresario, en cambio, se encuentra bastante afectado ya que el tipo de cambio no es competitivo y no hay expectativas de que vaya a devaluarse con el ingreso del blanqueo, las mayores emisiones y las primeras inversiones en la economía real a escala por parte de capitales extranjeros. El campo y los sectores energéticos están invirtiendo debido a las nuevas señales de precios. Lo positivo es que la capacidad ociosa es del 63,7%, lo que debería mitigar las presiones inflacionarias.

El mal mayor es el déficit fiscal: las metas que incluían una reducción del gasto quedaron muy atrás con más transferencia que antes (por la recesión y porque el 2017 es un año electoral) y subsidios que antes (sigue pesando la factura energética). En el primer semestre, tanto los ingresos como el gasto crecieron en términos interanuales a un ritmo muy parecido, pero en los cuatro meses ejecutados del segundo semestre el gasto se aceleró hasta 40% y los ingresos desaceleraron hasta 25%. Es por eso que el alto déficit será lamentablemente una constante, al menos hasta que pasen las elecciones el año que viene.

Una encrucijada

Luego de exactamente un año de haber ganado las elecciones, el Gobierno se encuentra en una encrucijada y corre el riesgo de cometer el mismo error que en el pasado: si abusa del endeudamiento externo –que hoy es bajo y no es preocupante– sin encarar reformas estructurales como la reducción del gasto y del déficit que alimentan la inflación y no promueve una reforma fiscal para fomentar la producción y el consumo, será cada vez más difícil encontrar inversores dispuestos a financiar nuestro país y empresas con ganas de hundir capital productivo.

Además, el “efecto Trump” determinó que el costo financiero será más caro de ahora en más en un mundo que ya cambió en contra de nuestros intereses. El viento cambió 180 grados en muy pocas semanas y está empezando a soplar de frente. Los mercados emergentes seguirán golpeados un tiempo más, en busca de una tendencia y la consecuencia es la suba de tasas de financiamiento que complica los planes de algunas empresas y provincias, urgidas por sus propias necesidades.

Ya se empieza a ver una reacción –tardía– el tipo de cambio en Argentina, pero tanto el blanqueo como el ingreso de dólares financieros se sumarían al ingreso de algunos dólares de la inversión en la economía real (o al menos esa seguiría siendo la esperanza) impedirían una devaluación fuerte.

De un laberinto se sale por arriba, por lo que la actual situación obliga al Gobierno a pensar de una manera distinta la solución a un problema que se ha agravado. Y no puede esperar hasta después de las elecciones cuyo timing siempre condiciona las políticas económicas que hoy deben dar una solución a las necesidades y distorsiones que nuevamente han empezado a gestarse: atraso cambiario, presión tributaria aún muy elevada, aceleración de la emisión y del gasto público, desfinanciamiento del presupuesto por reforma del Impuesto a las Ganancias y crear un mejor marco legal para las inversiones extranjeras.

Fuentes: El Economista