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Death & Taxes: Una primera aproximación al nefasto impuesto a la herencia

Como los impuestos no van al cielo, analizamos y abrimos el debate sobre el impuesto a la herencia.

Introducción

Generalmente, los impuestos son justificados desde cuatro puntos de vista diferentes. Se dice que son necesarios para:

(a) solventar los gastos en los que el Estado debe incurrir para desarrollar aquellas funciones que tiene a su cargo (las cuáles deberían limitarse – según explica Adam Smith - a proporcionar seguridad jurídica y seguridad física y a cumplir subsidiariamente aquellas funciones incompatibles con los beneficios individuales que se espera de la iniciativa privada);

(b) fomentar o disuadir ciertas acciones/conductas (clásicos ejemplos de este tipo de impuesto son los impuestos al cigarrillo, a la comida chatarra y a la contaminación ambiental);

(c) financiar el déficit fiscal o aumentos del gasto público originados por cuestiones extraordinarias (i.e. guerras y/o catástrofes naturales); y/o

(d) redistribuir recursos entre la población.

De más está decir que, desde nuestro punto de vista, solo la primera justificación es valedera.

En el caso específico del impuesto a la herencia, el único argumento de fondo que se ha esbozado para justificar su existencia es el último.

Principales problemas que acarrea el Impuesto a la Herencia

El impuesto a la herencia presenta varios problemas, muchos de los cuales no son solucionables y justifican acabadamente la eliminación del tributo en los países que existe (en Argentina por el momento solo lo padecen quienes tengan domicilio o bienes en las provincias de Buenos Aires y Entre Ríos) y su no implantación en los que no lo prevén.
Pasemos a enumerar estos problemas uno por uno:

  • el impuesto a la herencia castiga el trabajo y desincentiva tanto el ahorro como la inversión;
  • en países donde el mínimo no imponible no es muy alto (como sucede en Argentina, España o Ecuador), es muy habitual que quien hereda un bien (o, mucho peor, una parte de un bien), deba venderlo o endedudarse para pagar el impuesto; y
  • el impuesto a la herencia es un clarísimo caso de doble tributación ya que quien fallece ya ha pagado impuestos en el momento de adquisición o generación del activo de que se trate.
Los argumentos de quienes apoyan el impuesto a la herencia son tan erróneos que no hacen más que jugar a favor de quienes mantenemos una postura absolutamente contraria al mismo. Los que más seguido se repiten son los siguientes:
  • el impuesto a la herencia afecta a personas que no han hecho nada para merecer los bienes que van a heredar, más allá de haber nacido en la familia adecuada; y
  • es justo que una parte de la riqueza de las personas vaya para el Estado ya que aquel, de un modo u otro, contribuyó para que los ricos acumulasen esas fortunas.
Sin entrar en largas discusiones filosóficas, que ganaríamos, ambos argumentos quedan sin justificación si consideramos que:
  • el impuesto a la herencia es un caso de redistribución de los ingresos llevada al extremo ya que quien ha fallecido no puede beneficiarse ni siquiera indirectamente de la misma; y
  • el argumento de que un impuesto debe pagarse simplemente porque el obligado “puede” o “tiene posibilidad económica” de hacerlo, es ridículo en un estado de derecho (quizás en la época del feudalismo medieval alguien podría estar de acuerdo con esto).

El impuesto a la herencia en Argentina y en el resto del mundo

Como mencionábamos anteriormente, en Argentina hay dos provincias que, hace relativamente poco, han adoptado el impuesto a la herencia.

Se trata de las provincias de Buenos Aires (que lo hizo durante el gobierno de Scioli en septiembre de 2009) y la de Entre Ríos (que lo adoptó en enero de 2013, durante el gobierno de Urribarri).

En ambos casos el impuesto grava todos los activos del causante si tenía residencia en la provincia y solo los activos ubicados en la provincia si su domicilio se encontrase fuera de ella.

Los mínimos no imposibles son en ambas provincias bajos (ARG 200.000 por heredero en Buenos Aires y ARG 250.000 en Entre Ríos) con lo cual aquello de que solo los ricos lo pagan (o mejor dicho los hijos de los ricos) es falso.

Si bien a nivel global hay varios países que cobran este impuesto, en algunos casos con alícuotas más que importantes (55% en Japón, 50% en Corea, 45% en Francia, etc.), lo cierto es que en esos países los mínimos no imponibles son mucho más altos que los que existen en Argentina. Esto, si bien no cambia la esencia del impuesto y nuestra posición contraria al mismo, reduce los daños.

En el caso de Estados Unidos, el impuesto llega al 40% pero hay un límite no imponible para individuos de USD 5.450.000 y, en el caso de matrimonios, de USD 10.900.000. Gracias a ello, solo el 0,2% de las herencias en Estados Unidos pagan este impuesto.

Un tema importante es que los no residentes con inversiones en Estados Unidos no pueden beneficiarse de estos mínimos no imponibles con lo cual es absolutamente fundamental que cualquier argentino con activos allí estructure legalmente su inversión de manera de que la misma no quede sujete a este impuesto.