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El Apocalipsis que no fue

No todo es color de rosa en la Casa Blanca pero, ¿ha sido tan mala la presidencia de Donald Trump?

Eran las 20:00 horas del 8 de noviembre de 2016, cuando en EE.UU. cerraban los primeros comicios en Indiana y en Kentucky. Estos dos estados céntricos, rápidamente mostraron al mundo que la noche iba a ser muy larga para todos aquellos intrigados por conocer el nombre del sucesor de Barack Obama en la Casa Blanca. Los habitantes de Indiana y de Kentucky habían hablado y, con su voto, le entregaban a Donald Trump los primeros 19 votos electorales de la noche. Pero aún faltaban los resultados de los otros 48 estados.

Pocos anticiparon que las últimas elecciones presidenciales de los EE.UU., iban a despertar a “un gigante dormido”. Hoy Donald Trump es presidente no porque el norteamericano que lo votó es nacionalista, patotero, chocante, tosco o racista. Nada de eso. Trump llegó a la presidencia de la mano del norteamericano rural, que rara vez es encuestado, que pocas veces vota, y que representa el típico “yankee go home” que el mundo conoce hace décadas.

Este norteamericano, quien en 1984 puso a Ronald Reagan en la Casa Blanca por la diferencia más abultada en la historia de este país (525 votos electorales v. 13), ha visto como el EE.UU. capitalista, autosuficiente y cristiano, mutó en el actual EE.UU. progresista, estado dependiente y laico que se asemeja mucho a un social demócrata europeo. Este es el gigante dormido, el norteamericano “olvidado” por Washington durante más de una década que ha presenciado el cambio de sus tradiciones y costumbres. Este sector del electorado vio en Trump como la única persona capaz de poner freno a un cambio fundamental de la sociedad norteamericana.

Si la presidencia de Obama fue tan buena, entonces por qué el 8 de noviembre de 2016, los demócratas perdieron la Casa Blanca, el Senado, la Cámara Baja y 34 de 50 gobernaciones. El gigante dormido explica que la realidad actual de los EE.UU. no es la que nos cuentan los medios sobre las anteriores presidencias de Clinton, Bush y Obama. Es otra. Es la de un país muy dividido entre los polos urbanos y las zonas rurales, y que dio lugar a una necesidad inmediata de adoptar un cambio radical.

Como consecuencia, el 85% del territorio norteamericano, el considerado como rural, votó a Trump. El 15% restante, donde encontramos las grandes urbes y los polos turísticos, votó a Hillary Clinton.

¿Apocalipsis?

Aquellos que pronosticaban el Apocalipsis si Trump era electo, hoy ven como EE.UU. posee una economía creciente, un desempleo en pleno descenso y unos mercados de capitales en niveles récord. México no desapareció del planeta sino que su economía crecerá 1.8% en 2017 y 2.3% en 2018. Las políticas nacionalistas que los economistas anticipaban, brillan por su ausencia y las multinacionales anuncian aperturas de plantas en EE.UU. o inversiones adicionales en este país. Pronto, los norteamericanos gozarán la reducción de impuestos más pronunciada desde la década de los 80, cortesía del Partido Republicano.

No todo es color de rosa en la Casa Blanca pero, ¿ha sido tan mala la presidencia de Donald Trump?

Cuando escuchamos todos los supuestos escándalos políticos que involucran al actual presidente, podemos inferir que estamos ante el peor desastre político que jamás haya producido este país. Pero las únicas pruebas concretas y tangibles son de crecimiento económico que refutan todo augurio apocalíptico y hacen pensar que tal vez, solo tal vez, exista un gran sector del establishment capitalino que desea el fracaso de Trump y es quien genera este ruido.

Nos puede o no gustar la personalidad de Trump. No es una persona muy agradable, pero cuesta encontrar el Apocalipsis que muchos pronosticaron.