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El dilema del BCRA con los Plazos Fijos

Para el titular del Banco Central, resulta fundamental que los depósitos paguen más que la inflación. Tomó medidas orientadas a tal objetivo, pero no logró su cometido. ¿Por qué los ahorristas dejan su dinero en los bancos pese a que pierden poder de compra?

Hasta ahora, le ha ido bien en su cargo, manejando "a cara de perro" la política monetaria y recibiendo el explícito aval de Mauricio Macri ante las críticas del propio Gabinete, analistas y banqueros de la city. Ha logrado imponer su criterio en temas de debate caliente, como el nivel de tipos de interés y la libre flotación cambiaria.

Sin embargo, hay un punto en el que le resulta difícil ganar la partida: las tasas que los bancos les pagan a los ahorristas por sus plazos fijos. Una y otra vez, el titular del Banco Central ha declarado que su objetivo es que permanezcan positivas en términos reales. Es decir, por encima de la inflación, de manera de fomentar la cultura del ahorro.

Su diagnóstico es que durante muchos años fueron negativas y esto no ha hecho otra cosa que alejar al público del sistema financiero, al tiempo que le resta atractivo a la moneda nacional. "Tenemos que entender que para tener crédito necesitamos primero depósitos, y para tener depósitos necesitamos pagarle al ahorrista una tasa de interés real positiva", expresa. Sturzenegger no sólo ha repetido varias veces este concepto, sino que tomó medidas eventualmente dirigidas a que esto ocurra.

Una de ellas fue la reducción de los encajes bancarios de 4% al 2%. Es decir, del dinero que las entidades deben mantener inmovilizado. Por cada $100 que un ahorrista coloca en un plazo fijo, el banco puede prestar una parte y está obligado a guardar ("encajar") otra. Este capital paralizado es considerado una suerte de impuesto, ya que no le genera renta y, peor aún, le significa un gasto en épocas de alta inflación. Así, una reducción de encajes le permite otorgar una mayor cantidad de créditos.  Al ganar más por el "stock" de dinero que presta, también debería poder pagar más por los fondos que recibe.

Sin embargo, "algo falló" en el plan: no sólo no ocurrió lo previsto sino que las tasas reaccionaron a la baja. Al no haber la suficiente demanda de préstamos -producto de una economía aún fría- esos $30.000 M que quedaron "desencajados" generaron una sobreoferta de pesos en el mercado. Esto redujo el incentivo a captar más flujo de dinero.  En consecuencia, en vez de que se incremente la tasa de los plazos fijos (que era la idea original), esa masa de moneda local fue a parar a la "timba", bajo la forma de operaciones de "pases pasivos".

¿Qué son los "pases pasivos"? Son transacciones en las que el BCRA le vende a los bancos títulos o bonos (en pesos o dólares) para recomprar días más tarde una cantidad determinada y a un precio ya convenido. La diferencia entre el precio de venta y el de recompra es, justamente, lo que define la tasa de interés de esta operatoria. En ese contexto, la Badlar (que pagan las entidades por los depósitos de más de un millón de pesos), se precipitó por debajo del 20%. De ahí en más, nunca más remontó. Así las cosas, el plan de Sturzenegger para que los plazos fijos remuneren más que la inflación no fue más allá de las buenas intenciones.

Hoy día, un ahorrista recibe una tasa promedio de 17% anual, si opta por colocar ese dinero a 30 días. En el caso de los bancos más grandes, ese interés es aún menor: el Nación ofrece 15,25% en ventanilla mientras que Galicia y Santander pagan 16,50%. Con esos niveles de retribución, el inversor obtiene 1,4% mensual. Es decir, bastante menos que la inflación (en marzo fue del 2,4%, según el INDEC).

Si se toma el primer trimestre, la rentabilidad brindada fue del orden de 4%, contra 6,3% que avanzaron los precios. La perspectiva es que el rendimiento real se mantenga en terreno negativo por un tiempo. Esto, ya que el tipo de interés difícilmente vaya a remontar y es poco probable que el índice inflacionario baje de 21%. Es decir, cuatro puntos por encima del primero.

¿Por qué los plazos fijos dependen del dólar?

Esta situación abre interrogantes que circulan entre los argentinos.

¿Por qué los bancos pagan 17% por un depósito y "castigan" con casi el doble de esa cifra a quienes solicitan un préstamo? Y, en todo caso, ¿cómo es posible que haya ahorristas que coloquen su dinero teniendo plena conciencia de que perderán poder adquisitivo?

La respuesta apunta siempre al mismo lugar: el dólar.

Hay una cuestión cultural bien arraigada entre los argentinos, que tiene que ver con la forma en que "miden" su patrimonio. Lo hacen en esa moneda y no en pesos. En consecuencia, si prevén que el tipo de cambio permanecerá planchado, un rendimiento de "apenas" 17% les permite, al vencimiento de la colocación bancaria, comprar más billetes verdes.

Por otro lado, la mayoría los bienes durables son nominados en esa moneda, como es el caso de los inmuebles. En estos meses, el precio de la divisa estadounidense quedó rezagado. En el primer trimestre cayó casi 4% frente a su valor de diciembre y se atrasó 10% ante la inflación. Así, quien desarme un plazo fijo constituido hace unos meses, con un tipo de cambio quieto como el actual, verá acrecentado su capital en términos de "moneda dura".

Para muchos operadores que peinan canas en la city, la verdadera tasa de mercado que rige para los plazos fijos en moneda local se compone de la devaluación esperada más el riesgo país.

En este contexto, ¿cómo están viendo la película los inversores?:

  • En base a las operaciones a futuro en el Rofex, para diciembre prevén un billete a $17,66.
  • Esa cifra se asocia a una devaluación de 11% para el año. Es decir, cerca de la mitad de la inflación proyectada.
  • En tanto, bancos de inversión y analistas, locales y extranjeros, estiman que la divisa cotizará a $17,5 el último mes del 2017, según un detallado relevamiento de Focus Economic.
Con estos indicadores sobre la mesa puede entenderse un poco más el porqué los bancos pagan un nivel tan bajo por los depósitos.

Por otro lado, confirma que ese 17% que ofrecen coincide con la devaluación (11%) más el riesgo país (430 puntos básicos o el 4,3%) y un par de puntos adicionales asociados a la competencia frente a sus pares.

"Un dólar planchado induce a los bancos a no tener que preocuparse demasiado por seducir al pequeño inversor", señala a iProfesional un prestigioso economista que prefiere el off the record. "Brindar una tasa mayor tampoco les cierra demasiado como negocio", completa.

Una vela para que baje la inflación

Es verdad que las colocaciones pagan menos que la inflación, pero también es cierto que corren por encima de la suba del billete verde, aspecto que resulta clave para mentes dolarizadas. Aún en este contexto, hay chances de que Sturzenegger pueda cumplir con su sueño de que los depósitos "rindan". Pero claro, tendrá que armarse de una gran dosis de paciencia.

"En la historia argentina, las tasas reales positivas se han sostenido en el tiempo solamente en aquellos períodos con índices inflacionarios muy bajos, menores al 5% anual", argumenta Rodrigo Benítez, director Estudio Alpha.

Otro factor que los expertos ponen sobre la mesa es la situación vigente en el mercado crediticio. Si los bancos necesitan elevar el volumen de financiamiento (ya que hay buena demanda de consumidores y empresas), deberán pagar más por los depósitos, con el fin de hacerse de un mayor stock de "materia prima" (dinero de los ahorristas).

Esto tampoco es algo que vaya a suceder en el corto plazo. Más bien, el panorama actual es el opuesto: se observa una alta liquidez combinada con actividad económica deprimida.

"Hoy los pesos abundan en el sistema, por lo que no hay un incentivo para pagar más rentabilidad. No cierra eso", confiesa el ejecutivo de un banco privado consultado por iProfesional. "Los plazos fijos no rinden en términos reales y esto es algo que no sepodrá revertir al menos en el corto plazo, porque hay un tema estructural: el sistema bancario es chico y poco competitivo", afirma a iProfesional Guillermo Nielsen, ex secretario de Finanzas y Economista.

En definitiva, los analistas no ven en la actualidad motivos que permitan pensar en un escenario de tasas positivas. Es decir, que las colocaciones bancarias paguen más que la inflación.

El sueño de Sturzenegger, entonces, por ahora tendrá que esperar.

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