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El efecto Macron se deja sentir en los mercados

Los votantes franceses han hecho lo que esperaban los mercados.

El resultado más probable de la primera vuelta de las elecciones presidenciales era un enfrentamiento entre el centrista independiente Emmanuel Macron y la líder del Frente Nacional de ultraderecha, Marine Le Pen. Esto supone un cambio con respecto a las sorpresas de los 12 últimos meses. ¿Podría suponer también que esta vez los mercados reaccionasen como se preveía? Por el momento, así parece.

El euro ha experimentado una enorme subida. Es algo lógico, ya que Macron consiguió un buen resultado, y parece el mejor candidato posible para vencer a Le Pen.

En un futuro inmediato, cabe esperar que el euro se mantenga fuerte, y que esto favorezca un cambio en las acciones europeas.

Los datos de posiciones recogidos en la última encuesta a gestores de fondos de Bank of America Merrill Lynch justifican la fuerte subida del euro. Teniendo en cuenta que las posiciones cortas de los inversores están en niveles históricamente bajos, no soprende que la divisa se revalorizase casi un 1,8% frente al dólar al conocerse los resultados.

Cabe esperar también que los bonos franceses mejoren y empiece a reducirse el elevado diferencial de rentabilidad sobre los bonos alemanes, reflejo del riesgo politico. Asimismo, también repuntaron ayer las acciones de bancos franceses.

Las acciones europeas han superado ligeramente a las de EEUU este año. Según BofA, los pequeños inversores muestran también cada vez más entusiasmo.

Los riesgos

Pero hay que hacer algunas advertencias. Primero, las noticias sobre el crecimiento económico y los beneficios corporativos tienen que seguir siendo buenas. Y segundo, a corto plazo, Macron tiene que hacer lo que se espera de él y vencer a Le Pen. Si no lo consigue, todo puede pasar, y es probable que en las próximas semanas el foco se centre en su personalidad y en su trayectoria.

A largo plazo, la lista de problemas potenciales en Europa sigue siendo amplia. A la cabeza está Italia, donde el movimiento eurófobo Cinco Estrellas ha consolidado su fuerza en las encuestas, y donde se celebran elecciones a principios del año que viene. Los problemas bancarios de Italia se niegan a desaparecer.

También existen riesgos asociados con el Brexit, y con la situación intratable de la deuda griega, mientras que las elecciones en Alemania podrían dar otro líder distinto a Angela Merkel por primera vez en una década.

Luego está la cuestión de que Macron está considerado un político contrario al sistema. Esto implica que el statu quo ha sufrido un cambio más brusco en Francia que en EEUU y Reino Unido. Carece del apoyo de un partido en el Congreso, y tiene que afrontar las condiciones que han impulsado el apoyo a los partidos opuestos a la inmigración, y a la extrema izquierda.

No hay duda de que una presidencia de Macron sería mejor para los mercados internacionales que la alternativa. Pero los votos franceses muestran profundas discrepancias que podrían ser difíciles de tratar.

La lista de motivos de preocupación planteada por la demografía y la resaca de los bajos tipos de interés posteriores a la crisis financiera de la última década es larga, como el descenso de los precios de los coches de segunda mano en EEUU, fuertes caídas del precio del mineral de hierro, o un repunte de la volatilidad, entre otros. Ninguno de ellos menciona al presidente de EEUU y su política exterior, con situaciones como Siria y Corea del Norte, o el mercado de petróleo.

Serenidad irracional

Y sin embargo, incluso los que reconocen los riesgos, y creen que los mercados estan sobrevalorados, siguen sin mostrarse preocupados. Nunca ha existido un mayor consenso en que EEUU es el mercado bursátil más sobrevalorado del mundo. Pero se confía en que las acciones van a seguir subiendo, y que dentro de un año estarán más caras que ahora, pese a alcanzar actualmente niveles históricamente altos.

Estas ideas no tienen por qué ser irreconciliables. Muchos podrían creer que las acciones parecen caras en relación a sus valores históricos, por ejemplo, pero baratas con respecto a los bonos, pero esto sugeriría que los inversores sienten dependencia de la baja rentabilidad de la deuda.

Bespoke Investment Group compara el número de los que piensan que las acciones están sobrevaloradas frente a los que creen que se apreciarán en el futuro para crear un indicador de exuberancia irracional. Y la conclusión es que, desde la fase posterior a la burbuja tecnológica, nunca había sido tan elevada. Puede que la mejor forma de analizar esto sea con una "serenidad irracional", una carencia total de preocupación. La estrategia parece consistir en no preocuparse de nada, ya que hasta el último detalle saldrá bien.

Fuentes: Expansión