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El enemigo interno

El Partido Demócrata, el establishment del Partido Republicano, los servicios de inteligencia y, principalmente, los medios norteamericanos, han puesto en marcha un plan para generar un desgaste político y social para forzar el “impeachment” de Donald Trump.

Existe hoy un intento coordinado de desestabilizar y deslegitimizar la presidencia de Donald Trump y pedir lo antes posible el “impeachment” del presidente de los EE.UU.

Antes de gritarme y llamarme el “Brancatelli de Trump”, dediquen unos minutos a leer las siguientes líneas. No me importa si les gusta o no Trump. Aquellos que me leen frecuentemente sabrán que no fue mi candidato de elección durante la campaña presidencial del año pasado. El presidente norteamericano es una persona tosca, soberbia, arrogante pero estas no son razones para justificar su destitución.

No existe prueba alguna de algún hecho delictivo que el presidente de los EE.UU. haya cometido antes y después de las elecciones presidenciales del 8 de noviembre. No las hay y si las hubiera al día de la fecha, por favor compártanlas.

Una renuncia de un funcionario no es admisión de delito. Un título de un diario no confirma nada. Un memo escrito en privado por un funcionario despedido pone en duda su contenido. Pero sí hace daño a la investidura presidencial. ¿Entonces por qué tanto ruido? ¿Por qué tantas ganas de sacarse de encima al presidente?

Tal vez, en el futuro, aparezca algún motivo concreto y tangible para pedir el “impeachment” de Trump. Pero hoy no existen motivos. El FBI viene investigando a Trump y a su campaña desde junio de 2016, antes que sea confirmado candidato presidencial. ¿No llama la atención?

Nos puede o no gustar Trump, como nos puede o no gustar Cristina Fernandez de Kirchner. Pero inventar escándalos con el único propósito de remover a un presidente elegido de manera legítima, es inaceptable y muy peligroso.

El Partido Demócrata, el establishment del Partido Republicano, los servicios de inteligencia y, principalmente, los medios norteamericanos, han puesto en marcha un plan para generar un desgaste político y social para forzar el “impeachment”. Es decir, un golpe de Estado a la americana sin fundamentos para remover de su cargo a un presidente legítimamente elegido por los ciudadanos de este país.

Este intento no es algo nuevo. Lo advertí en enero y nuevamente en febrero y ahora ha tomado una velocidad de tal magnitud que ya impacta los mercados de capitales.

No voy a reiterar los hechos que me llevaron a fundamentar lo escrito en esas dos notas de opinión. Me voy a limitar a explicar qué ocurrió el martes y nuevamente el miércoles porque considero que pronto Trump pateará el tablero.

El primer hecho, ocurrió temprano por la mañana del martes cuando el Washington Post publicara una nota asegurando que Trump había ofrecido información clasificada al Embajador ruso y a su Canciller durante una reunión la semana del 8 de mayo.

En 1988, la Corte Suprema de los EE.UU., en el caso caratulado “Department of Navy vs. Egan”, concluyó que “el presidente tiene plena autoridad otorgada por la Constitución para clasificar y desclasificar información relacionada con la seguridad nacional…”. Algo que ya no es clasificado, puede ser utilizado de manera libre y abierta. Si esto es así, ¿por qué los medios aseguran que Trump cometió un delito y debe ser removido de su cargo?

Miremos la siguiente imagen.

Como podemos observar, durante la presidencia de Obama, el Washington Post publicó una nota titulada “EE.UU. ofrece a Rusia inteligencia sobre terroristas operando en Siria”.

Ahora miremos otra imagen.

Este es el título de la nota del martes que acusa a Trump de revelar información clasificada. “Trump reveló información clasificada a Embajador ruso y a su Canciller”.

¿Cuál es la diferencia? El tono, la intensidad, la urgencia del contenido exclusivo de la nota, porque en ambos casos, tanto Obama como Trump, hicieron lago similar permitido por la ley.

Una nota informa, la otra intenta desestabilizar.

Vamos ahora al segundo caso que ocurrió el martes por la noche cuando el New York Times publicara una nota donde aseguraba que Trump había interferido con la justicia tras pedir al ex titular del FBI, James Comey, que “afloje” su investigación al ex titular de la Seguridad Nacional, Michael Flynn.

El matutino neoyorquino asegura que Comey escribió un memo tras una reunión que tuvo con Trump en febrero donde supuestamente el presidente realizó este pedido.

Sin embargo, la Ley 18-USC, Sección 4 obliga al Director del FBI a informar inmediatamente si el presidente de los EE.UU. intenta obstruir la justicia de este país.

Si esto fuera cierto, ¿por qué Comey no reveló este grave incidente antes? ¿Por qué Comey no mencionó esta conversación durante sus dos apariciones ante el Congreso de los EE.UU. donde testificó sobre el tema en cuestión? ¿Tiene Comey otros memos de conversaciones, por ejemplo, con Obama? ¿Habrá Comey inventado esta conversación y escrito un memo tras su despido la semana pasada?

Estos dos eventos forman parte de escándalos que no lo son. La obstinada ceguera que tienen los medios y el establishment de Washington crea un odio hacia Trump que opaca la cobertura mediática y pone en duda la reputación de los medios. Pero principalmente, pone en riesgo la estabilidad de la primera economía mundial.

Existen sectores de la población quienes están convencidos que si Trump es removido de su cargo, Hillary Clinton asumiría como presidente.

¡Despiértense y dejen de soñar!

El “enemigo interno” que ha creado el establishment de Washington, podría llevar a que el 50% de la población que votó a Trump considere que se ha realizado un golpe de Estado en el país. Y esto solo puede terminar mal, muy mal.

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