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El precio del dinero y la tasa de interés

¿Son lo mismo? ¿Están relacionados? Germán Messina nos cuenta la verdadera relación entre ellos y cuál es el error más común.

Muchas veces se menciona a la tasa de interés y al precio del dinero como conceptos similares, sin embargo, esto no es así. Tomar estos conceptos como iguales puede llevar a incrementar los problemas en vez de intentar resolverlos.

El precio del dinero se forma como cualquier otro precio, por su oferta y demanda. La oferta de dinero la podemos ver como el stock de dinero que hay en una economía en un momento dado. A su vez, la demanda de dinero tiene dos componentes, atesoramiento (guardar dinero fuera del sistema financiero, comúnmente se lo conoce como guardar dinero debajo del colchón) y el segundo componente de la demanda de dinero es la oferta de bienes y/o servicios, (el PBI es un buen proxy de dicha oferta).

Las personas demandan dinero cuando quieren atesorar más (cajas de seguridad), o cuando trabajan más u ofrecen más productos. A cambio de ese mayor trabajo o mayor cantidad de bienes quieren más dinero. Como mencionamos un buen proxy para medir esa parte de la demanda de dinero podría ser el PBI.

Entonces podemos decir la demanda de dinero depende del atesoramiento y oferta de bienes y/o servicios. La demanda de dinero aumenta, si aumenta el atesoramiento, si aumenta la producción o alguna combinación de ambas.

Por su parte la tasa de interés no refleja la demanda de dinero, sino que trata de indicar la cantidad de ahorro que hay en una economía en un momento dado. Si se quiere, se podría decir que la tasa de interés es el “precio” del ahorro, y no del dinero.

El ahorro es el sacrificio que realizamos hoy para poder consumir más en el futuro. Es decir, hoy renunciamos a consumir parte de nuestros ingresos (producción, trabajo), por la expectativa que en el futuro podamos acceder a una mayor cantidad de bienes.

Si a la mayoría de las personas le preguntamos cuándo quieren 1 millón de dólares, hoy o el año que viene, la inmensa mayoría nos contestaría que hoy. No hay ninguna recompensa por posponer nuestro consumo. Ahora bien, si a esas mismas personas le hubiesen preguntado si prefieren hoy tener 1 millón de dólares ó el año que viene tener 2 millones, las respuestas ya no serían todas iguales. Algunas personas seguirán eligiendo tener el millón ahora, (alta preferencia por el consumo presente) y otras optarán por esperar, resignar consumo presente (ahorro), para tener 2 millones el año que viene (mayor consumo futuro).

La tasa de interés indica las preferencias del consumo de las diferentes personas. Si las personas tienen una alta preferencia por consumir en el presente, la tasa de interés será alta, indicando que hay poco ahorro, en cambio si las personas tienen una baja preferencia por el consumo presente, el ahorro será alto, y la tasa de interés baja. La tasa de interés será el “premio” por dejar de consumir hoy, es el premio por posponer en el tiempo nuestro consumo.

Nuestras decisiones de consumo presente y futuro afectan a la tasa de interés, mientras que nuestras decisiones de producción y atesoramiento afectan la demanda de dinero.  Cuando leemos que las tasas altas de las LEBACS son necesarias para sostener la demanda de dinero, eso no es necesariamente así. Pero eso amigos es para la próxima.