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El rol de EE.UU. en la competencia fiscal internacional

¿Por qué Obama en particular, Estados Unidos en general y todos los países que integran la OCDE se oponen a la competencia fiscal?

Introducción

Desde hace tiempo Barack Obama acostumbra a dirigirse en forma semanal al pueblo estadounidense a través de pequeños discursos que se emiten por varios medios, incluyendo la cuenta oficial de Twitter de la Casa Blanca.

En el breve discurso correspondiente a la edición del 16 de abril de 2016 el presidente norteamericano eligió reforzar las siguientes ideas:

(a) “Una de las mayores fortalezas de los Estados Unidos es el libre mercado, (…) es el darle a cada persona la posibilidad de ser exitosa. Esto es lo que hizo de Estados Unidos la mayor potencia sobre la tierra”.

(b) “El ingrediente más importante para que exista un mercado libre saludable es la competencia”.

Acto seguido, Obama critica a las empresas que imponen barreras de entrada a la competencia y a las que no brindan información adecuada a los consumidores para que aquellos puedan elegir.

El presidente de la mayor economía del mundo sostiene que esas actitudes son las que terminan haciendo que los consumidores paguen precios más altos de los que deberían pagar.  Siempre según Obama, este tipo de actitudes – contrarias a la competencia – son las que hacen que pequeños productores o empresarios quiebren, lo cual no es bueno ni para el país ni para los consumidores.

¿A qué viene todo esto? A que es raro que un presidente que evidentemente entiende tan profundamente las ventajas asociadas a la economía de mercado y en particular a la competencia, al mismo tiempo haya hecho todo lo que pudo para eliminar todo resabio de competencia fiscal a nivel global, algo que esperamos que cambie con la llegada del Partido Republicano al gobierno, a partir del 20 de enero.

Competencia Fiscal

¿En qué consiste la competencia fiscal? En pocas palabras, la competencia fiscal permite que cada país o jurisdicción fije sus impuestos en forma libre y soberana; sin presiones de otros Estados.

La existencia de verdaderos carteles integrados por países de alta tributación (como sin lugar a dudas son el G-20 o la OCDE), cuyo objetivo sea presionar a las jurisdicciones de nula o baja tributación para que estas eleven sus tasas hasta ciertos niveles es absolutamente contraria a este concepto.

Así como la competencia en la producción de bienes o la provisión de servicios redunda en claros beneficios para los consumidores, quienes reciben productos y servicios de mejor calidad a un precio menor; la competencia en materia impositiva beneficia a los contribuyentes, puesto que los impuestos que pagan no podrán nunca superar determinado límite.

Paradójicamente, muchos de los países que atacan el derecho de otros Estados a no cobrar impuestos o a cobrar tasas bajas, también recurren a esta técnica cuando quieren promocionar determinada industria, recibir a un cantante de moda o ser sede de un mundial de fútbol. Todos sabemos que la FIFA no paga impuestos de ninguna clase y que la mayor parte de las estrellas de rock piden exenciones fiscales en los países donde organizan sus shows.

¿Por qué, entonces, Obama en particular, Estados Unidos en general y todos los países que integran la OCDE se oponen a la competencia fiscal?

Sin competencia entre empresas, los precios suben y los consumidores se perjudican. Sin competencia fiscal, los impuestos suben y nuevamente los consumidores son los que terminan perjudicándose. En el primer caso, quienes se beneficiarían serían las grandes corporaciones.

En el segundo, los Estados. Y ahí está precisamente la respuesta a nuestra pregunta.

Desafortunadamente, los países más desarrollados están dispuestos a hacer cualquier cosa con el fin de cobrar más impuestos, así tengan que destruir jurisdicciones más pequeñas en su camino. Entre estas cosas se encuentra mentir descaradamente sobre cómo funcionan, para que existen y porque hay que combatir y eliminar a las jurisdicciones tradicionalmente conocidas como offshore.

Es evidente que si el discurso de las potencias fuera “las jurisdicciones offshore deben desaparecer porque ponen un límite a los impuestos que podemos cobrar y porque muestran que un Estado puede de hecho subsistir sin cobrar impuestos, sin tener deuda pública y sin emitir moneda”, su cruzada no ganaría muchos adeptos.

Sin dudas que se logra mayor empatía afirmando – falsamente – que las jurisdicciones offshore facilitan el lavado de dinero, la evasión fiscal y el financiamiento del terrorismo.

Es triste ver como los contribuyentes, en lugar de apoyar a quienes deberían en este enfrentamiento entre jurisdicciones de baja o nula tributación y jurisdicciones con altas tasas impositivas, eligen apoyar a estos últimos sin advertir que – cuando estos hayan ganado la batalla – deberán pagar impuestos mucho más elevados de los que pagan hoy en día. Y ni la corrupción, ni el lavado de dinero ni mucho menos el terrorismo habrán desparecido. Nos preguntábamos hace un rato por qué las mayores economías del mundo se oponían a la competencia fiscal y quizás debamos reformular este interrogante.

¿No será que los países centrales, más que desconocer la competencia fiscal, están también compitiendo solo que en lugar de hacerlo bajando sus impuestos, recurren a armas mucho menos éticas pero a la vez más poderosas (como ser, entre otras, la mentira y la presión que les permite imponer su mayor poder en el concierto de naciones)?

En este contexto, va a ser más que interesante ver que va a suceder en el mundo si Estados Unidos decide empezar a competir ética y transparentemente en materia fiscal, reduciendo el impuesto a las ganancias de las corporaciones y, eventualmente, eliminando FATCA y manteniéndose fuera del Common Reporting Standard.