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¿Es bueno endeudarse?

En un país acostumbrado a vivir asfixiado por sus altos niveles de endeudamiento, la palabra “deuda” lleva connotaciones muy desagradables.

Interesante manera de despedir la semana. Una pregunta cuya respuesta pareciera ser obvia, no lo es y hasta podríamos decir que es opuesta a lo que nos imaginamos la mayoría de los argentinos. En un país acostumbrado a vivir asfixiado por sus altos niveles de endeudamiento, los cuales nos han llevado en reiteradas ocasiones a la cesación de pagos (default) y posteriores crisis económicas, la palabra “deuda” lleva connotaciones muy desagradables. Hoy, nuevamente, Argentina está atravesando un período de incertidumbre económica casi exclusivamente generada por la abultada deuda que ha incurrido a lo largo de los años para financiar los malos manejos de las cuentas públicas.

Pero para responder bien si es bueno endeudarse, primero hay que entender bien el significado de la palabra “deuda”. Aunque aparente una pérdida de tiempo dedicarle unos renglones para explicar el significado de este término, debo aclarar que no lo es, ya que existe un segmento de la población que desconoce el porqué de la deuda y posee una opinión mal formada. Lamentablemente, los medios en nuestro país muchas veces publican notas de importante relevancia sobre el endeudamiento del Estado o de sus habitantes que terminan confundiendo a los lectores por no conocer bien qué hay detrás de esta deuda.

Deuda es un concepto cuyo significado hace referencia a la obligación que un país, persona u organismo tiene de pagar, reintegrar o satisfacer algo (generalmente dinero) a otra. Existen numerosos tipos de deuda de los cuales no vamos a hablar hoy porque no ayuda a responder la pregunta central. Por ejemplo, deber un mes del servicio de gas natural es estar endeudado, como también lo es tener un balance abultado en las tarjetas de crédito. Pero por aquí no viene la intención final de esta nota.

Endeudarse es bueno porque la deuda es el motor que genera el crecimiento de las economías. Para los argentinos esto suena extraño, pero para un mundo no lejano donde toda inversión no se hace con efectivo propio de nuestros ahorros, sino con deuda otorgada por entidades financieras, la deuda es la clave de un crecimiento económico sostenido. Es cierto que en estos países han habido crisis crediticias causadas por el alto endeudamiento de sus habitantes. Por ejemplo, esto ocurrió en EE.UU. en 2008 durante la conocida “crisis sub-prime”. Pero hay que entender que pocos construyen un edificio, compran maquinaria pesada, expanden operaciones, adquieren una vivienda, un automóvil o simplemente pagan por su educación universitaria, con dinero propio. El mundo se endeuda para consumir y crecer, y el gran desafío de aquellos que se endeudan, es asegurarse que antes de hacerlo puedan manejar sus cuentas para poder hacer frente a los pagos mensuales de intereses y capital. Argentina históricamente no ha hecho bien sus cuentas motivo por el cual frecuentemente no puede pagar sus deudas.

Cuando un país, provincia o persona física se endeuda para reducir su déficit mensual, pagar salarios o pagar sus tarjetas de crédito, tarde o temprano se complicarán las cosas. Endeudarse es bueno siempre y cuando se haga algo productivo con los fondos obtenidos. Deuda sin proyecto detrás, es tóxica porque muestra una incapacidad del tomador de no hacer bien las cuentas. En esta categoría, se encuentra Argentina.

Si un país se endeuda para construir autopistas, si una provincia pide dinero para mejorar su infraestructura, o si una persona obtiene un préstamo hipotecario para adquirir una vivienda, es bueno porque genera actividad económica. Tomar deuda para llegar a fin de mes, no genera actividad económica y muy posiblemente termine complicando aun más la situación del deudor.

En resumen, endeudarse es bueno siempre y cuando se haga inteligentemente. De otra manera, caeremos en una situación insostenible.