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Esto ya roza lo ridículo

Los rumores crecen sobre una supuesta confabulación entre Donald Trump y su par ruso Vladimir Putin para alterar los resultados de las elecciones presidenciales norteamericanas. Pero las pruebas no aparecen y ambos líderes cada día están más enfrentados.

Foto: Dave Granlund

Desde el 8 de noviembre de 2016 hasta prácticamente el día de la fecha, el mundo sigue convencido que el Primer Ministro ruso Vladimir Putin y el Presidente de los Estados Unidos Donald Trump, confabularon para manipular las elecciones presidenciales norteamericanas a favor del actual presidente.

En un sinfín de oportunidades, fuimos testigos de numerosas publicaciones ofreciendo milimétrico detalle cómo Putin ordenó a sus servicios de inteligencia influenciar los resultados presidenciales. En diciembre, el FBI y la CIA presentaron un reporte mostrando cómo el gobierno ruso “había intentado influenciar los resultados”, admitiendo que no existían pruebas, en ese momento, para confirmar la alianza Trump-Putin. Sin embargo, los rumores y las teorías conspirativas continuaron.

Desde el primer día dudé de estos reportes simplemente porque Hillary Clinton obtuvo tres millones más de votos que su contrincante. Si hubiese habido algún tipo de intento de manipulación rusa, la jugada les salió mal.

También dudé de estos reportes porque es prácticamente imposible manipular los resultados de un país que elige a su líder de manera indirecta, es decir, mediante el Colegio Electoral. Cada estado utiliza diferentes sistemas y muchos de ellos no están conectados a la red justamente para evitar este tipo de intento de manipulación.

Pero principalmente dudé de estos reportes porque no pasaban la prueba de sentido común. Las acusaciones no encajaban con la realidad y eran muy rebuscadas.

Pero no solo los rumores de confabulación crecieron, sino que los medios opositores al presidente, comenzaron, en su afán por perjudicarlo, a publicar noticias que aseguraban la existencia de “escuchas” confirmando la alianza Trump-Putin. Sin embargo,  el New York Times, el Washington Post  y CNN entre otros medios no han sido capaces de ofrecer pruebas para justificar sus argumentos.

En Estados Unidos existe un refrán que dice “cuidado con lo que pedís” y aquellos que pedían una investigación a Trump sobre su supuesta confabulación con Vladimir Putin, ahora son ellos los que están siendo el foco de atención por publicar escuchas que, de haber existido, podrían comprometer a la Casa Blanca del expresidente Obama.

Tanto insistir con el “impeachment” del actual presidente norteamericano por confabular con su par ruso, que ahora existe una investigación del Congreso de los EE.UU. y del Departamento de Justicia para dar con los autores del posible “espionaje” a la campaña presidencial de Trump.

No solo no se conoce ninguna prueba que confirme la alianza Trump-Putin, sino que ahora ambos líderes intercambian acusaciones como en los viejos tiempos cuando los Estados Unidos y la vieja Unión Soviética se amenazaban mutuamente y atentaban contra la paz mundial.

Hoy, Trump y Putin no pueden estar en polos más opuestos en la relación bilateral entre ambas naciones. El norteamericano tomo el toro por las astas y la semana pasada bombardeó una base militar en Siria como represalia a los ataques perpetuados por el Presidente Assad contra su propio pueblo. Siria y Assad son aliados de Putin y el ruso, conocido por sus tácticas y métodos patoteros, juró venganza y envió un destructor al Mar Mediterráneo a navegar cerca de los destructores norteamericanos.

Trump no confabuló con Putin para que los rusos lo ayuden a alzarse con la victoria el pasado mes de noviembre. Punto. No insistamos. Hoy no hay pruebas y es ridículo pensar que esto haya ocurrido.

Los rusos pueden haber intentado entrometerse en la vida de los norteamericanos, pero lo vienen haciendo desde los comienzos de la Guerra Fría. No hay nada nuevo.