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Fracasos de "start up" que sirvieron para llegar al éxito

Elegir mal a los socios, desarrollar un producto que no encaja en el mercado o cambiar demasiado son algunos de los motivos por los que las nuevas firmas españolas acaban desapareciendo. El miedo a fallar existe, pero cometer errores no es nada malo si se consigue aprender de ellos. De hecho, la mayoría de los creadores que hoy son referencia acumulan varios fracasos en su currículo.

Steve Jobs fue despedido de su propia empresa, Apple, cuando tenía 30 años. Al cabo de un tiempo regresó a la compañía, renovó la marca y la llevó a la cima del éxito. También es conocida la historia de Bill Gates. Antes de crear Microsoft, puso en marcha Traf-O-Data, una firma que analizaba y procesaba datos y que se vio obligado a cerrar. El mundo del emprendimiento está repleto de historias en las que se puede comprobar cómo hasta los más exitosos tuvieron que superar ciertos obstáculos antes de alcanzar la gloria. De hecho, pocos dan con la receta mágica en su primer proyecto. Hay que perder el miedo al fracaso, superar los errores y aprender de ellos.

Tener claro esto es uno de los primeros pasos para romper con una de las barreras del ecosistema emprendedor español: el temor a fallar. Del mismo modo, la mayoría de las figuras que hoy son referencia en nuestro país han pasado por algún bache a lo largo de su trayectoria. Por ejemplo, Gerard Olivé y Miguel Vicente, fundadores de Antai Venture Builder, recalcan que alcanzaron su gran éxito al lanzar su cuarto proyecto, Wallapop. Por su parte, Carlos Blanco cuenta que tuvo que empezar de cero cuando quebró su plataforma de deportes online en 2001. Ahora, el creador de la aceleradora Conector es uno de los inversores más reconocidos del panorama actual.

Aunque hoy existen más facilidades para emprender, la tasa de mortalidad de start up continúa siendo alta. Según Spain Startup, sólo una de cada diez empresas de reciente creación supera los tres años de vida. "Uno de los problemas de quienes montan una empresa por primera vez es que no son conscientes de lo duro que es. Hasta los grandes emprendedores han tenido algún fracaso, la cuestión es saber hasta dónde puedes llegar para que la experiencia sea un aprendizaje", explica Alberto Jiménez, cofundador de Smileat, compañía de alimentación infantil ecológica. Jiménez sabe de lo que habla, ya que anteriormente estuvo al frente de Bukingo, un e-commerce que no terminó de funcionar. "No supimos escalar el negocio, estuvimos activos un año y acabamos vendiéndolo por muy poca cantidad. Con Smileat he intentado realizar lo que no hice con Bukingo. Por ejemplo, contar con un modelo de negocio que facturase desde el principio para así ser capaces de autofinanciarnos", añade Jiménez.

No obstante, el porcentaje de firmas que cierra cada vez es menor. Javier Moral, CEO y fundador de Fangaloka, explica que "esto se debe a que la media de edad de los emprendedores ha aumentado y ya cuentan con más experiencia. Sin embargo, aún queda un largo camino para que la gente se atreva a salir de su zona de confort. Por así decirlo, no es necesario que te caigas y te abras la cabeza, pero sí que te raspes las rodillas. Tienes que aprender del proceso, pero sin llegar al límite de endeudarte". Por su parte, Víctor Rodado, fundador de Upplication, considera que en los últimos años los agentes del ecosistema emprendedor han roto con el tabú del fracaso: "La sociedad continúa castigando los fallos. Sin embargo, los inversores los aprecian como algo sexy. Si alguien ha cometido un error, le habrá servido como experiencia". Rodado lo ha vivido en primera persona. Ahora presume de que Upplication, plataforma para crear apps online, acaba de unirse con la firma de publicidad en vídeo y móvil, Mobusi. Para ello, han tenido que superar una de las dificultades más comunes: "Contar con recursos para crecer y que los inversores confíen en ti".

Causas

Cada empresa es un mundo y las razones por las que fallan los emprendedores son múltiples. Pedro Bisbal, director de la red de business angels InnoBAN, resume que "sólo hay una causa que se manifiesta con mil caras y es que se crean productos que nadie quiere comprar. El 90% de las firmas cierra por este motivo, el 10% restante lo hace porque la tecnología no es capaz de resolver una problemática". El último informe Global Entrepreneuship Monitor, detalla que en España las principales razones de abandonos empresariales se deben a que la compañía no era rentable (45%) y a que el emprendedor encontró otro trabajo u oportunidad de negocio (12%). Les siguen otras situaciones, como el comienzo de la jubilación, razones personales y otras causas no especificadas.

Pero si hay algo en lo que coinciden los emprendedores es en la necesidad de aliarse con los socios adecuados. Así lo asegura Fernando Ruiz-Beato, CEO de RB Asesores: "Es esencial firmar un pacto de socios para regular los comportamientos de la sociedad, dividir los roles y determinar quién tomará las decisiones en situaciones de bloqueo". En la misma línea opina Carlos Jiménez, creador de Valeet. Esta app permite a los usuarios solicitar un aparcacoches cuando lo necesiten. Este año espera alcanzar los 20.000 usuarios activos y llegar a facturar un millón de euros. Jiménez lleva varios años lanzando proyectos en Silicon Valley: "He estado al frente de iniciativas que han ido muy bien y otras que han fracasado. Lo primero que aprendí fue la importancia de rodearme de gente mejor que yo. También es esencial encontrar el encaje perfecto entre el producto y el mercado. El 40% de las start up cierra porque no encuentra un mercado". Infomultas, Iloterías, SocialMobility son algunas de esas empresas que están en su portfolio de propuestas que no terminaron de funcionar, pero no por ello reniega de ellas.

Perder el foco y pivotar demasiado es otro de los problemas más comunes. Está claro que cada día van a surgir imprevistos y que hay que adaptarse a las nuevas exigencias de los clientes. Incluso si es necesario, habrá que cambiar el modelo de negocio. Sin embargo, crear modificaciones tan relevantes de forma continuada es una señal de que algo va mal.

Ésta es una lección que aprendió Dado Diez, fundador de Snau, marketplace de servicios profesionales para perros. Esta empresa pasó por varias fases antes de consolidarse. Al principio se configuró como una multiplataforma de servicios domésticos. Sin embargo, tuvieron que hacer frente a los retos que planteaba la economía colaborativa, algo que les consumió mucho tiempo y no lograron dar con una solución. Tras pasar por la aceleradora Bbooster, el proyecto fue tomando forma. "Esta entidad nos aceptó por el equipo, más que por la idea. Tuvimos que rehacer todo", asegura Diez.

Sobredimensionar la empresa y empezar a contratar a más gente de la que se puede, no lograr inversión, gestionar mal el dinero y carecer de flujo de caja, no contar con un equipo fundador que se complemente, etcétera. "Éstas son otras de las causas que pueden acabar con un negocio, pero lo que está claro es que ninguna de ellas tiene que ver con el talento. Afortunadamente, hay emprendedores muy bien formados y mucha capacidad para lanzar ideas innovadoras", apunta el creador de Valeet.

Según Moral, es crucial estar atento a los indicativos que apuntan que el proyecto va mal. "Hay que saber cuándo poner un punto y final y así evitar que tu empresa se convierta en una start up zombie. Por ejemplo, es necesario preguntar a los clientes aunque en ocasiones tengas miedo a escuchar. Muchas veces los emprendedores están enamorados de sus ideas y se ciegan ante evidencias".

"Estuvimos a punto de cerrar"

Upplication, empresa que crea 'apps' online, pasa hoy por uno de sus mejores momentos. La plataforma nació en 2013, cuenta con 13 empleados y suma 30.000 usuarios de 78 países diferentes. También ha pasado por la aceleradora Wayra y mantiene acuerdos con Telefónica. Ahora acaba de aliarse con Mobusi, una de las mayores compañías de publicidad en vídeo y móvil española. Víctor Rodado, fundador de Upplication, comenta las diferentes trabas que han tenido que superar: "Estuvimos a punto de cerrar dos veces. No teníamos recursos para crecer y necesitábamos mucha financiación para conseguir una alta rentabilidad.

Se desencadenaron situaciones complicadas: cambiar el equipo, ponerse de acuerdo con los socios en la toma de decisiones difíciles y estar muchos meses sin cobrar". Para Rodado, la clave de todo esto es saber hacia dónde avanzar, estar muy atento a lo que hace la competencia y saber gestionar al equipo. Anteriormente, había lanzado Fanscup junto con dos compañeros, una red social de fútbol. Se aliaron con Intercom para crear Footme, "aunque no llegamos a entendernos y no continuamos con la colaboración. Cedimos nuestro conocimiento, pero no supimos comercializar la idea por falta de experiencia".

"Lo primero es crear el equipo"

Noteolvido.com, red social para recordar a un familiar o amigo fallecido; Origin, empresa que crea gafas de madera; y Cloz, una 'app' de moda. Éstas son algunas de las creaciones de Jorge Sierra. La primera no funcionó, ya que se trataba de un servicio que la gente no acababa de entender; la segunda proponía un producto que era muy caro de fabricar; y la última no conseguía enganchar a los usuarios. "Con Origin pusimos en riesgo todo nuestro colchón de dinero. Hay que detectar a tiempo cuándo un proyecto no funciona ", asegura Sierra, quien añade que después de madurar la idea, lo primero que hay que hacer es configurar el equipo. "En Noteolvido.com contraté a una empresa para que se encargara del desarrollo técnico, pero no cumplió. Aprendí que los profesionales más importantes deben estar integrados en la plantilla". Ahora ha creado Hiplan, una plataforma que relaciona propuestas de ocio con personas dispuestas a realizarlas. "Para lanzar Hiplan, estuve cuatro meses buscando al equipo idóneo. Empecé esta búsqueda antes de haber terminado el 'business plan'. Después de identificar a la gente adecuada, el siguiente paso que di fue tantear a las empresas que podían interesarse por el producto, así pude ver que hay mercado para la idea", explica Sierra.

"Tuvimos que empezar de cero"

Snau, 'marketplace' de servicios profesionales para perros, tomó un gran impulso en febrero del año pasado. Su fundador, Dado Diez, cuenta que "al principio queríamos lanzar una plataforma de servicios domésticos, pero estábamos estancados. Sentíamos que debíamos dar un salto, ya que si no el proyecto se moría". Entonces, pasaron a formar parte de la aceleradora Bbooster. "Ahí tuvimos que empezar de cero y poco a poco nació Snau". Además, Diez acumula en su currículo varias experiencias emprendedoras que le han proporcionado un gran bagaje. Al salir de la universidad creó junto con dos compañeros una plataforma para gestionar los planes de ocio. "Estuvimos tres años con esa empresa. No funcionó porque nos faltaban muchos conocimientos técnicos". Después, lanzó Challengers, un proyecto para organizar encuentros tecnológicos orientados a nuevos creadores. En sólo un año llegó a considerarse el sexto evento de emprendimiento en tecnología más importante de Europa. En su última edición en junio de 2016 contó con la presencia de Edward Snowden y Kim Dotcom. "Sin embargo, rozando el techo nos vimos obligados a dejarlo. Nos equivocamos en el enfoque. Es mejor centrarse en un nicho muy concreto. Muchos emprendedores fracasan por un tema de foco"

Fuentes: Expansión

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