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Los robots revolucionan la política fiscal

¿Crear impuestos a la automatización? Bill Gates y Benoît Hamon defienden que se haga, pero varios expertos temen que imponer gravámenes provocará la pérdida de empleos en robótica.

En ocasiones las revoluciones tecnológicas tienen consecuencias a largo plazo inesperadas en la economía y en la sociedad. Hace un siglo, la política fiscal de EEUU cambió por completo con la introducción de la tecnología en la agricultura y en los medios de transporte.

"Los granjeros pusieron el grito en el cielo y, de esta manera, surgió el movimiento progresista", declara Joel Mokyr, historiador económico en la Universidad North-western en Chicago. La frustración de los ciudadanos por las grandes fortunas que habían acumulado los empresarios industriales provocó que se estableciese el Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas.

Es probable que la revolución que causó hace un siglo la tecnología en la sociedad y en la política fiscal no sea nada en comparación con el impacto de los últimos avances en robótica y en la Inteligencia Artificial (IA). "La cifra de empleos que se perdieron entre 1890 y 1914 no se puede comparar con el paro de hoy en día", afirma Mokyr.

Sin embargo, en la actualidad puede que sean las máquinas las que acaben pagando impuestos.

La semana pasada, Bill Gates, el hombre más rico del mundo, opinó que es necesario realizar una reforma fiscal cuanto antes. El cofundador de Microsoft declaró que, para evitar que la revolución tecnológica provoque la pérdida de miles de puestos de trabajo, se podrían imponer impuestos a los robots y destinar ese dinero a formar a las personas.

Bill Gates también destacó uno de los beneficios del impuesto sobre los robots: Si se frena el ritmo de la automatización y, por lo tanto, menos personas pierden sus empleos, no se fomentará el odio a las nuevas tecnologías y habrá menos probabilidades de que se prohíban los robots.

Sin embargo, la disminución de los avances tecnológicos también podría afectar negativamente a otras personas, como a los ingenieros y los empresarios que trabajan en los sectores de la robótica y de la IA.

"Muchos de nosotros pensamos que es un imperativo moral utilizar la tecnología. Por este motivo, me parece ofensivo que se frenen los avances tecnológicos de forma deliberada", declara Andrew Moore, decano de la Facultad de Informática de la Universidad Carnegie Mellon, uno de los centros más expertos en robótica de EEUU.

Muchos políticos europeos, entre los que se incluye el candidato socialista a las elecciones francesas Benoît Hamon, han respaldado la solución que propuso el cofundador de Microsoft. En el Parlamento Europeo, se propuso la idea de imponer un impuesto sobre los robots, aunque se rechazó a finales del mes pasado.

David Autor, profesor de Economía en el Instituto Tecnológico de Massachusetts, opina que el impuesto sobre los robots concordaría con la política fiscal actual. "Se pagan impuestos por las líneas de teléfono para cubrir los gastos del servicio universal. Al igual que se cobran impuestos por las viviendas para ayudar a pagar las viviendas públicas", añade.

Sin embargo, si se arrancan los frutos de la robótica y de la IA (es decir, si se detienen los motores que impulsan avances tecnológicos como los coches autónomos o los ordenadores inteligentes, capaces de reemplazar a la mayoría de los analistas), se tendría que cambiar por completo la política fiscal. Algunos críticos argumentan varias razones por las que sería mala idea imponer impuestos sobre la automatización. Una de estas razones es que no es tan fácil reconocer qué tecnologías están sustituyendo a los humanos en sus empleos. No es siempre tan sencillo identificar a los "robots". Este término nos trae a la mente la imagen de un humanoide que asume el papel de los humanos. No obstante, no todas las formas de automatización están directamente relacionadas con la pérdida de empleos.

"Un robot no es una unidad idéntica a un humano", declara David Poole, un autoproclamado "optimista de la automatización" y consejero delegado de Symphony Ventures, una empresa que aconseja a otras compañías que quieren automatizar sus procesos. "La mayoría no son robots físicos, son software que no difieren de una hoja de cálculo".

De hecho, muy pronto muchos servicios informáticos se integrarán en el machine learning, lo que dotará de IA a la gran mayoría de las tecnologías. Es imposible establecer una política fiscal que distinga a los sistemas que están provocando la pérdida de empleos. Surge otro problema similar cuando se trata de detectar a las tecnologías que sustituyen a antiguos métodos de trabajo pero que, al mismo tiempo, hacen que surjan nuevos empleos. De hecho, el ordenador personal (la máquina que hizo que Gates amasase su fortuna de USD 86.000 M) es un ejemplo de ello. "Antes de que existiesen los ordenadores, todos los cálculos los hacían miles de oficinistas con sus hojas de cálculo", afirma Poole. VisiCalc, el primer software que logró que los PC se convirtiesen en herramientas de trabajo, sustituyó a estos empleados. Sin embargo, gracias a los ordenadores, se crearon nuevas oportunidades de empleo. "Estos oficinistas se convirtieron en analistas", declara Poole. "Se creó una nueva industria que antes no existía".

El verdadero impacto de este cambio tecnológico es que se necesitan menos trabajadores para conseguir los mismos resultados. Pero, al mismo tiempo, surgen nuevos empleos. Otro de los motivos por los que no se deberían crear impuestos a la automatización es porque consigue que las tareas más rutinarias para los trabajadores sean más satisfactorias, al menos para los que conserven sus empleos tras la automatización. Café X ha abierto su primera tienda en San Francisco tras aumentar su capital riesgo. Un brazo robótico, que parece una versión a menor escala de los que se usan en las fábricas de producción en cadena, sirve las tazas desde la cafetera. Una persona atiende a los clientes. "El robot realiza muchas de las tareas que llevan a cabo los camareros", declara Henry Hu, fundador de Café X.

La empatía, el factor diferenciador entre máquinas y humanos

Al imponer impuestos sobre la automatización también se perjudicaría al creciente sector de los nuevos avances en robótica y en Inteligencia Artificial (IA)."Sin duda impondría una gran carga y afectaría de forma negativa a estas nuevas industrias", opina Jeremy Conrad, socio en Lemnos Labs, una firma de capital riesgo que apoya a las 'start up' de robótica y de otros hardwares.

No obstante, ya se pagan impuestos por los beneficios que se derivan de la automatización. "Si los robots generan riqueza a sus dueños, está claro que se cobran impuestos por ello", afirma Sam Altman, director de Y Combinator, una de las principales incubadoras de 'start up' tecnológicas en Silicon Valley. "La caja de Pandora se abrirá cuando los robots nos superen y ya no puedan controlarlos los humanos". Este tipo de argumentos son propios de aquellas personas que se oponen a identificar e imponer tasas a las tecnologías que sustituyen a los humanos en sus empleos. Aun así, no quedará más remedio que reformar la política fiscal si los próximos avances en la automatización tienen un impacto tan profundo como muchos expertos predicen.

Gates se encuentra entre los pesimistas. "En el futuro, la automatización erradicará para siempre varios tipos de empleos. Por ejemplo, se reemplazarán los trabajos de los almacenes, no habrá conductores y desaparecerán los servicios de limpieza". Por otra parte, algunas personas coinciden en que el impacto sobre la pérdida de empleos obligará a los gobiernos a reformar la política fiscal."Si se compara la situación actual con la revolución industrial, está claro que estamos avanzando cuatro veces más rápido, sin añadir que estas revoluciones provocaron una gran división social", afirma Moore. "El mundo no mejora si se aumenta la productividad, pero la riqueza se distribuye sólo entre unos pocos". Entre algunos economistas ha ido cogiendo fuerza la idea de que se pague a todos los ciudadanos un salario fijo, lo que se conoce como renta básica universal.

La propuesta de Bill Gates no dista mucho de esta idea, puesto que sugirió que los impuestos sobre los robots sirviesen para formar a los humanos en las tareas que los robots no pueden realizar, como las profesiones sanitarias, que podrían ser la mejor opción para evitar el desempleo masivo. El actual consejero delegado de Microsoft, Satya Nadella, apoya las ideas de Gates. "En EEUU, se necesitan personas que se encarguen del cuidado de los ancianos", declara Nadella. "La empatía es una cualidad que sólo es propia de los humanos y que podría generar miles de empleos". Si estas esperanzas llegasen a cumplirse, puede que algún día los seres humanos y los robots tengan sus propias esferas de empleo. Sin embargo, eso no significa que sea fácil que compartan la misma presión fiscal.

Fuentes: Expansion

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