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Mercosur – Unión Europea: las negociaciones que llevan más de 20 años

Nuevos actores para una conversación que lleva años sin avances

Muestra de que los ciclos políticos cambian, es cuando aparecen en escena nuevos personajes que se convierten en los interlocutores válidos en una negociación. Esto sucede en el caso de las negociaciones entre el Mercosur y la Unión Europea (UE), donde Angela Merkel se desplazó de su rol de negociadora dando espacio al hombre que se posiciona como quien viene a representar el sentimiento pro-europeo, el Presidente de Francia Emmanuel Macron.

Desde el Cono Sur, es visible una enorme retracción de Brasil que se enfoca en su política interna, y da paso a Argentina con el Presidente, Mauricio Macri para que tome las riendas de representar al Mercosur en las negociaciones interbloques. De esta forma puede verse como se legitiman dos nuevos ‘negociadores’ en esta discusión, quienes tienen el apoyo y la legitimidad de los miembros de sus respectivos bloques.

El plan del negociador latinoamericano, es relanzar las conversaciones y alcanzar un acuerdo que permita el incrementar el intercambio comercial. Macri presenta un discurso que basa la necesidad de la integración en los fuertes lazos que unen a ambas regiones desde la época colonial. Por el lado del negociador europeo la situación no es diferente. Representar a una Europa unida no es una cuestión sencilla y debe tener en cuenta los reclamos de diversos sectores que suelen obstaculizar el acuerdo, tomando importancia aquellos sectores económicos que no son complementarios sino competitivos.

Es necesario contextualizar las negociaciones. Macri conoce que la situación en Brasil es sensible, con una crisis política que aún no tiene un final cierto y con el principal líder político en medio de un escándalo de corrupción. Esto, por un lado, da al presidente argentino mayor margen de maniobra, pero por el otro debe tener cuidado de no ofender al socio de mayor peso en el Mercosur, quien por otro lado, tiene la posibilidad de tener sus conversaciones bilateralmente y que este año vive elecciones presidenciales. Además, Macri sabe que 2019 es un año electoral en Argentina y alcanzar un acuerdo con la UE puede ayudarlo a lograr una posible reelección. Para el gobierno argentino también significaría una victoria en materia económico-comercial, una victoria que desde la campaña están esperando y que aún no se ha materializado.

Macron representa a un bloque que tiene un doble interés, promover las exportaciones de los bienes con mayor valor agregado, pero sin desproteger los sectores tradicionales. Estos últimos sectores son los que han estado presionando a los políticos de turno para obtener mayores beneficios en el proceso globalizador.

Es así como para el Cono Sur es complicado el acuerdo porque debe aceptar recibir importaciones de productos con valor agregado junto con los servicios, pero sin generar grandes niveles de exportaciones primarias. Francia, Polonia, Hungría e Irlanda fueron los países que repetidamente colocaron trabas en materia agrícola-ganadera.

Los principales puntos en conflicto

La agricultura, la ganadería y la agroindustria (especialmente de biocombustibles) es uno de los focos de conflicto en las negociaciones, teniendo en cuenta que ambas economías son competencia. Según pudo saberse, la propuesta original de la UE era la apertura para 70.000 Tn de carne de ternera, lo cual para el Mercosur era demasiado poco y solicitaba un mínimo de 200.000 Tn. Sin embargo, la UE presentó una propuesta mejorada en donde se permiten 99.000 Tn a cambio de que el Mercosur mejore la propuesta de ingreso de productos lácteos y de autopartes europeos.

Las autopartes son otro de los problemas entre los bloques. El Mercosur propone una desgravación de 15 años con 7 de gracia, con la condición de que el 40% de las autopartes que provienen de la UE sean de terceros países. Una apertura rápida y poco gradual podría provocar el deterioro de la producción de autopartes en el Mercosur, siendo este uno de los pocos éxitos que tuvo el bloque.

En torno a las reglas de origen, el Mercosur no quiere que la UE revenda como propios productos que compra en terceros países a un precio inferior. Sin embargo, desde el bloque europeo se argumenta que las cadenas globales de valor justamente son globales y no dependen de bloques económicos.

Los derechos de propiedad intelectual son una de las banderas de la UE. Lo hacen con el objetivo de poder mantener un uso exclusivo de pruebas y patentes en investigación y desarrollo, lo que puede generar un aumento en los beneficios económicos en algunas industrias, especialmente la farmacéutica. Esto es para el Mercosur, una de las condiciones que no está dispuesto a negociar.

Con nuevos interlocutores parece que las negociaciones continuarán en varios encuentros. Después de varios años desde que se comenzó a negociar un posible pacto en 1995, un acuerdo que se daría entre los dos mayores procesos de integración de los ’90, existe una posibilidad real de consenso.

Pero lo cierto es que, tanto el Mercosur como la UE no están atravesando sus mejores coyunturas. Ambos bloques están fragmentados, ambos bloques están atentos a sus crisis internas y al reacomodo de fuerzas políticas. El Mercosur está herido tras la suspensión indefinida de la membresía a Venezuela como consecuencia de la crisis política, especialmente, por la ruptura del orden democrático. Mientras que la UE también tiene su herida interna, el Brexit que aún está en desarrollo. Por lo tanto, ambos bloques están en procesos de cambio, un acuerdo puede ser un elemento que renueve sus procesos de integración y profundización.