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No confundamos mercados con economías

Hay que diferenciar mercados de economías ya que no debemos concluir que la actual hemorragia bursátil es síntoma de un problema de fondo muy serio

Esta semana hemos sido testigos de una hemorragia bursátil en prácticamente todos los mercados del mundo. Para muchos, esta volatilidad es saludable ya que frena el crecimiento exponencial y sostenido de las cotizaciones de los activos que los inversores mantienen en sus carteras. Pero para otros, es síntoma de “algo” que se viene en los próximos 12 meses.

Los dos principales índices de Wall Street, el S&P 500 y el Dow Jones Industrial Average, hasta el viernes 2 de febrero, habían trepado 281% y 260% respectivamente desde la crisis financiera de enero 2009. Sólo desde la elección de Trump como presidente de los EE.UU., crecieron 28% y 44% respectivamente. En Argentina, el índice Merval desde enero de 2009 hasta el viernes pasado, había crecido 417% y desde la elección de Trump, 68%. Algo similar ocurre en Asia y en Europa.

Es erróneo asignar tan solo un motivo a la reciente volatilidad de los mercados. Cuando las bolsas suben sin detenerse durante un período prolongado, es necesario una corrección para evitar que los precios de los activos continúen inflándose de manera indiscriminada. De no haber un ajuste en los precios de los activos, el mundo corre el riesgo de sufrir una crisis bursátil que se traslade a las economías y nadie desea que esto ocurra.

Las economías a nivel mundial hoy están sólidas y con perspectivas de crecimiento. En 2018, EE.UU. crecerá entre el 2,8% y el 3,4%. El bloque europeo crecerá 2.2% y los países asiáticos tendrán un crecimiento dispar pero siempre con economías en crecimiento. Finalmente, los países latinoamericanos (excluyendo a Venezuela) crecerán 1,9% con Argentina aportando un PBI de 3%. Según el FMI, las economías globales en 2018, crecerán 3,6%.

Por esto mismo no hay que deducir que esta corrección de los mercados es síntoma de debilidad económica. Nada puede estar más alejado de la realidad. La actual volatilidad es una sana respuesta a un crecimiento sostenido y constante en los precios de los activos. Tal vez ha sido muy violento el ajuste, pero es bienvenido.

A partir de ahora, es necesario entender que, de continuar un tiempo más, esta volatilidad si podría afectar a las economías mundiales frenando así los crecimientos del PBI. Hay que diferenciar mercados de economías ya que no debemos concluir que la actual hemorragia bursátil es síntoma de un problema de fondo muy serio.