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Nowhere to run, nowhere to hide

El objetivo de esta columna es compartir nuestra visión sobre algunas cuestiones importantes en materia de planificación patrimonial internacional.

El camino hacia la Transparencia Fiscal

Gravediggaz ‎es una banda americana de Hip Hop formada en 1992. Uno de sus temas más conocidos, lanzado hacia 1994, se llamaba precisamente “Nowhere to run, nowhere to hide”.

Si bien el tema nada tenía que ver con la evolución de las normas nacionales e internacionales en materia de secreto bancario, derecho a la privacidad de las personas e intercambio de información fiscal, su título la resume con mucha precisión.

Solo en los últimos tres meses fuimos testigos, entre otras cosas, de la aprobación de la Ley de Transparencia Fiscal en Uruguay (29 de diciembre de 2016), de la firma del acuerdo entre Argentina y Suiza para intercambiar información financiera en forma automática (16 de noviembre de 2016) y de la modificación al régimen legal vigente en materia de Limited Liability Companies con un solo accionista extranjero (12 de diciembre de 2016).

Se trató, en todos los casos, de cambios que solo algunos veíamos como posibles hace un par de años atrás.

En cuando a Trump, si bien aún es muy pronto para sacar conclusiones, va quedando claro que al presidente norteamericano no le importa proteger la privacidad de los datos de ciudadanos extranjeros. En realidad, hay pocas cosas que le importan respecto de lo que sucede fuera de los Estados Unidos.

En definitiva, todos los días hay novedades en cuestiones relacionadas con el intercambio de información sobre activos financieros y, desafortunadamente, todas estas novedades apuntan en el mismo sentido, hacia la desaparición del derecho a la privacidad de las personas. Y digo desafortunadamente porque quienes pierden con estos cambios son los individuos, que ven cómo sus derechos son avasallados y ceden ante Estados cada vez más grandes, deficitarios y omnipresentes.

Ya lo hemos dicho en reiteradas ocasiones, esta tendencia solo podrá revertirse si los contribuyentes se dan cuenta que están apoyando al bando equivocado. Los enemigos no son las jurisdicciones de baja o nula tributación sino los países centrales, organizados en la OCDE el G-20, etc.


Mitos y realidades del mundo post FATCA/CRS

A esta altura de los acontecimientos, es imprescindible preguntarse qué opciones tienen aún las familias y personas para estructurar sus patrimonios de modo tal de poder dormir tranquilos logrando, al mismo tiempo, el mayor nivel de privacidad y el menor nivel de impuestos que legalmente se pueda alcanzar.

Por si a alguien le quedan dudas, ambas finalidades (pagar la menor cantidad de impuestos dentro de la ley y/o proteger la privacidad) son absolutamente legítimas por más que los Estados pataleen.

En este contexto, el objetivo de esta columna es compartir nuestra visión o nuestras conclusiones sobre algunas cuestiones importantes en materia de planificación patrimonial internacional:

(a) Los activos no declarados valen menos que los declarados… y van desapareciendo de los bancos.

La diferencia entre las amnistías fiscales que acaban de finalizar (i.e. Chile y Brasil), están terminando (Argentina y Colombia) o están por comenzar (Perú y Honduras) con todas las anteriores, es que los bancos internacionales (incluyendo muchos bancos estadounidenses) se involucraron activamente, pidiendo a sus clientes que regularicen su situación fiscal en sus países de residencia.

¿Por qué lo hicieron? Por miedo a multas y otro tipo de represalias y porque las normas que los regulan así lo exigen.

Así las cosas, habiendo tanto dinero declarado, y por ende no riesgoso para las entidades financieras, los bancos van perdiendo interés en el dinero no declarado. Lo mismo sucede con los individuos.

Es innegable que en un futuro cercano no va a haber dinero no declarado en bancos de primera línea y esta es una de las razones por las cuales los precios de otros activos (joyas, autos de colección, arte, etc.) han ido en aumento.

(b) Los banqueros no son nuestros amigos.

Es muy habitual escuchar a clientes decir que no es necesario armar una estructura muy sólida porque cuando haya que hacer un cambio en la cuenta, por ejemplo, ante el fallecimiento de uno de los titulares, el banquero lo va a hacer “de onda”.

Si bien esto fue así durante un tiempo, no lo es más. Y no se trata de que los banqueros ahora no sean nuestros amigos, sino que ya no existe alineación de intereses. Los banqueros y los bancos para los cuales trabajan, tienen cada vez mayores obligaciones de compliance y reporting, y este tipo de favores serán cada vez menos frecuentes.

Y aun cuando en algún caso puedan darse, no es muy inteligente basar toda la estructuración patrimonial en esto.

(c) Estados Unidos no es la respuesta a todas las preguntas.

Es cierto que Estados Unidos ha tenido siempre un secreto bancario muy fuerte. De hecho, para muchos especialistas, entre los que me incluyo, siempre ha sido aún más fuerte que el tradicional secreto suizo.

También es cierto que, tras la irrupción de CRS, el país del norte se ha convertido en prácticamente la última frontera en planificación patrimonial.

Sin embargo, no es recomendable pasar por alto los signos que muestran claramente que, a un ritmo mucho más lento y manteniendo siempre una ventaja competitiva, Estados Unidos también avanza hacia la transparencia. Tampoco hay que olvidarse que Estados Unidos fue quien comenzó a inclinar irreversiblemente el péndulo hacia la transparencia con el U.S. Patriot Act, las sanciones a bancos europeos y luego la aprobación de FACTA.

En cualquier caso, hoy Estados Unidos brinda un poco de calma en medio de la tormenta; pero esa calma debe utilizarse para planificar y ejecutar esos planes y no para relajarse.

(d) Confluencia de la planificación offshore y onshore.

El avance de la transparencia en materia de información financiera y las amnistías fiscales que se han dado en todo el mundo en los últimos años, y que seguirán dándose, han creado un interesante fenómeno que ya no puede ser ignorado.

Tradicionalmente, los contribuyentes planificaban sus temas patrimoniales en dos mundos paralelos que no se tocaban. De hecho, era grave si lo hacía.

Estaban, por un lado, los activos declarados – mayormente ubicados en el país de residencia – cuya existencia conocía el contador del contribuyente y respecto de los cuales se planificaba, erróneamente, muy poco.

Por otro lado, estaban los activos internacionales, sobre cuya existencia los asesores locales de las familias en cuestión poco sabían. Estos activos en general si se estructuraban más que nada para evitar que al fallecimiento del dueño original de los mismos, tuviera que abrirse sucesión en el país de residencia.

Hoy en día esta separación se ha esfumado y lo mejor que pueden hacer las familias es incluir los activos locales e internacionales dentro de una misma estructura o, al menos, asegurar que haya consistencia y coordinación entre las múltiples estructuras existentes.

(e) Opciones.

Pasando a la práctica y aún cuando nos hemos referido a esto con anterioridad, las tendencias que se ven hoy en día en materia de planificación patrimonial no pasan por ocultar sino por estructurar.

La primera gran pregunta que hay que plantear respecto de cada activo es si es o no conveniente que el mismo quede dentro del patrimonio del cliente.

¿Por qué es importante hacer esta pregunta? Porque los contribuyentes deben pagar impuestos por aquellos activos que estén dentro de su patrimonio. La opción de poseer activos, no declararlos y por ende no pagar impuestos sobre ellos, va desapareciendo a pasos agigantados.

Si, analizado este tema, el cliente no está de acuerdo con los impuestos que en tal caso habría que abonar, entonces las únicas opciones que tienen son que el bien en cuestión salga del patrimonio o fijar su residencia fiscal real en un país donde se sienta cómodo respecto del nivel de impuestos a pagar. Para que esta segunda opción sea posible, es cada vez más importante además perder la residencia legal original.

La alternativa de excluir ciertos bienes del patrimonio del cliente es en general atractiva cuando se está frente a bienes que generan un ingreso y que por ende están sujetos al pago del impuesto a la renta.

¿De qué manera puede una persona dejar de poseer bienes que generen ingresos?

Los caminos son variados, resultando algunos obviamente más recomendables que otros:

  1. aportar los bienes a un trust irrevocable (estructura que hemos analizado en varias de las columnas anteriores de FinGuru);
  2. en aquellos países donde no está prohibida la contratación de un seguro en el exterior, utilizar los activos como pago de la prima correspondiente a una póliza de seguro (ya nos referiremos con mayor detalle a esta opción en alguna columna futura); o
  3. invertir en un fondo de inversión en el cual no se tenga el control y, mejor aún, que cotice en alguna bolsa de comercio.
Otra opción sería invertir en activos ilíquidos/fijos que no generen ingresos y por ende impuestos (más allá del impuesto a los bienes personales).

Obviamente, también se puede invertir el dinero en países excluidos del sistema financiero internacional que no estén afines al intercambio de información global (como ser, entre otros, Corea del Norte, Venezuela, Cuba o Sudán), claro que esto nos enfrenta a riesgos de otros tipos y seguramente mucho más difíciles de atenuar.

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