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Pregúntenle a Al Capone

Desde 1920 a 1933, la Constitución de los EE.UU. prohibió la venta de bebidas alcohólicas y aun así, su comercialización estaba presente en todo el país. Ahora las armas de fuego están en la mira.

“Yo pensaba que restringir la compra de armas era la solución. Ahora me doy cuenta que estaba equivocada”. Leah Libresco para el Washington Post.

No sé quién es Leah Libresco ni me interesa saberlo. La verdad es que estoy tan sorprendido que tuve que leer la nota dos veces para asegurarme que estaba en lo cierto. Sí, es verdad, el Washington Post (WaPo), tal vez el matutino norteamericano más anti-republicano, progresista y opositor de la Segunda Enmienda a la Constitución de los Estados Unidos, publicó esta semana una columna de opinión admitiendo que restringir la venta de armas no es la solución para reducir las muertes causadas por armas de fuego en este país. Me atrevo a decir que había más posibilidades que el gordo “come queso” Kim Jong-un, decida por fin lanzar una bomba atómica, que el WaPo permitir que alguien publique semejante confesión en una de sus ediciones impresas.

Pero el periódico propiedad de Jeff Bezos (CEO de Amazon) publicó esta sorprendente nota motivo por el cual hoy le robo lugar a un gurú financiero para escribir sobre el control de armas.

Cada instancia que en EE.UU. ocurre un evento donde una persona desequilibrada utiliza armas de fuego para matar a pobres inocentes, comienza el debate sobre la tenencia, portación y uso de armas de fuego. El debate es viejo y aburre.

Por un lado están los férreos defensores de la Constitución norteamericana que defienden la Segunda Enmienda y por el otro están aquellos que desean restringir toda venta de armas en el país, argumentando que la Constitución ya es antigua.

Los que están a favor de preservar los derechos constitucionales, dicen que nada, absolutamente nada, puede impedir que un loco consiga un arma (o diecinueve) y se suba al Piso 32 de un hotel para comenzar a disparar a cualquiera que se encuentre en el camino. Señalan que no se puede violar los derechos constitucionales de 310 millones de norteamericanos para impedir que algún delirante presione el gatillo. Advierten que si alguien quiere delinquir, va a encontrar la manera de hacerlo aunque tenga que quebrantar cuanta ley exista. Siempre hay maneras de lograr un cometido. Explican que, al fin y al cabo, no existe ley alguna que no pueda ser quebrantada por ciertos seres humanos que desean transgredirla.

Por el otro lado, se encuentran aquellos que dicen que la Constitución ya quedó anticuada y es necesario limitar al mínimo posible la venta de armas para evitar que estos eventos vuelvan a ocurrir. Argumentan que no hay necesidad de adquirir un arma de guerra para defenderse de intrusos cuando una simple pistola hace el truco. Explican que no entienden la necesidad que tienen muchos de contar con un arsenal de armas en sus hogares solo porque la Constitución lo permite. 

Automovilistas evitando una barrera.

No soy dueño de la verdad, no poseo ningún arma y comprendo la posición de ambas partes. Pero algo me queda bien claro: El Estado no puede hacer nada para impedir que una persona obtenga un arma de fuego, de la misma manera que el Estado no puede impedir la venta de drogas ilegales, de la misma manera que el estado no pudo impedir que 18 terroristas secuestren un avión y derrumben dos torres en la Ciudad de Nueva York.

Recuerden que, desde 1920 a 1933, la Constitución de los EE.UU. prohibió la venta de bebidas alcohólicas (Ley Seca) y aun así, su comercialización estaba presente en todos los rincones de país. Un tal Al Capone se hizo famoso gracias a la prohibición total de la venta de alcohol.

Si cada vez que un inútil mata a una persona con un arma obtenida legalmente o ilegalmente aparecen pedidos de derogar la Segunda Enmienda, ¿qué podemos hacer con los militantes radicalizados del Islam que con un automóvil atropellaron y mataron a más de 100 personas en las ciudades de Niza, Barcelona y Nueva York entre otras? ¿Restringir la venta de vehículos motorizados?

Según el American Enterprise Institute, una ONG norteamericana dedicada a desarrollar políticas de Estado para lograr una sociedad más libre y segura, desde 1993 hasta 2013, la venta de armas de fuego en EE.UU. creció 56%. Durante el mismo período, las muertes causadas por armas de fuego, cayeron 49%. Cada uno puede sacar su propia conclusión.

Según el FBI, hoy mismo, dos tercios de las 33.000 muertes anuales causadas por armas de fuego en EE.UU. son suicidios. ¡Suicidios, no matanzas grupales!

Si los motivos de dichas muertes son diferentes, las soluciones también deben serlas. EE.UU. debe diseñar cada ley para cada problema; no declarar la guerra a la Segunda Enmienda Constitucional.

No es apropiado utilizar una crisis inevitable para proponer leyes que no garantizan absolutamente nada. La historia y la actualidad son pruebas.