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¿Qué pasó con las potencias emergentes? El caso de los BRICS.

Las potencias emergentes de este siglo parecen estar viviendo una etapa difícil. Los BRICS están atravesando el desafío que determinará su status como potencias emergentes o se transformarán en potencias ‘sumergentes’. ¿Deberán poner en orden sus casas para salir a jugar?

¿Qué pasó con las potencias emergentes?

Desde inicios de este siglo parece existir un consenso generalizado de que el mundo se encuentra en una etapa en donde el poder está más desconcentrado, pero que no llega a ser un mundo multipolar. Ciertos países están en mejores condiciones para ascender a una categoría de poder superior a la que tuvieron en décadas anteriores.

Como ejemplo de estos países podemos encontrar al grupo BRICS. Esto nace como reacción a un estudio del grupo de inversión Goldman Sachs de 2001 sobre la capacidad económica, identificando a los mercados que, por su dimensión y crecimiento potencial, podrían lograr un influyente rol como motor de la economía global. Brasil, Rusia, India y China, actuaron como respuesta y vieron esta oportunidad para legitimar su pretensión de protagonismo en el sistema internacional, porque al ser considerados como los futuros motores de la economía mundial, ganaban un disparador para estructurar una estrategia de ascenso como potencias emergentes. Entonces el grupo BRICS surge en un sentido económico para luego transformarse en un foro informal de naciones que buscan incidir en los debates y decisiones de la gobernabilidad global. La incorporación de Sudáfrica, personificando la S del acrónimo BRICS, se da para ganar representatividad pero también obtener alcance político.

Los BRICS ganaron prestigio como las potencias emergentes del Siglo XXI. La atención inicial a sus capacidades reales como el territorio, la población y los recursos materiales, termina viéndose obnubilada por la actividad diplomática de sus funcionarios. Los discursos y análisis pecaron de optimismo sobre la proyección de ascenso de estos países como potencias emergentes. Hoy en día, a 15 años del estudio que dio nacimiento al grupo BRICS, poco se habla de este bloque y la realidad demuestra que cada uno de ellos está enfrentando retos propios y de coyuntura regional, que los llevan a enfocarse primordialmente en su esfera política interna.

Ascenso prematuro

Dentro de la estrategia de los BRICS por posicionarse como potencias emergentes y ser interlocutores válidos entre las ya consideradas potencias y países en desarrollo, se ve la necesidad de reafirmar la condición de "emergente" a través de la construcción de una perspectiva que el resto del mundo tiene de estos países y su correlato en la propia imagen 

La mirada externa y la percepción propia construyen una retórica que se basó inicialmente en los recursos reales, pero que luego se transformó en una serie de promesas que no se tradujeron en verdaderas cuotas de poder. Esa tendencia a exagerar el poder, provocó que estas perspectivas proyecten el rol que debería ocupar el país en el futuro asumiendo una tendencia de crecimiento constante, generando la condición de "potencia prematura" sin tener en cuenta otras dimensiones como la política, la militar o la cultural.

De esta forma, se obligó a estos países a estar a unos estándares demasiado altos para su real condición actual. La sobreestimación de sus cualidades, habilidades y recursos han llevado a un proceso paralelo de aumento del temor a la vergüenza. Estos países comenzaron a tomar consciencia de que una exposición internacional como la que estaban llevando a cabo, ante el primer obstáculo o situación de debilidad, provocaría una humillación mundial y mediática que afectaría gravemente no sólo su status sino que podría generar costosas consecuencias como un retroceso económico y político, y una crisis en la propia identidad.

La falla fue caer en el autoengaño y la consciente omisión del resto de los atributos necesarios para sostener el status de potencia. Cuando uno de los requisitos primordiales para estos países es tener plena consciencia de las capacidades reales, de los obstáculos y de la estrategia discursiva. Todo se sustentó en el análisis de Goldman Sachs de únicamente sus atributos económico-financieros, los cuales servían de guía para el mundo de las inversiones.

Las potencias emergentes de este siglo, personificadas en el grupo BRICS, se diferencian de las potencias emergentes de la Guerra Fría como Canadá, Australia o Suecia, en que no provienen ya del centro, sino de la periferia y eso tiene inferencias en dos sentidos:

Primero, los BRICS no suponen, ni en sus inicios, una amenaza a la estabilidad mundial y regional, pero sí cuestionan el orden internacional reclamando mayor participación y equidad. Aun así, participan activamente en los organismos internacionales y en reuniones informales para usar los mecanismos del sistema internacional en su favor.

Segundo, "sus casas no están en orden", la existencia de hechos de corrupción, de desigualdad, de violación de los derechos humanos significa que su población no tiene sus necesidades básicas, sociales y económicas, plenamente satisfechas. Lo cual desde hace unos años evidencia ser el principal obstáculo para estos países. El menor crecimiento de la economía de China, la crisis política y social de Brasil, la contracción de Rusia, el aumento de la xenofobia en Sudáfrica y el deseo de otros países por convertirse en potencia, reflejan un momento de convulsión que este grupo de países deben enfrentar, en un contexto de pérdida de brillo e impulso.

¿Cuál es la situación actual de sus partes?

Empecemos por Brasil. Sumido en una crisis política y social, este país atraviesa un difícil momento en su historia. Actualmente sólo contribuye al 1,2% del comercio mundial, es un “gigante en casa, pigmeo afuera”, se contrajo un 4% en 2015 después de una década de crecimiento sin precedentes, hay una marcada división de clases que por ahora disimula el odio racista, con un ‘impeachment’ como proceso constitucional o como un golpe blando, dependiendo de la perspectiva e intereses de quien lo mire, en donde nada está claro. La opinión pública cree que se destituyó a la presidente por corrupción cuando la causa fue la violación de la Ley de Responsabilidad Fiscal para alcanzar más equilibrio entre ingresos y gasto en el presupuesto. Con un nuevo gobierno interino, que debería durar 180 días, donde el presidente interino Temer cuenta sólo con un 2% de poder de votos en una posible elección, el 60% de la población pide su renuncia y el 58% opina que debería ser sometido a juicio político . Esto abre el juego a una región que había intentado anteriormente amalgamar el rol de potencia de Brasil pero fracasó y ahora se amplía el margen de influencia política y de liderazgo para otros países de la región como Argentina, a condición de demostrar capacidad de gestión y cohesión.

El que le sigue es Rusia. Este país no debe ser considerado una potencia emergente sino reemergente, por ser el heredero de la superpotencia soviética de la Guerra Fría. Sin embargo, la caída de los precios del petróleo, industria que conforma la columna vertebral del país, la tensa situación con Ucrania y las consiguientes sanciones económicas, produjeron una fuerte contracción de la economía rusa. Esto provocó una caída del rublo y del PBI a pesar de que recientemente Putin declaró que el país salió de la contracción luego de tres años de recesión.

Por su parte, India es el que muestra mejores perspectivas. Mantuvo sus tasas de crecimiento constantes. En 2015 creció a un ritmo del 7.5% siendo mayor que el crecimiento chino, lo cual hace que algunos analistas se pregunten si constituye la ‘nueva China’. Sigue siendo atractiva para el comercio y la inversión y tiene status en más de una dimensión. Además de una fortaleza económica, posee poder duro, tiene fuerza militar y cuenta con potencia nuclear. En términos políticos, es la mayor democracia del mundo, siendo ejemplo de que es posible el mantenimiento del régimen político a pesar de las diferencias y desigualdades. Sin embargo, todavía está por verse cómo se enfrenta la fuerte desigualdad interna social para consolidar su legitimidad como potencia.

China, incluso el considerado motor de la economía tras la crisis de 2008, presenta una desaceleración gradual. Para el 2016 se propone un crecimiento anual del 7%. Parecería paradójico ver esta cifra como decepcionante, pero es necesario tener presente que el país ha vivido cifras que alcanzaron los valores entre los 10 y los 14% de crecimiento hace apenas pocos años. A pesar de que la devaluación tiene que ver con un cambio de foco en la estrategia de mercado, el yuan alcanzó su menor cotización desde 2011, devaluando en una magnitud que no se conocía desde 1994 (6). El país representa el 16.5% del PBI mundial, el 14.3% del comercio mundial y posee reservas de 3.44 billones de dólares, siendo así el país con más reservas en moneda extranjera constantemente en aumento.

Por último está Sudáfrica. Los factores que caracterizaron su status de potencia regional y emergente, hoy están en crisis amenazando su permanencia como potencia . Su moralidad comenzó a resquebrajarse evidencia de esto es el aumento de la xenofobia y el comportamiento de sus fuerzas de seguridad, además de que su economía ya dejó de ser la primera del continente y no termina de despegar golpeada por la situación de su principal socio comercial, Europa. Aparecen otros países que desafían ese status y reclaman ser considerados potencias regionales, Nigeria y Angola, la primera por su poder económico, y la segunda por su capacidad moral.

Sólo India y China son quienes realmente tienen capacidad para mostrar influencia económica en el contexto actual, mantienen su status de megaeconomías y su soft power. Hay que esperar a ver cómo sale Rusia de la recesión, como Sudáfrica hace frente a los problemas sociales-económicos y cómo Brasil se recupera de una crisis que trasciende lo político.

La coyuntura actual representa el momento preciso para evaluar el status que tendrán estos países en un futuro no muy lejano. Si pueden enfrentar el desafío y salir victoriosos encontrarán con que el rol de potencia emergente les será adecuado e incluso podrían dejar de mantener el adjetivo de emergente. En el caso de una respuesta tardía, torpe, confusa o lo que es peor, no tener la capacidad de hacer frente al actual desafío, podrían estar en el otro extremo. Al ser considerados una potencia ‘sumergente’, por ser países que estaban sumergidos con anterioridad, que luego tuvieron una emergencia por contar con atributos que están en auge durante una época, pero que luego vuelven a caer, a sumergirse, se contraen porque esos atributos ya no son preciados, porque tiene políticas de derroche, problemas de cohesión interna o por shocks externos, y dejar en evidencia su condición de prematuros.

En muchos de los casos, será necesario poner en orden la casa, para salir a jugar. Deberán enfocarse en los desafíos internos que afectan directamente a su población y que dotan de ilegitimidad a su accionar político. Sólo así lograrán replantear la estrategia de su política exterior, en un contexto donde se espera la recuperación de Europa y el fortalecimiento de Estados Unidos. Las tasas de crecimiento que en algún momento fueron excesivamente altas ya no lo son y esta misma desaceleración, amenaza con ser lo que ocurra en un futuro.

Fuentes: South American Business Forum Blog

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