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Right-To-Try: Un concepto libertario difícil de encajar

Enterate de la nueva polémica de Donald Trump, esta vez se metió con los tratamientos médicos experimentales.

Situaciones extremas, requieren medidas extremas

¿Quién no se ha encontrado alguna vez buscando diferentes opciones médicas en contextos delicados? La imperiosa necesidad de encontrar alternativas para un ser querido, familiar o amigo nos lleva a dejar de lado nuestra faceta racional, para dar paso a nuestro lado primitivo. Debido a la vasta cantidad de ensayos preclínicos y clínicos que están siendo evaluados para poder llevarlos al mercado, el presidente Donald Trump propuso el “Right-To-Try”.

¿Qué es el “Right-To-Try”?

Aquellos pacientes en estado terminal que hayan agotado todas las instancias de tratamientos o drogas alternativas, tienen el derecho de probar drogas que se encuentren en etapa experimental. Esto significa, drogas que aún no han sido testeadas previamente por la Food and Drug Administration (FDA).

Este artículo tiene como objetivo plantear porqué determinados conceptos libertarios no sólo no son completamente compatibles con la parte sanitaria, sino que también la presencia de un jugador neutro, escéptico e independiente es esencial.

En resumidas cuentas, por qué la implementación del “Right-To-Try” es un error.

Decisiones racionales vs. impulsivas

Dentro del mercado, el sistema de intercambio de bienes y servicios se desarrolla a través de la capacidad de los agentes de generar descubrimientos. Esto significa que, tanto oferentes como demandantes sean capaces de absorber la mayor cantidad para poder maximizar sus beneficios y reducir sus márgenes de error al momento de tomar una decisión.

Debido a la naturaleza cambiante del mercado y al lema utópico llamado “información simétrica”, es en el área sanitaria dónde uno puede encontrar mayor cantidad de excepciones respecto de las reglas económicas que propone la escuela austríaca.

Si bien queda fuera de discusión que el libre mercado es un espacio donde se protege el marco competitivo, es necesario evaluar con mayor profundidad los participantes y factores que intervienen en este nicho. ¿Por qué? Porque no sólo se cuenta con la presencia de pacientes, sino que también se debe analizar el factor psicológico y social que causa el desarrollo de nuevas drogas y tratamientos.

Veamos en detalle…

Durante estos últimos 5 años, nos hemos hecho eco de diferentes avances médicos únicos en la historia: curas para enfermedades como la Hepatitis C, casos de remisión en pacientes con ciertos tipos de cáncer (como el cáncer de mama en etapa temprana, leucemia linfoblástica aguda, entre otros), desarrollo de terapias génicas para personas no videntes y hasta la aprobación del primer iris artificial, entre otras.

Si bien debemos sentirnos privilegiados por ser testigos de esta maravillosa época científica, también debemos ser extremadamente cautelosos con el manejo de la información.

Las esperanzas que generan los nuevos tratamientos hacen que los pacientes y entorno familiar, con el afán lógico de querer tener acceso a estos nuevos recursos, no evalúen los tratamientos de manera objetiva y racional sino de forma sesgada e impulsiva.

Separando las responsabilidades

Las compañías

En más de una oportunidad me ha tocado cubrir reportes de compañías en dónde la omisión de información respecto a casos de toxicidad resulta moneda corriente. El último caso puntual fue Solid Biosciences ([SLDB]) quien realizó un IPO en enero de este año y tuvo un excelente desempeño en la bolsa. La compañía contó con recomendaciones de compra por parte de JP Morgan, Leerink y Goldman Sachs, y durante su primer día en Nasdaq operó 75.8% por encima de su precio inicial al cierre de la jornada.

Así y todo, la empresa omitió declarar en dos de sus formularios S-1 presentados ante la Securities and Exchange Commission (SEC) que la Food And Drug Administration (FDA) había suspendido en noviembre del 2017, uno de sus ensayos clínicos principales luego de advertir problemas de toxicidad a raíz de su uso. Sumado a esto el Dr. James Wilson, pionero en desarrollo de terapia génica, decidió apartarse de la compañía y expuso en un artículo los detalles y motivos por el cual era extremadamente peligroso aplicar ese tipo de producto en pacientes con enfermedades neurodegenerativas. Este tipo de tratamiento no ha sido aprobado aún, pero con la nueva reforma del “Right-To-Try”, los pacientes pueden acceder a ella.

Los pacientes

Es falso afirmar que no se cuenta con canales alternativos para aquellos pacientes en etapa terminal. La FDA cuenta con sistemas como el “Uso compasional” y solicitudes de uso de drogas experimentales que son aprobadas mensualmente en casi su totalidad. Las mismas están supervisadas bajo las normas de seguridad de la FDA que garantizan los protocolos de control de riesgo para no exponer al paciente a un mayor peligro. Este tipo de maniobras hace que el paciente no sólo tenga acceso a las terapias que pueden ayudar en su enfermedad, sino que también se desvincula de responsabilidad sobre el paciente.

En este punto es dónde retomo el concepto y la importancia de un jugador objetivo, autónomo y escéptico a la hora de analizar las terapias en curso en este sector en particular. Bajo el “Right-To-Try”, no sólo que es falso que los pacientes tendrán acceso a tratamientos más seguros (ya que la FDA no tiene suficiente control sobre drogas experimentales de esta índole), sino que también es falso que todos los ensayos clínicos estarán disponibles. Son las compañias las que deciden su adhesión o no al plan “Right-To-Try”.

Si bien el libre mercado impulsa a que las sociedades sean cada día más prosperas, hay que aprender a no radicalizar las posturas económicas que enseña la escuela austriaca.

En el mundo y en el mercado existen excepciones: Bio es una de ellas.