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Según New York Times: Tesla tiene a la venta algo más atractivo que los autos: su historia

El valor de mercado de Tesla es de casi USD 49.000 M y no solo es mayor que el de Ford, automotora que el año pasado obtuvo cerca de USD 11.000 M en ganancias, sino que está a una distancia muy corta de General Motors, empresa que ganó USD 9400 M.

A inicios de enero, Elon Musk, fundador y director ejecutivo de Tesla, entra a la Trump Tower para sostener una reunión con el entonces presidente electo.

A pesar de que las acciones de Tesla se dispararon a más de USD 300  esta semana y que el valor de mercado de la empresa rebasó el de Ford, incluso su fundador, Elon Musk, reconoció en Twitter que la empresa estaba “absurdamente sobrevalorada si era con base en el pasado”.

Por “el pasado” es probable que se refiriera a mediciones de valor anticuadas, como las relaciones precio-ganancia o precio-ventas, los criterios tradicionales para evaluar los precios de las acciones. Según estas mediciones, Tesla, una empresa que el año pasado perdió USD 773 M, por supuesto que es fuera de serie.

El valor de mercado de Tesla es de casi USD 49.000 M y no solo es mayor que el de Ford, automotora que el año pasado obtuvo cerca de USD 11.000 M  en ganancias, sino que está a una distancia muy corta de General Motors, empresa que ganó USD 9400 M.

En contraste con Tesla, las acciones de Ford y GM han caído recientemente por temor a que las ventas de automóviles hayan llegado a un tope cíclico. Los ejecutivos de Ford y GM no quisieron hacer comentarios sobre el incremento en las acciones de Tesla, pero no es descabellado que se estén agarrando de los pelos de la frustración.

“Es una locura”, dijo Bruce Greenwald, profesor de la Escuela de Negocios de Columbia y experto en inversiones de valores, refiriéndose al valor de las acciones de Tesla. “Los inversionistas creen que dominará el mercado que nunca ha dominado otra empresa”.

Sin embargo, Tesla no es un capital accionario, o una empresa, que se mida con el pasado, como bien sabe su fundador. Musk también escribió en Twitter que los precios de las acciones representan “flujos de efectivo ajustados por riesgo a futuro”, y Tesla prácticamente es un futuro utópico con poderosos vehículos autónomos, confiables y seguros, que obtienen su energía de baterías con celdas solares y son amigables con el medioambiente.

En este sentido, Tesla ha ascendido al reino exclusivo de las llamadas story stocks (o acciones con historia): empresas cuyos inversionistas están tan hechizados que el precio de sus acciones es inmune a cualquier medición tradicional porque sus historias son simplemente muy buenas como para no ser ciertas.

Además, el desaliento para los vendedores al descubierto, quienes creen que tienen razones fundadas de sobra como para apostar en contra de este tipo de acciones, es que el precio de las acciones se puede quedar años, incluso décadas, en la estratósfera.

Estas story stocks son relativamente extrañas, pero para nada nuevas (el término lo acuñó James Moniter, inversionista de valores y miembro del equipo de asignación de activos de GMO, una firma de gestión de inversiones). Las acciones de Amazon ascendieron durante décadas, incluso sin que hubiera ganancias significativas. Un ejemplo más reciente es el padre de Snapchat, Snap, empresa que está acumulando grandes pérdidas mientras sus acciones se compran en una relación astronómica precio-venta de casi 50, mucho más alto que los 7 de Tesla (en comparación, Ford está en 0,3).

Amazon y Snap tienen historias cautivadoras para muchos inversionistas: Amazon ha transformado la venta al menudeo y está destinada a dominarla. Snap está reinventando las comunicaciones, al menos para los millennials y los más jóvenes.

A pesar de que siguen siendo empresas privadas, los inversionistas que primero apostaron a favor de Uber y Airbnb las han valorado en múltiplos estratosféricos, principalmente con base en la noción de que Uber transformará y dominará el transporte local y que Airbnb revolucionará la industria hotelera.

Para las story stocks, cualquier acontecimiento que confirme la historia puede provocar un incremento en las valoraciones, que de por sí son altas. Esta semana Tesla reportó sus ventas trimestrales, las cuales estuvieron modestamente arriba de las expectativas, y las acciones aumentaron siete por ciento en un día. Este año, las acciones de Tesla subieron casi 40 por ciento, a pesar de que en enero muchos inversionistas las consideraron sobrevaloradas.

El año pasado, Ron Baron, inversionista multimillonario y fundador de Baron Capital, reveló que poseía cerca de 1,6 millones de acciones de Tesla. En febrero, Baron predijo en CNBC que las acciones de Tesla se cuadriplicarían para 2020 y se triplicarían de nuevo para 2025. Para ese entonces, espera que Tesla se convierta en la empresa más grande del mundo según las mediciones de la capitalización bursátil.

Para todo el entusiasmo y las promesas que hay alrededor de este tipo de empresas, se cuentan muchas historias con moralejas al respecto de ellas.

“Las historias son geniales para antes de dormir, pero son desastrosas como técnica de selección de acciones”, escribió Montier en su libro de 2009, Value Investing: Tools and Techniques for Intelligent Investment. Si algo es caro cuando se toman de base las métricas tradicionales de valoración, “más vale que hayas creído su historia, porque es lo único que tendrás”.

(Un vocero de Tesla señaló que Musk no estaba disponible para comentar).

Diversos estudios han demostrado que, en promedio, a las acciones con una relación alta de precio-venta les va significativamente peor que la media del mercado. Por cada Tesla o Uber, hay un Valeant Pharmaceuticals o un Theranos: dos story stocks que sedujeron a una variedad de inversionistas y adeptos importantes con historias que sí resultaron demasiado buenas para ser verdad.

Y aunque muchos inversionistas tiendan a tener mala memoria, la llamada “burbuja de los puntocom” que se dio a finales de la década de 1990 engendró una gran cantidad de story stocks, de las cuales casi ninguna tiene valor y la mayoría está en el olvido.

No obstante, Montier reconoció lo siguiente: “Las historias son cautivadoras”. Les son atractivas a la intuición en vez de a la razón. “Pero tal vez los inversionistas podrían ser bien aconsejados y seguir el ejemplo de Odiseo, poniéndose cera de abeja en los oídos y atándose al mástil para evitar el llamado desastroso, pero, oh, tan atractivo, del canto de las sirenas”.

¿Tesla será una de las raras excepciones y, como predijo Baron, emergerá como la empresa más valiosa del mundo?

Hasta ahora, la empresa ha vencido a muchos escépticos con su ejecución casi perfecta, con la alta calidad de sus vehículos y con los altos niveles de satisfacción de los consumidores. Ya no es una empresa novel: entregó 25.000 vehículos en el último trimestre. Está en camino de lograr economías de escala, y la empresa asegura que el margen bruto de cada vehículo está encima del 20 por ciento, mucho más arriba del promedio de la industria. Lo anterior podría llevar a una enorme cantidad de ganancias futuras.

Sin embargo, no es la historia —o historias— de Tesla a la que están apostando los inversionistas.

Adam Jonas, un analista de automovilismo de Morgan Stanley, quien difícilmente es un optimista soñador cuando se trata de la industria, afirmó que las acciones de Tesla crecerían en enero. Jonas señala que la nueva tecnología de manejo autónomo de la empresa es una atractiva característica de seguridad que reducirá significativamente las lesiones y muertes de los ocupantes y los peatones. Esta semana, afirmó que esperaba que “la seguridad del vehículo fuera la diferencia principal en la ofensiva de los próximos productos de Tesla”, con lo cual se refería a la muy anticipada introducción del nuevo Model 3 de bajo precio de Tesla, el cual estará equipado con la tecnología nueva.

Ese auto Tesla es un vehículo completamente eléctrico que no utiliza combustibles fósiles y es amigable con el medioambiente; la historia que alguna vez emocionó a los inversionistas… prácticamente no se menciona.

Aún más futurista es la idea de que los autos Tesla serán completamente autónomos y capaces de ir por las calles casi todo el tiempo (salvo cuando se estén cargando en las estaciones de Tesla con cargadores de baterías de alta velocidad). En esta visión, los dueños de los autos Tesla compartirán sus vehículos con Tesla cuando no los utilicen, y en ese tiempo llevarán a otros pasajeros para ser la versión Tesla de Uber. De este modo, Tesla afectará el dominio naciente del mercado que tiene Uber.

Además, ya no se percibe a Tesla como un fabricante de vehículos. Con su tecnología solar y de baterías, está en posición de dominar otros dos segmentos enormes de la industria. Tesla “está reinventando la red eléctrica”, como dijo Baron en CNBC. “Esa es una mejor oportunidad que los autos”.

Aunque todo eso suceda, podría no ser suficiente para justificar la valoración de Tesla, a menos que pueda mantener la ventaja competitiva con el tiempo, como señaló Greenwald, el experto en inversiones de valor. Tesla está gastando a lo grande en investigación y desarrollo, y tal vez será difícil o imposible que otros reproduzcan su tecnología. Las automotrices consolidadas han tenido años para alcanzar o rebasar al Model S de Tesla, pero no han obtenido un éxito evidente.

Sin embargo, para los inversionistas de valores que están comprometidos, las cartas están echadas: “¿Acaso Tesla dominará su industria? Esa es la pregunta clave”, dijo Greenwald. “Cuando se trata de la industria global del automóvil, nadie lo ha logrado y lo más probable es que nadie lo logre”.

Fuentes: New York Times