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Trumpattack

El sector automotriz ha sido el blanco perfecto para empezar a concretar las promesas de campaña en Estados Unidos y con el cual intentar dar el golpe inicial. Donald Trump sabe que los primeros cien días son los más importantes.

La verborragia del electo Presidente, que asumirá en tan sólo una semana, tiene a los empresarios en vilo. Los mercados por ahora acompañan y celebran el plan de reactivar la economía de los Estados Unidos sobre la base del gasto público, la inversión en infraestructura, e incentivar a los norteamericanos a que produzcan y compren en ese país. A eso se debe sumar la rebaja impositiva y la intención de que sea repatriado gran parte del dinero que se encuentra en otras jurisdicciones, bajo el amparo de regímenes impositivos más laxos a la hora del pago de impuestos (Apple y Google son dos ejemplos muy claritos de adónde fueron depositando ese dinero del flujo de caja sobrante, resultado de sus respectivos ciclos de negocios).

Donald Trump prometió en campaña aplicar políticas proteccionistas y ya comenzó a dar señales contundentes. Según la estadística sectorial, de las fábricas mexicanas sale el 10% de los autos que se venden en Estados Unidos. El sector automotriz ha sido el blanco perfecto para empezar a concretar las promesas de campaña y con el cual intentar dar el golpe inicial. Como buen político, Trump sabe que los primeros cien días son los más importantes, es cuando debe dar a conocer cómo llevará a cabo su política económica con las medidas iniciales, o cómo fracasará en el intento.

Detroit está que arde. Las "Big Three" han recibido directivas explícitas de producir sus autos en Estados Unidos y no en otro lugar. Ford ya sintió en carne propia, en plena campaña, la negativa de Trump a que produzca en México en lugar de Estados Unidos. Hace unos días anunció que daba de baja su plan de inversión en una planta de México por 1,6 mil millones de dólares. Ford usará una planta ya existente para sus vehículos chicos e invertirá 700 millones de dólares en Michigan para producir autos eléctricos.

Fiat Chrysler, por otro lado, ya dijo que se ajustará si las reglas cambian: si tiene que salir de México porque los aranceles son muy elevados, lo hará. Nadie quiere contradecir a Trump. Ford siente la presión de mantener la producción de camionetas y camiones en Estados Unidos, por más que sea más eficiente producirlos del otro lado del Río Grande. Recordemos que fue el Estado norteamericano quien salvó a Chrysler con un rescate en el 2009, cuando su situación era más parecida a una quiebra. Hoy sus dueños son italianos y tampoco tienen objeciones a esos condicionamientos.

La ambición de Trump sobrepasó las fronteras, ya que amenazó a la japonesa Toyota con altos aranceles a las importaciones si apostaba por producir en México para luego exportar a los Estados Unidos. Y todo por Twitter. La respuesta no se hizo esperar: la automotriz dijo que invertirá al menos diez mil millones de dólares en suelo norteamericano durante los próximos cinco años (en sus plantas, en una nueva sede en Plano, Texas, y en el desarrollo de vehículos autoconducidos). Hoy, 136 mil trabajadores son testigos de la apuesta que la mayor productora de autos del mundo hace al mercado norteamericano. Pero acaba de inaugurar una planta en Guanajuato para producir, a partir de 2019, hasta 200 mil unidades del Corolla, que actualmente se produce en Cambridge (Canadá) y Misisipi (Estados Unidos).

Todos sabemos que aranceles más altos no sólo reducen el comercio mundial, sino que son un impuesto que implica precios más altos para el consumidor. Y, en definitiva, llevan a una baja en la eficiencia o la competitividad de la producción local. Si ese es el caso para este proceso que está por venir, es de esperar represalias de algunos socios comerciales directos de Estados Unidos. Y eso que todavía Trump no mostró sus armas contra China. Solamente coquetea con Taiwán a sus espaldas, lo cual es suficiente para hacer enojar a cualquier potencia que desconozca la soberanía de una nación que se independizó de ella.

General Motors ya produce en China e importa a Estados Unidos. Pero en México, de los 700 mil vehículos que produjo en 2016, el 70% de las partes usadas fueron producidas en los Estados Unidos. El tema es más complicado de lo que parece. ¿Las políticas de Trump no terminarán de crear un problema adicional?

Otros capítulos se abrirán en industrias con mano de obra intensiva para que se vuelva a creer nuevamente en el "sueño americano". Pero también es importante decir que la tendencia mundial fue, hasta ahora, hacia la globalización; y que en la actualidad el 90% de los puestos de trabajo creados es en el sector de servicios. Que, en realidad, la tendencia declinante de la mano de obra ocupada en la industria manufacturera no es propia de los Estados Unidos en los últimos años, sino más bien del mundo entero. Otras industrias podrían verse presionadas, como la electrónica de consumo, para buscar íconos a la cabeza como es el caso de Apple, que produce la mayoría de sus Iphones en China, Italia y Brasil.

Fuentes: Infobae