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Una noticia histórica

El anuncio que hizo Alfonso Pray-Gay fue histórico. Pocas veces he visto una noticia que demuestra tanta fuerza en sí misma.

Luego de los anuncios, las estimaciones del blanqueo se dispararon a más de US$ 120.000 millones. De llegar a esa cifra, apenas el 6% fue sacado del “colchón” y de cajas de seguridad, lo cual podría haber sido mejor aún si se hubiese implementado un impuesto diferencial (más bajo) para aquel que no fugó al exterior sus ahorros. Pero, igualmente, el Gobierno ya recaudó el equivalente al 1% del PIB e irá en aumento, aunque ya esté comprometido para el pago a los jubilados.

Demuestra fe en la política económica y en el nuevo rumbo que tomó Argentina, y ese es un factor muy importante teniendo en cuenta que el anterior blanqueo, que terminó hace un año, había llegado a “apenas” US$ 2.595 millones, habiéndose prorrogado 9 veces. Un fracaso teniendo en cuenta que existían en ese momento entre US$ 250 y US$ 400.000 millones no declarados fuera del sistema financiero argentino.

Los bonos, en alza

Los bonos argentinos no tardaron en acusar el impacto: la recuperación de precios en los dos últimos días fue muy fuerte y ya alcanzó, para la mayoría de los bonos largos, los valores de los dos días después de la victoria de Donald Trump. Es decir que recuperaron más de la mitad de la caída, con un descenso del riesgo país hasta los 455 puntos. No sólo impacta el dato del blanqueo sino además el desgravamiento impositivo que implican para un residente argentino: no pagan ni Impuesto a las Ganancias ni a los Bienes Personales.

Es decir que podemos concluir que se está dando un final de año con un tono positivo en lo financiero. Incluso con el “efecto Trump” en el medio: el golpe que le dio junto a la Fed a los bonos produjo un antes y un después en materia de rendimientos y tasas de interés que es muy importante destacar, sobre todo por las implicancias para nuestro país: impactó de lleno en los bonos soberanos largos, así como también de aquellas empresas apalancadas y con calificaciones más bajas.

Los bonos argentinos a diez años (AA26) emitidos en abril mostraron un crecimiento de 7% hasta Trump, para luego retroceder lo ganado, cerrando el año ligeramente positivo. Recordemos que los bonos argentinos son los de mayor rendimiento en la aegión, a excepción de Ecuador y Venezuela. Argentina posee un riesgo país de 455 puntos básicos, contra 632 de Ecuador y 2.152 de Venezuela.

Pesos y precios

Medidos en pesos, los bonos soberanos acumulan un recorrido alcista del 30% en promedio, pero los bonos largos en pesos más del 40%. Ajustado por riesgo, la estrella sigue siendo la Lebac: con un vencimiento muy corto de 35 días, el rendimiento acumulado es del 36% si asumimos una reinversión constante del capital y los intereses. Un plazo fijo (minorista) acumuló 25% reinvirtiendo todo a lo largo del año. La meta de inflación oficial es entre 12% y 17% para el año próximo, un rango difícil de alcanzar, pero que posiciona a los retornos a tasa fija en pesos con un muy buen rendimiento. Incluso en dólares porque no estimamos una devaluación superior a la tasa de inflación. En diciembre, el consenso privado (REM) mostró un aumento de medio punto en las previsiones de inflación para 2017, pasando de 19,7% a 20,2% de un mes a otro.

Las últimas decisiones de tasas de interés del BCRA, que mantuvo sin cambios la tasa de la Lebac a 35 días en 24,75% por un mes seguido (a la par de la importante inyección de pesos en el sistema para cubrir las necesidades de liquidez estacionales), es un aliciente para que el tipo de cambio no se dispare y aborte el control de precio que viene haciendo la autoridad monetaria y que proyecta la evolución de los precios al 20% anual (la variación interanual a noviembre fue del 43%, según privados). A partir de la semana que viene la tasa de referencia para la política monetaria será la de pases a siete días, pero se seguirá mirando de reojo a las Lebac.

Los cambios

La salida del Gobierno del ministro de Hacienda y Finanzas Públicas y la incorporación de Nicolás Dujovne en Hacienda es un hecho positivo para aquellos que quieren ver metas de déficit fiscal serias y cumplibles en el tiempo, entre los cuales me incluyo. Fue el primer comentario que realizó, y viene a atacar el flanco débil de la política económica, que además no generó crecimiento luego de provocar una fuerte retracción del consumo, entendible en parte por los desequilibrios de la gestión anterior que se intentaron solucionar.

El mundo

Los mercados emergentes volvieron a sufrir en los últimos meses a través de la caída de sus monedas, aunque para el año terminaron con una recuperación de los derrumbes de los dos años previos. Una suerte de rebote aliviador.

Cuidado con el escenario de tasas mundiales de cara al 2017: las potenciales presiones inflacionarias harán que más países centrales comiencen a reducir sus políticas monetarias ultraexpansivas, tal como lo viene haciendo la Fed (que subiría dos veces en el año las tasas de interés, y no más como ha amenazado). Una tasa de inflación esperada más alta en EE.UU. invita a la Fed a ser más agresiva en materia de tasas de interés, lo cual fue confirmado hace unas semanas. Eso reforzó la suba del dólar y atrajo más capitales a la mayor economía mundial que se suman a los fondos que escaparon de aquellos países que comenzarán a intercambiar información financiera: EE.UU. seguirá siendo el mayor paraíso fiscal del mundo.

Este proceso de la periferia al centro continuaría en 2017, en un año en el que el mundo aceleraría su crecimiento al 3,4%, y en donde EE.UU. se irá haciendo fuerte. Recién veremos los efectos plenos de las políticas de Trump en 2018 con tasas por encima del 3%. Habrá espacio para seguir invirtiendo en acciones en la mayor economía mundial, especialmente en los sectores financiero, industrial, energía (petróleo) y consumo discrecional. La eurozona y Japón (0,9%) crecerían modestamente y seguirán asistiendo a su economía. China, por su lado, desaceleraría al 6,50% y los riesgos sobre su deuda siguen latentes, pero los recientes indicadores de actividad.

Fuentes: El Economista