1. Inicio
  2. Ya blanqueé (o no)… ¿Y…

Ya blanqueé (o no)… ¿Y ahora qué?

Calificar el sinceramiento fiscal como el más exitoso de la historia (lo sea o no) o auto-proclamarnos campeones mundiales en la materia parece muy divertido, pero a la vez se trata de motes absolutamente vacíos de contenido que no explican lo que pasó ni lo que va a pasar de aquí en más.

Todo tiene un final, todo termina…

Cada vez que los medios tratan un tema de forma monolítica y uniforme, me permito sospechar tanto de la profundidad como de la objetividad del análisis en cuestión. Es que en la vida hay pocas cosas que son blancas o negras y por ende admiten una única lectura; y la amnistía fiscal argentina no es en absoluto una de ellas.

Parece muy divertido calificar el sinceramiento fiscal como el más exitoso de la historia (lo sea o no) o auto-proclamarnos campeones mundiales en la materia (se ve que los argentinos estamos necesitados de ganar algo luego de tantas finales perdidas), pero a la vez se trata de motes absolutamente vacíos de contenido que no conducen a nada ni explican lo que pasó ni muchísimo menos lo que va a pasar de aquí en más.

Y justamente a estas cuestiones queremos dedicar la última columna que vamos a publicar en FinGuru antes del final del blanqueo.

Luego de un tímido e inconstitucional intento del gobierno por postergar la finalización del mismo a través de un DNU (lo cual habría sigo grave desde el punto de vista jurídico) el blanqueo está llegando a su fin y es tiempo de sacar conclusiones.

Quienes nos han leído desde el comienzo, posiblemente no encuentren aquí nada nuevo, sino más bien un resumen de todo cuanto hemos venido diciendo.

Quienes no lo hayan hecho nunca, encontrarán aquí una mirada alternativa y a nuestro juicio mucho más equilibrada de la que van a encontrar en los principales medios del país, de la realidad en la argentina post-sinceramiento.

¿Por qué este Blanqueo fue diferente a los demás?

Argentina es uno de los países con la carga fiscal más alta del mundo e históricamente ha tenido una inseguridad jurídica muy grande. Esto es fruto, entre otras cosas, de más de 70 años de corrupción y de una gran cantidad de medidas confiscatorias (Plan Bonex, Corralito, Cepo, etc.).

Estas son las principales causas por las cuales una gran parte de los contribuyentes tradicionalmente ha evadido impuestos y ocultado bienes tanto en el exterior como en Argentina.

La situación ni cambió ni puede cambiar en un par de años.

Así las cosas, todo contribuyente que se preguntaba que hacer respecto del blanqueo mirando solo la realidad argentina inevitablemente llegaba a la conclusión de que lo mejor era no ingresar al sinceramiento fiscal.

Por otro lado, en estos últimos años el mundo ha avanzado a gran velocidad hacia una transparencia fiscal generalizada y casi absoluta. El último y a su vez el mayor exponente de esta tendencia es el “Common Reporting Standard” (“CRS”) promovido por la OCDE y suscripto por más de 100 países, incluyendo a la Argentina. De acuerdo con CRS, los fiscos de estos países – entre los cuales no se encuentra Estados Unidos - van a intercambiar información de depósitos en entidades financieras de extranjeros en forma automática a partir del año en curso.

Esta tendencia, que es absolutamente irreversible, implica que, si el contribuyente argentino que estaba dudando entre participar o no de la amnistía fiscal miraba la coyuntura internacional, la decisión sería ingresar a la misma.

Y eso fue sencillamente lo que pasó: la gente entendió que lo que pasa en el mundo es en definitiva más relevante que lo que se vive a nivel local y, ante la posibilidad de que en el futuro cercano el fisco argentino recibiese información acerca de sus activos no declarados, opto por acogerse al programa. En líneas generales este fue el consejo que siempre dimos a nuestros clientes.

Ahora bien, entre tanta euforia generalizada, nos permitimos disentir con la opinión mayoritaria por las siguientes razones:

(a) Si bien medidos en términos absolutos el blanqueo argentino habría superado sensiblemente al último que hizo Italia en tiempos de Berlusconi, en términos relativos sería peor que unos cuantos, incluyendo los de Chile, Brasil, el de Colombia que está cerrando en breve y todos los europeos (Alemania, España e Italia). Esto es así ya que los USD 120.000 M que habrán sido exteriorizados una vez que haya terminado el proceso, no representarían ni la mitad de los activos no declarados de argentinos en el exterior según información producida por el Centro de Economía y Finanzas para el Desarrollo de la Argentina, la Tax Justice Network y el propio Indec. Cabe aclarar que una gran parte de este dinero no ingresó por errores propios de la ley de sinceramiento fiscal (como ser la imposibilidad de ingresar pagos de manera anónima o la de descontar el valor de hipotecas o préstamos). En otras palabras, en términos absolutos podremos ser campeones o sub-campeones del mundo (no nos olvidemos que la última amnistía fue mucho más grande que la Argentina), pero en términos relativos – que es mucho más importante – no llegamos a cuartos de final.

(b) Adicionalmente, el gobierno eligió el discurso del miedo y de esta manera impidió que el fisco y el contribuyente se “amigasen”, o al menos hicieran una tregua, algo que si sucedió en Chile y en Colombia. Mandar cartas intimidatorias, tocar timbres en barrios privados, operar permanentemente en la prensa son cosas que dejan secuelas. La inmensa mayoría de la gente ingresó al blanqueo por miedo, y no por convencimiento. Y esto implica que muchos de los que entraron ya están pensando cómo seguir produciendo dinero “en negro” y qué hacer con él. Esto es algo que se podría haber evitado actuando de otra manera.

(c) En tercer lugar, la parte del dinero sincerado que realmente ingresó el país (ya sea a través del pago del impuesto extraordinario como de la compra de bonos o la inversión en fondos) es extremadamente baja. Esto no solo es algo malo en sí mismo, sino que es preocupante a la hora de analizar si realmente van a llegar inversiones extranjeras en el corto plazo. Si los propios argentinos no están invirtiendo en el país, es difícil que otros lo hagan.

(d) Finalmente, el gobierno mintió sobre el alcance del tratado firmado con Estados Unidos. Lo hizo en forma consciente y reiterada y definitivamente no hay nada positivo que pueda venir de una mentira tan flagrante.

¿Qué va a pasar de aquí en más, haya blanqueado o no?

Quien blanqueó tiene en principio varias ventajas por sobre quien no lo hizo.

Las dos más claras son la posibilidad de dormir tranquilamente y el hecho de poder usar libremente su dinero sin tener que llamar a su contador para ver “si tiene blanco suficiente” para hacer tal o cual cosa.

Sin embargo, no todo es color de rosas y quien exteriorizó todo su patrimonio enfrentará irremediablemente las siguientes consecuencias o riesgos:
(a) pagará más impuestos;
(b) tendrá un patrimonio más grande que responderá por cualquier hecho o acto de su parte susceptible de generar responsabilidad civil;
(c) quedará más expuesto en caso de desavenencias o situaciones familiares (divorcio pasado, presente o futuro, hijos extra matrimoniales, etc.);
(d) tendrá un parte mayor de su patrimonio sujeta a la inseguridad jurídica argentina; y
(e) posiblemente también tenga mayor exposición a temas de inseguridad física (extorsiones, secuestros, robos, etc.).

El contribuyente que decidió no blanquear obviamente evitará estos problemas, pero quedará expuesto, dependiendo del país en el cual tenga sus ahorros y de qué forma los tenga protegidos o estructurados, a que la autoridad fiscal descubra los activos ocultos y, en ese caso, deba pagar impuestos, multas y enfrentar cargos criminales.

Conclusiones

Durante el blanqueo hemos oído a muchos asesores brindar información errónea.

Muchos contribuyentes, por ejemplo, han sido persuadidos de desarmar estructuras que tenían y armar otras, simplemente porque los contadores locales que los estaban asesorando no tenían experiencia con sociedades extranjeras. Eso es algo claramente innecesario y, en algún caso, contraproducente.

Otros, nunca fueron informados sobre alternativas que tenían para, luego de exteriorizar sus activos y aun dentro del ejercicio fiscal 2016, sacar parte de esos bienes de su patrimonio para reducir el pago de impuestos (siempre dentro de la ley).

Cuando baje la adrenalina que invadió a la mayor parte de los contribuyentes durante la vigencia del blanqueo, nuestra primera sugerencia para quienes ingresaron al mismo es analizar con tranquilidad – y con expertos - que es lo que se hizo y ajustar cualquier cuestión que no haya quedado del todo bien.

Una vez realizado esto, es de orden analizar las opciones que existen en derecho internacional para estructurar válidamente un patrimonio con la finalidad de facilitar la sucesión, lograr un mayor nivel de privacidad y reducir o postergar en el tiempo el pago de impuestos. No estamos hablando de nada nuevo sino de estudiar en profundidad la conveniencia, o no, de establecer sociedades en el extranjero, trusts, fondos de inversión familiares o fundaciones con las finalidades antes mencionadas e inclusive las ventajas y desventajas de mudar la residencia fiscal a otro país (durante los últimos meses tanto Uruguay como Italia comenzaron a ofrecer un par de opciones más que interesantes).

Y si la estructuración del patrimonio es una posibilidad que quienes blanquearon deben analizar con seriedad, es prácticamente una obligación para quienes no lo hicieron. El mundo sigue avanzando hacia una transparencia casi obscena y no es bueno quedar expuestos.

Por el lado del gobierno, el mismo debería buscar la manera en que los contribuyentes que han optado por no ingresar a este blanqueo, o que han ingresado solo en forma parcial, exterioricen finalmente sus activos no declarados.

A nivel internacional, las alternativas que se han utilizado últimamente han sido las siguientes:
(a) esperar un tiempo prudencial y ofrecer una nueva amnistía fiscal, en términos menos beneficiosos que la actual;
(b) establecer un programa de regularización de entre dos y tres años de duración durante cuya vigencia en principio no se perdonarían impuestos evadidos sino solo las multas; o
(c) adoptar un programa de repatriación de activos.

Desconocemos si los asesores locales que consulta el gobierno en estos temas tienen conocimiento de estas opciones y/o programas. Ojalá que así sea, o que el gobierno comience a consultar expertos con más roce internacional que puedan complementar la mirada puramente local de quienes han sido consultados hasta ahora.

Finalmente, insistimos en que el gobierno debe aprovechar el cambio de paradigma que se está dando en el mundo y la creciente presión que de por si sienten los contribuyentes para dejar de presionar tanto a nivel local y promover un “acercamiento” entre le autoridad fiscal y los ciudadanos.

Esperemos que la tan publicitada reforma fiscal sirva a tal fin ya que solo así se habrá ganado la lucha contra la evasión fiscal en el país.