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¿Cuándo es conveniente endeudarnos?

Miguel Zielonka

En Finanzas no hay retorno sin riesgo, de modo que la evaluación del endeudamiento tiene que cubrir también un análisis todo lo que puede salir mal.

Al momento de encarar una inversión se puede considerar la utilización de una mezcla entre capital propio y capital de terceros (deuda). Si decidimos endeudarnos, la inversión va a estar apalancada. La expresión, que tomamos prestada de la física, quiere ilustrar que con la misma “fuerza” (capital propio) vamos a lograr resultados que se potencian (para bien o para mal).  

Cuando hay apalancamiento, la rentabilidad y el riesgo de la inversión se magnifican. El inversor aumenta la cantidad total invertida mediante el uso de fondos prestados. El préstamo genera el pago de intereses, pero si la rentabilidad del proyecto supera el costo de intereses el rendimiento bruto es mayor que el logrado cuando invertíamos restringidos por el capital propio.

Además, ese rendimiento bruto mayor lo relacionaremos con un capital propio que se mantuvo sin cambios, con lo cual la tasa de retorno de la inversión (cociente entre el retorno y el capital propio) es mayor que el que se obtiene sin palanca financiera.

Sin embargo, no todo es color rosa. En un escenario negativo, los quebrantos se potencian. Si la inversión no rinde frutos y enfrentamos una pérdida, ese resultado no nos libera de afrontar el pago de intereses, lo que aumenta el tamaño del resultado negativo.

Ya estamos en condiciones de formular la Ley Fundamental para fondear una inversión con deuda: el retorno esperado por aumentar mi capacidad de invertir tiene que ser mayor que el costo de tomar el endeudamiento. El principal costo (y el más directo también) es el de los intereses, pero debe tenerse en cuenta que hay otros cargos que podemos enfrentar como deudores de un préstamo.

La medida completa para evaluar el costo de un préstamo es lo que se denomina CFT o Costo Financiero Total, que incluye la tasa de interés efectiva anual (TEA) y todos aquellos costos asociados a la operación como pueden ser comisiones, seguros e impuestos (los intereses tienen una alícuota de Impuesto al Valor Agregado de 10,5 o 21% depende que el préstamo sea bancario y de la situación del deudor frente al impuesto).

En Finanzas no hay retorno sin riesgo, de modo que la evaluación del endeudamiento tiene que cubrir también un análisis todo lo que puede salir mal, para no exponernos a situaciones que deriven en stress y que dificulten el cumplimiento de nuestras obligaciones. Como orientación, es muy útil tomar las mismas herramientas y parámetros que utilizan las áreas de monitoreo de riesgo de los bancos al momento de evaluar a quién le prestan.

¿Qué hay que tomar en cuenta al momento de endeudarse?

 

1. Moneda

El principio básico para minimizar el riesgo de crédito es endeudarse en la misma moneda en que se generan los ingresos para repagar el préstamo. Al mantener calzada la moneda se evita tomar un riesgo innecesario que puede repercutir en menor acceso al crédito, en peores condiciones de financiamiento o eventualmente en caer en problemas para repagarlo.

2. Tasa de interés

Normalmente se puede optar por una tasa de interés que se mantenga estable a lo largo del préstamo (tasa fija) o que varíe periódicamente (tasa variable). En este último caso el cliente tiene que conocer el parámetro para su ajuste y con eso se evitarán sorpresas. Puede ser, por ejemplo la tasa Badlar publicada por el Banco Central de la República Argentina.

En general, cuanto mayor sea el plazo, menos predisposición hay por parte del acreedor a fijar las condiciones de tasa, ya que en un escenario con inflación su rentabilidad se vería licuada.

Por ese motivo, para conseguir préstamos a mayor plazo es probable que el deudor tenga que aceptar tasa variable (aunque prefiera tasa fija), justamente porque los acreedores no estarán dispuestos a enfrentar el riesgo de que su renta a tasa predeterminada se vea afectada por cambios en las condiciones generales de la economía como puede ser un aumento de la inflación.

3. Ajuste del capital

También se puede optar por un préstamo cuyo capital se actualice por inflación (UVA). Para préstamos de muy largo plazo, como un hipotecario, dado nuestro historial de crisis macroeconómicas y de alta inflación, los acreedores no van a inclinarse por prestar su capital de un modo que sea licuado.

Como alternativa a un préstamo en dólares, los prestamos ligados a UVA protegen al acreedor y permiten que el descalce del deudor sea entre su ingreso futuro y la cláusula de ajuste del capital, pero le evitan descalzarse en moneda.

4. Relación cuota-ingreso

En general, no es aconsejable que el endeudamiento de las personas pase de cierto umbral en relación a los ingresos. Salvo honrosas excepciones, la cuota que una persona se compromete a pagar no sale de otro lado que no sea el flujo de ahorros mensuales y por eso los bancos no acostumbran a estructurar préstamos que representen más de 30 a 40% de los ingresos familiares.

El criterio es similar aunque más complejo para las empresas, donde hay una serie de ratios de liquidez, solvencia, apalancamiento que buscan asegurar que hay flujos de caja generados por ingresos u otros activos que permitirán repagar el préstamo.

5. Estabilidad de la fuente de ingresos

En el caso de préstamos de largo plazo, la principal fuente para el repago es la generación de ingresos. Cuánto más estable y predecible sea la fuente de ingresos, menos riesgo tenemos de que un cambio en los flujos de fondos afecten el compromiso de pagos de intereses y/o capital del préstamo.

En caso de tener una fuente de ingresos menos segura o predecible, es importante contar con alguna reserva de liquidez para amortiguar sorpresas y es probable que el acreedor nos pida algún tipo de garantía como para bajar el riesgo de crédito de esa operación.

6. Préstamos con o sin garantía

En el caso de contar con activos para garantizar el pago del préstamo, el tomador del crédito puede evaluar si le conviene beneficiarse con una tasa menor a cambio de prendar o hipotecar la propiedad a favor del acreedor, quien liquida la garantía en caso de incumplimiento.

Como ejemplo, un individuo que va a comprar un automóvil puede optar entre tomar un préstamo personal (sin garantía) o un préstamo prendario (con garantía real). La tasa del préstamo con garantía es menor porque el acreedor tiene menos riesgo de crédito.

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