8/4/2024 - Economía y Finanzas

Ante el vicio de pedir...

Por Horacio Gustavo Ammaturo

Ante el vicio de pedir...

Los argentinos somos testigos de vertiginosos cambios en los precios desde hace ya varias décadas.


Durante los últimos cinco meses la recomposición y descomposición de los precios relativos nos han dejado sin referencia local, es decir que hasta nos cuesta imaginar ¿Cuánto valen las cosas?.


En general, en el pasado, el dólar blue oficiaba de faro o referencia para comparar precios.


Convertíamos los pesos a dólares y eso nos servía para verificar las relaciones entre los bienes y servicios, tanto dentro de Argentina como con otros países.


Era usual encontrar productos cuyos precios en dólares oficiales eran superiores a los internacionales que al ser considerados en términos de dólar blue resultaban más baratos, algunos incluso a menor valor que en su orígen.


Las brechas cambiarias fomentaron la importación, desalentaron a las exportaciones e impulsaron el consumo. Todas estas circunstancias significaron mayor presión hacia la moneda estadounidense. A medida que comenzaron a faltar divisas el premio por acceder al tipo de cambio oficial se hizo mayor, es decir la brecha era cada vez más grande, significando mayores márgenes de utilidad para quienes podían acceder a los dólares subsidiados y mayor poder adquisitivo a quienes recibían pesos.


La nueva administración del presidente Milei pretende terminar con este esquema discrecional que se agotó a mediados del año pasado, antes de los comicios presidenciales.


En este sentido, entre otras medidas,


  • Impulsó una fuerte devaluación del dólar oficial con el objeto de sincerar un tipo de cambio que ya no existía.


  • Liberó el precio de los combustibles, antes regulados, lo que significó un aumento del 200%, es decir que su precio se multiplicó por 3.


  • Otorgó a los importadores un seguro de cambio en forma de título público en dólares bajo la denominación de BOPREAL (Bonos para la Reconstrucción de una Argentina Libre) cuya cotización aproximada representa algo menos de 700 pesos por dólar. Una salida elegante para el enorme stock de deuda comercial privada en dólares que existía hacia finales del 2023, que representaría una potencial pérdida para los importadores, pues asumen una pérdida por diferencia de tipo de cambio del 100%. Sin embargo, se vió morigerada por la rentabilidad de los títulos públicos atados al dólar que subieron un 118%, es decir, que una vez más los sectores financieros e importadores se vieron amparados por el estado. Solo que en este caso es un gobierno libertario.


Nos centramos en estas decisiones porque entendemos que son las que afectan a los precios en forma automática y directa.


La devaluación, si bien tendría un impacto menor por la dificultad para acceder al “viejo dólar oficial", influyó en los costos impositivos, pues antes, todas las referencias tributarias, derechos de importación, iva sobre compras o ventas en dólares, o bienes personales, se liquidaron a un tipo de cambio menor, el oficial. En este caso la brecha redujo la incidencia fiscal a menos de la mitad. Estos mayores costos en pesos se trasladan a precio, obviamente.


El fenomenal aumento en los combustibles impacta en todos los rubros, desde transporte, distribución o generación de energía. También influyen directamente en los precios.


El seguro de cambio que aportó certidumbre, al menos hasta el primer vencimiento del bono, representa nuevamente un cambio en las condiciones comerciales entre privados y una nueva intervención del estado. Esto ha generado desconcierto en empresas internacionales y locales.


Sin embargo, nada de esto justifica muchos de los aumentos salvajes que se produjeron en las góndolas y tiendas argentinas. Productos cuyos precios duplican a los mismos en Europa, Uruguay o Estados Unidos.


El Ministro de Economía propició una reunión con empresarios y formadores de precios para solicitar que los acomoden a “valores más razonables”.


De hecho, a modo de incentivo, preparó una lista de productos que podrían importarse, en mejores condiciones que el resto. Es más, salió directamente al cruce de algunos empresarios anticipando que la competencia extranjera lo obligará a bajar sus precios pronto.


Más allá de las intervenciones del estado, sin dudas, muchos precios están caros.


Resolver esta cuestión con amenazas o condiciones discrecionales para ocasionales importadores está lejos de ser una solución y se parece más a una oportunidad o negociado.


Existen las instituciones de defensa de la competencia que sirven para resolver las avivadas de las empresas, que muchas veces ofician de cobertura frente a la confusión o falta de confianza en lo que vendrá.


Por otro lado, las redes sociales y los medios de comunicación podrían ser de gran ayuda para alentar a los consumidores sobre los excesos que se producen en los precios relativos.


Sirve recordar aquel dicho español que enuncia que “ante el vicio de pedir está la virtud de no dar”, aplicable en este caso para que si un producto está muy caro no hay que comprarlo.


Siempre habrá un sustituto y la baja en la demanda pondrá al oferente en orden.


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horacio gustavo ammaturo

Horacio Gustavo Ammaturo

Soy Gustavo Ammaturo. Licenciado en Ciencias Económicas. CEO y Director de empresas de infraestructura, energía y telecomunicaciones. Fundador y mentor de empresas de Fintech, DeFi y desarrollo de software. Blockchain Product Designer.

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