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La economía argentina creció y aun así el trabajo no apareció. Esto es lo que está pasando

Por Uriel Manzo Diaz

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Crecimiento económico sin derrame laboral

El Gobierno destacó los indicadores positivos de actividad. El PBI creció y las cifras lo respaldan. Sin embargo, ese repunte no vino acompañado por una mejora en el empleo formal, ni por una expansión sostenida del entramado productivo. Argentina atravesó en 2025 una situación incómoda: la economía avanzó mientras el mercado laboral mostraba señales de deterioro.

Menos empresas, menos empleo registrado

La actividad económica aumentó un 4,4% en el último año. Pero en paralelo, disminuyeron tanto las empresas en funcionamiento como los puestos de trabajo formales. No se trató de un episodio aislado: desde el inicio de la actual gestión, más de 22.600 unidades productivas dejaron de operar, lo que implica una contracción del 4,4% del total. En términos simples, el ritmo de cierres superó al de nuevas aperturas, configurando una dinámica difícil de compatibilizar con un escenario de crecimiento.

Un crecimiento concentrado y poco intensivo en empleo

Para entender esta contradicción, hay que mirar la composición del crecimiento. Los sectores más dinámicos en 2025 fueron finanzas, minería y agro. En conjunto, explican apenas el 7,2% del empleo registrado, según datos del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que son consistentes y confiables dentro del análisis regional.

En contraste, actividades como la industria, el comercio y la construcción —tradicionalmente grandes generadoras de empleo— quedaron rezagadas o mostraron avances marginales. La conclusión es directa: los sectores que impulsaron el crecimiento son, al mismo tiempo, los que menos mano de obra demandan.

Más desocupación y empleo de menor calidad

El impacto en el mercado laboral es claro. La tasa de desempleo pasó del 6,4% al 7,5% entre fines de 2024 y fines de 2025, lo que equivale a superar el millón de personas sin trabajo. No se observa un colapso generalizado del empleo, pero tampoco una recuperación sólida.

Más preocupante aún es la calidad de los puestos disponibles. Se registra una caída del empleo privado formal y un aumento del trabajo informal, lo que implica menor estabilidad, menores ingresos y ausencia de derechos laborales básicos.

La informalidad como rasgo estructural

El trabajo no registrado sigue siendo uno de los principales problemas del mercado laboral argentino. Cerca de seis millones de personas trabajan en la informalidad, sin acceso a cobertura de salud, aportes jubilatorios ni licencias. Es una realidad estructural que limita cualquier mejora sostenible.

El fenómeno golpea con especial fuerza a los jóvenes. Entre quienes tienen menos de 29 años, la informalidad alcanza al 58,7%. Es decir, casi seis de cada diez jóvenes trabajan en condiciones precarias.

Una brecha generacional cada vez más marcada

Los datos de desempleo también reflejan una fuerte desigualdad por edad. Entre los varones jóvenes, la desocupación alcanza el 16,2%, mientras que entre los adultos de 30 a 64 años se ubica en torno al 4,5%. En términos concretos, uno de cada seis jóvenes que busca empleo no logra insertarse en el mercado laboral.

La paradoja es evidente: la economía crece, pero una parte significativa de la población —especialmente los más jóvenes— queda al margen de esa mejora.

Factores estructurales que explican el desacople

Las causas de este fenómeno son múltiples. Entre ellas, la apreciación del tipo de cambio, la apertura comercial, la carga impositiva y los costos operativos elevados, que dificultan la expansión de las empresas y la generación de empleo.

A esto se suma un factor más profundo: la naturaleza del crecimiento. Cuando el impulso proviene de sectores como el agro, la minería o las finanzas, el impacto en el empleo es limitado. Son actividades que pueden aumentar su producción sin necesidad de incorporar grandes cantidades de trabajadores.

Una paradoja con límites políticos

El interrogante de fondo es cuánto tiempo puede sostenerse este esquema. Un crecimiento que no genera empleo formal, que no mejora de manera generalizada los ingresos y que convive con altos niveles de informalidad plantea tensiones inevitables.

El desafío no es solo crecer, sino definir cómo se crece. Porque una economía que mejora en los indicadores macro pero no logra integrar a su población al mercado laboral formal no consolida un modelo: acumula una contradicción. Y las contradicciones, tarde o temprano, exigen resolución

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Uriel Manzo Diaz

Uriel Manzo Diaz

Hola! Mi nombre es Uriel Manzo Diaz,
actualmente, estoy en proceso de profundizar mis conocimientos en relaciones internacionales y ciencias políticas, y planeo comenzar mis estudios en estos campos en 2026. Soy un apasionado por la política, la educación, la cultura, los libros y los temas internacionales.



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