La paradoja de Pekín: más ingreso, menos gasto
A pesar de los intentos del gobierno chino por convertir el consumo en motor del crecimiento, la realidad se mueve en sentido inverso. Durante la primera mitad de 2026, el ingreso disponible per cápita aumentó un 4,2% interanual en términos reales, según el Buró Nacional de Estadísticas. El gasto de los consumidores, sin embargo, quedó severamente rezagado, con un incremento real de apenas el 2,7%.
Antes de la pandemia, las familias chinas destinaban entre el 68% y el 69% de sus ingresos al consumo. Hoy esa proporción cayó por debajo del 65%. Ni siquiera la presión oficial sobre los bancos para otorgar créditos blandos al consumo logró revertir la tendencia.
Radiografía del ahorro: la fortaleza defensiva de los hogares
Un informe reciente de la consultora Gavekal Dragonomics, firmado por la analista Xiaoxi Zhang, permite entender la lógica detrás de esta conducta. Tras el estallido inmobiliario de 2021, que destruyó una porción enorme de la riqueza familiar, los hogares chinos se dedicaron sistemáticamente a reconstruir sus balances: ahorran alrededor del 35% de su ingreso, redujeron su endeudamiento a tal punto que la deuda total de las familias se contrajo en términos absolutos a comienzos de 2026, y volcaron sus excedentes hacia activos ultraconservadores.

El efectivo y los depósitos bancarios ya representan casi el 40% de los activos de los hogares y desplazaron a la vivienda como principal componente de la riqueza familiar, un cambio histórico para una sociedad que durante dos décadas apostó todo al ladrillo.
La explicación de fondo, señala Gavekal, es el mercado laboral. Tras años de débil creación de empleo y desaceleración salarial, las familias acumulan un colchón de activos líquidos para emergencias en lugar de consumir o invertir. No es irracionalidad: es ahorro precautorio frente a un futuro que perciben incierto. El dato más inquietante del informe es el deterioro en la base de la pirámide: la morosidad de los préstamos a hogares subió al 2,15% en 2025 y se estima que entre el 7% y el 11% de la población adulta china carga con créditos impagos.
Mientras el patrimonio neto agregado de los hogares creció un 7,3% en 2025 —impulsado por el rally bursátil que beneficia sobre todo al 10% más rico, que concentra cerca del 60% de los activos financieros—, la cantidad de familias en dificultades sigue aumentando. La nueva riqueza china es más desigual que la del boom inmobiliario.

Exportar la crisis: la marea que viene
Con un mercado interno que no absorbe lo que produce y sin destinos de inversión doméstica genuinamente rentables, a China le queda una válvula de escape: exportar. Mientras el consumo doméstico se estanca, las exportaciones de junio de 2026 saltaron un 27% interanual hasta un récord de 412.000 millones de dólares, el mayor ritmo desde 2021, con un superávit comercial mensual de 125.600 millones.
En el primer semestre, los envíos acumularon un alza del 17,6%. China coloca en el mundo desde semiconductores y vehículos eléctricos hasta los bienes de consumo más elementales, con una industria sostenida por subsidios y crédito estatal.
El impacto en el conurbano: desindustrialización silenciosa
Aquí radica el núcleo de la advertencia. En un contexto de desregulación y apertura económica, el entramado industrial de los conurbanos latinoamericanos no compite contra empresas chinas: compite contra la necesidad macroeconómica de Pekín de licuar sus excedentes. La llegada masiva de manufacturas asiáticas a precios de saldo destruye los márgenes de las pequeñas y medianas empresas locales, imposibilitadas de competir con los costos de una economía hipersubsidiada.

Y el propio informe de Gavekal sugiere que esto no se corregirá pronto: los hogares chinos podrían volver a endeudarse y consumir —su capacidad de pago lo permite—, pero no quieren hacerlo mientras el empleo no repunte. El subconsumo chino no es coyuntural; es estructural.
La combinación de una China desesperada por colocar stock y una política local desprotegida es letal. Si no se calibran con inteligencia las herramientas de defensa comercial, el resultado no será mayor eficiencia sino el cierre sistemático de talleres y fábricas, con miles de puestos de trabajo industriales destruidos.
La macroeconomía china ya lo viene avisando hace un tiempo, mientras más pymes de la región corren el riesgo de pagar el costo.

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