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DtMF: Donde todo Maduró Finalmente

Por Jerónimo Alonso

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El 2025 quedó marcado como un año bisagra para la música popular global. En un escenario dominado por el streaming, las métricas y la inmediatez, Bad Bunny se convirtió en el primer artista latino en ganar el Grammy a Álbum del Año, un hito que trasciende lo musical para inscribirse en la historia cultural de una región que durante décadas ocupó un lugar periférico en la industria anglosajona. En tiempos donde lo urbano suele asociarse a lo efímero y al consumo rápido, el disco de Benito logró algo poco habitual: transformar la nostalgia, la introspección y la memoria personal en una obra reconocida por el canon institucional de la música.


Lejos de responder a la lógica del hit inmediato y a las demandas de las grandes industrias discográficas, el álbum propone una pausa. Nos lleva para Puerto Rico, a lo que ya fue, a lo que no se registró a tiempo. En ese gesto, Bad Bunny no solo consolida una madurez artística, sino que también pone en primer plano una sensibilidad profundamente latina, donde compuso por y para aquellos de su región, atravesada por la memoria, el paso del tiempo y la identidad.

Una impronta 100% latina

Donde el mundo vio unas simples sillas de plástico en un jardín, los latinos vieron algo más. Vieron su infancia, a su familia, a sus amigos y miles de historias. Esas sillas no remiten al diseño ni a la estética, sino a la experiencia: cumpleaños improvisados, charlas eternas al atardecer, reuniones sin protocolo y recuerdos que no quedaron registrados en ninguna foto, pero que persisten en la memoria colectiva. La tapa del disco no busca impresionar sino reconocer.

El artista elige una imagen mínima y cotidiana, pero profundamente latinoamericana. Donde por la mañana está el café y por la tarde, el ron. No está el lujo ni el artificio que constantemente quiere mostrar el trap: hay barrio, hay tiempo compartido y al estar vacías, hay ausencia de aquellos que ya no están en este mundo. Porque esas sillas también hablan de quienes de lo que cambió y de lo que se fue sin despedirse. La nostalgia del disco empieza ahí, antes de que suene la primera canción.

Que un álbum con esa imagen haya sido reconocido como Álbum del Año no es un dato menor. Es la confirmación de que una sensibilidad históricamente relegada (la de lo cotidiano, lo familiar, pero sobretodo, lo latino) también puede ocupar el centro del escenario global. En DtMF, la tapa no acompaña al disco: lo explica y con unas simples sillas, marca los compases de las diecisiete canciones.

Un disco inolvidable

La ruptura no es sonora solamente: es narrativa y emocional. En DtMF, se corre del trap como lugar identitario para volver a una música de origen, de patio, de sobremesa y de memoria. Hay canciones donde los ritmos caribeños y latinoamericanos tradicionales no aparecen como guiño estético, sino como lenguaje natural, casi inevitable. Temas como “Café con ron” o “Pitorro de coco” dialogan directamente con la plena y los sonidos populares puertorriqueños, con letras que no solo buscan impactar sino que también quieren recordar de dónde surgieron los ritmos de la región: escenas familiares, rituales cotidianos y una infancia atravesada por la música que se escuchaba antes de elegir qué escuchar.

En ese gesto también aparece “Baile inolvidable”, donde la salsa funciona menos como género y más como espacio afectivo. Suena aquella salsa del recuerdo en una fiesta familiar y queda asociada a un cuerpo, a un amor, a una noche que ya no vuelve. Lo mismo sucede con canciones más íntimas como “Turista” o “Lo que le pasó a Hawaii”, donde el tempo baja, la voz se vuelve frágil y el foco está puesto en contar una historia que podría ser la de cualquiera. Benito deja de hablar desde el personaje Bad Bunny y canta desde un lugar reconocible, casi común, donde el desamor y la nostalgia no necesitan exageración.


Ahí se produce la verdadera ruptura: del trap como afirmación identitaria al recuerdo como forma de pertenencia. Ya no es el “conejo malo” que alguna vez usó el género urbano para romper barreras lingüísticas y culturales. Ahora es Benito quien vuelve sobre sus propios orígenes musicales para construir algo más universal. No es una contradicción, sino que es una continuidad: el mismo artista que conquistó el mundo desde el exceso ahora lo interpela desde lo mínimo. DtMF no reniega del pasado, pero lo resignifica. Y en ese regreso a los sonidos, a la infancia y a los amores posibles de cualquier oyente, el disco encuentra su mayor fuerza y explica por qué su impacto excede al género y al momento.

De Bayamón al Grammy sin pasar por "Nuevayol"

La consagración definitiva llegó cuando DtMF se quedó con el Grammy a Álbum del Año, convirtiendo a Bad Bunny en el primer artista latino en alcanzar ese reconocimiento. No premiaron solamente a un artista, sino que legitima una forma de narrar el mundo desde el Centro y Sur de América, desde el recuerdo y desde la experiencia colectiva de una generación que aprendió a mirarse (y a ser mirada) en sus propias canciones. Pero el momento no quedó limitado al logro individual. En su discurso de agradecimiento, Benito lanzó una frase breve y contundente: ICE out haciendo alusión directa a la policía migratoria estadounidense y al endurecimiento de las políticas contra los inmigrantes. En el escenario más visible de la industria musical global, eligió no neutralizar su identidad ni su postura: el éxito no implicó silencio.

Ese gesto terminó de cerrar el sentido político del disco. DtMF no solo habla de recuerdos personales, de infancia y de amores perdidos, sino también de pertenencia, desplazamiento y memoria colectiva. La crítica a Estados Unidos no aparece como consigna explícita, sino como trasfondo constante: un país que consume cultura latina mientras persigue a los cuerpos que la producen. En ese marco, la decisión de no realizar recitales en Estados Unidos (solamente participará en el show del mediotiempo del Superbowl XL) en el dentro de un World Tour adquiere un peso simbólico ineludible. Bad Bunny elige que la celebración de este álbum ocurra en territorios donde esa memoria no necesita traducción ni validación externa.

No es casual, entonces, que los días 13, 14 y 15 el tour llegue a la Argentina, un país donde la música popular también funciona como archivo emocional y espacio de identidad compartida. En lugar de priorizar el centro del poder cultural, Benito refuerza un recorrido alternativo: el del sur global como escenario principal, quienes más se identificaron con la obra. DtMF no es solo el disco con el que Benito Antonio Martínez Ocasio ganó el premio más importante de la música; es la obra con la que decidió mirar hacia atrás para avanzar, demostrar que la nostalgia puede ser política y que la memoria llena estadios.

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Jerónimo Alonso

Jerónimo Alonso

Me llamo Jerónimo y tengo 21 años. Actualmente me encuentro en el tercer año de la carrera de Ciencias de la Comunicación en la Universidad de Buenos Aires. Me gusta escribir de diversos temas para poder informar al público y contar historias poco conocidas o desde otra mirada.

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