Aunque todo el mundo asocia en la actualidad los tulipanes a los Países Bajos y más concretamente a la ciudad de Amsterdam, lo cierto es que el origen de estás flores se remonta a las estepas de Kazakhstan. En el siglo XI los bulbos de tulipán llegaron al Imperio Otomano, luego de haber pasado por Anatolia, la cordillera del Palmir y el Hindu Kush. Las en ese entonces exóticas flores despertaron la admiración en las cortes otomanas que las apodaron tülbend, turbante en turco otomano. La forma cerrada de los bulbos despertó el interés de un país que no había conocido aún la belleza de estás flores.
Su llegada al viejo continente se concretó gracias a la visita de diplomáticos europeos a la corte otomana. Un diplomático austriaco, de nombre Ogier Ghiselin de Busbecq, un amante de las flores que quedó maravillado luego de ver las flores en los turbantes de los cortesanos otomanos.
Los tulipanes llegaron a Europa en el siglo XVI y desataron una verdadera locura floral. El médico, científico y horticultor Carolus Clusius introdujo los tulipanes en los Países Bajos, donde se desató una verdadera tulipomanía. Las personas vendían sus casas y todas sus pertenencias para hacerse con solamente un bulbo de tulipán. Está crisis económica acontecida en el siglo XVII contribuyó a posicionar a los Países Bajos como “el reino de los tulipanes”. En la actualidad, este país es el principal productor y exportador de bulbos de tulipán en el mundo.
El encanto de estás flores también radica en su significado: los tulipanes rojos representan el amor romántico, los amarillos la alegría y los nuevos comienzos y los rosas simbolizan el afecto y el cuidado mutuo.
Estás flores manifiestan un lenguaje y una belleza exótica ideales para demostrar nuestro amor a nuestros s
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