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Un recurrente laberinto de violencia y de treguas fallidas (George Chaya)

Por Poder & Dinero

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Creer que el terrorismo busca acuerdos de paz no es más que es pura y dura ingenuidad académica. La realidad es que procura ganar tiempo para rearmarse convocando mesas de diálogos que muestran a la opinión publica ir en varias direcciones, pero al cabo no van hacia ningún sitio. Esto se desarrolla mientras busca mejorar sus capacidades para luego continuar con la lucha armada como quedó demostrado el pasado fin de semana con el ataque misilistico iraní sobre civiles israelíes.

La inestabilidad actual en Oriente Medio demuestra que los varios “ceses al fuego” pactados transitoriamente con actores marginales y Estados patrocinadores de la violencia terrorista siempre fueron débiles, tácticamente manipulados y definitivamente fraudulentos, de alli que en el mundo árabe se los conoce como Hudna (tregua).

Si se recorren los antecedentes y su significado, la primera Hudna de la historia islámica es conocida como el Tratado de Huday Biyah, firmado en marzo del año 628 d.C. entre el profeta Muhammad en representación del naciente Estado musulmán de Medina y la despiadada tribu pagana de los Quraysh, que controlaba La Meca. Este pacto sentó las bases de la doctrina diplomática y militar de la Hudna en el mundo árabe-islámico (entendida como una tregua de paz temporal por un período máximo de 10 años). Muchos de los seguidores más cercanos de Muhammad, incluido el futuro Califa Omar ibn al-Jattab, se opusieron fuertemente al tratado por considerarlo una capitulación innecesaria frente a los idólatras. Sin embargo, el Corán validó la decisión en la Sura 48 (Al-Fath / La Victoria) definiendo explícitamente ese acuerdo como “una victoria manifiesta”. No obstante, lo que varios seguidores de Muhammad no conocían, era su inteligencia y la brillantez militar, “la Hudna no fue una derrota, sino una obra maestra de la estrategia del repliegue al neutralizar la amenaza militar de La Meca durante diez años”. Sin embargo, la tregua duró apenas dos años. En el año 630 d.C., una tribu aliada de los Quraysh atacó a una tribu aliada de los musulmanes seguidores de Muhammad violando las cláusulas del pacto-tratado, por lo que automáticamente éste quedo disuelto por el incumplimiento de gente de La Meca, Muhammad avanzó sobre la ciudad con un ejército de unos 10.000 hombres que había armado y organizado durante dicha tregua y así, capturó la ciudad prácticamente sin resistencia.

Regresando al presente, el integrismo yihadista y sus milicias satelitales que pivotean en torno a la ideología de la Revolución Islámica, las que son financiadas por Teherán, continúan desafiando la seguridad global.

Para erradicar esta amenaza, la comunidad internacional debe adoptar una postura firme y sin concesiones frente a quienes utilizan el extremismo como forma de expresión para generar cambios geopolíticos y/o sostener ciertos status quo regionales. Por otro lado, occidente debe comprender que en Líbano, el colapso de los tantos ceses al fuego entre Hezbollah e Israel muestran que todos ellos no han sido mas que Hudnas hasta que la organización chi´ita se fortaleció y estuvo en condiciones de atacar con éxito nuevamente a su enemigo israelí, al igual que en Huday Biyah, pero sin el resultado de victoria como el Profeta sobre La Meca.

Mientras los acuerdos de supuestos cese al fuego entre Israel y el grupo proiraní no son más que entelequias, otra realidad tiene lugar sobre el terreno. Tras semanas de intensa campaña militar israelí destinada a desmantelar la infraestructura del brazo militar de Irán en el sur libanés, la administración del presidente estadounidense Donald Trump impulsó un “extraño” marco de tregua.

El acuerdo auspiciado por Washington, estipula que Israel debe detener sus bombardeos sobre los suburbios del sur de Beirut a cambio de que Hezbollah detenga el lanzamiento de proyectiles hacia los pueblos y ciudades del territorio norte israelí. No obstante, como ha quedado demostrado, ello ha sido la primera falla notoria de la administración en materia de las extensas conversaciones diplomáticas que Washington auspicia entre Beirut y Jerusalén. De allí que en círculos de asesores cercanos al presidente hay algunos -los menos- que sostienen erróneamente que Trump debe ordenar una gran ofensiva militar. Estas personas no comprenden que Hezbollah está golpeada y degradada militarmente como nunca antes, pero que ella no es solo una estructura militar a punto de desplomarse por la superioridad militar y tecnológica israelí. Hezbollah es más que eso, es “una idea” que se instaló a expensas de Irán no solo en la comunidad chi´ita del Líbano, la excede, y se hace presente también en la diáspora libanesa en Europa, África y América Latina, por tanto, el combate contra ella, debe tener otro enfoque desde lo jurídico, sin descartar lo militar pero no creyendo ingenuamente que la organización se reformará y dejará sus armas para incorporarse como partido político a la arena democrática libanesa, eso no sucederá, sencillamente porque no es su razón de existir.

La realidad del conflicto que mantiene vivas las hostilidades militares se resume en una serie de aspectos críticos: a) Actividades continuadas de acciones militares que se expresan en encarnizados combates y ataques de artillería, drones y bombardeos aéreos por parte de ambos bandos que atacan la frontera norte de Israel y lo propio en el bastión de Hezbollah en el sur del país y los suburbios de Beirut.

Hezbollah incumple las condiciones básicas de una tregua lanzando drones explosivos y cohetes contra posiciones israelíes. Lo que genera la inevitable respuesta militar de las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF) que eliminan sistemáticamente a comandantes y cuadros operativos terroristas sobre el terreno en Líbano. Hezbollah rechaza “de manera oficial” un cese al fuego definitivo si este no incluye un repliegue total de las tropas de Israel del sur de Líbano, aunque pareciera que ya es muy tarde para eso y difícilmente suceda. Ese escenario confirma que el grupo chi´ita conducido por Irán, utiliza “la diplomacia” únicamente para detener el avance israelí, sin desarmarse de fondo ni acatar la parte del compromiso que le incumbe.

Por el lado de Washington y Teherán. La cuerda diplomática entre Estados Unidos e Irán es más que frágil. El panorama allí es de máxima alerta y total parálisis diplomática. Tras los bombardeos de Israel de las últimas horas contra instalaciones del régimen islámico en respuesta a los proyectiles balísticos disparados por Irán los últimos días y que han quebrado la tregua temporal para discutir el futuro del arsenal de uranio enriquecido al 60% sepultado en Irán no se avizora que el conflicto tienda a disminuir. Sin embargo, aún no se ha llegado a ningún lugar en ese aspecto, por lo que en estos momentos el secretario de Estado, Marco Rubio, junto a intermediarios internacionales buscan por estas horas en Washington consolidar un Memorándum de Entendimiento, pero las negociaciones atraviesan una fase pendular y crítica cercana a la ruptura con resistencia incluso dentro del Senado estadounidense, del vicepresidente JD Vance, de sectores del propio partido Republicano que colocan al presidente Trump en una posición incomoda en materia del cumplimiento de los objetivos de esta guerra.

El régimen de Irán, se supone ahora comandado en las sombras por el Líder Supremo Mojtaba Khamenei, ha suspendido unilateralmente el diálogo indirecto con la Casa Blanca al menos en dos oportunidades. El gobierno iraní exige el cese inmediato de las operaciones militares de Israel en Líbano y Gaza como condición innegociable para volver a la mesa de dialogo, aunque eso difícilmente sucederá.

Es así que como medida de presión económica mundial, las fuerzas iraníes mantienen bloqueado el tránsito por el Estrecho de Ormuz y disparan contra embarcaciones comerciales lo que también impacta de lleno al mercado energético mundial. Los combates directos continúan, Teherán sostiene haber derribado tres drones estadounidenses y un helicóptero, también bombardeó el principal aeropuerto de Kuwait, provocando represalias del Comando Central de EE.UU. (CENTCOM) sobre sus bases de radares.

Al mismo tiempo Washington continúa proyectando la asfixia financiera y el desarme absoluto e incondicional del régimen para convalidar cualquier proceso de paz en la región. La administración estadounidense ha impuesto una nueva doctrina que se presenta como inflexible mediante el Comité de Asuntos Exteriores. Washington ha dejado claro que el desarme de las milicias chi´itas (tanto Hezbollah en Líbano como las facciones pro-iraníes en Irak) es la única vía para levantar las sanciones económicas.

Las condiciones exigidas por el gobierno estadounidense se estructuran en los siguientes pilares innegociables: Entrega total de los arsenales de misiles, drones y armas ligeras al control exclusivo de los ejércitos nacionales, tanto Hezbollah en Líbano como Kata’ib Hezbollah (Las Brigadas de Partido de Dios Iraquí y Asa’ib Ahl al-Haqen (Liga de los Justos) también de Irak, y con ellos el desmantelamiento de sus economías clandestinas clausurando de forma definitiva los sistemas de transferencia de efectivo e instituciones financieras paralelas que Hezbollah utiliza para evadir los controles internacionales, además del cumplimiento estricto de las resoluciones de la ONU, lo que equivale a la aplicación total y sin evasivas de las Resoluciones 1559 y 1701 del Consejo de Seguridad de la ONU para garantizar una zona fronteriza libanesa-israelí libre de combatientes de Hezbollah.

En materia de EE.UU. e Irán la relación entre Washington y Teherán es de máxima alerta y total parálisis diplomática. El gobierno iraní exige el cese inmediato de las operaciones militares de Israel en Líbano como condición innegociable para volver al dialogo, aun a sabiendas que eso no sucederá hasta tanto Hezbollah acate la Resolución 1701 CSONU.

En este tablero político-militar de tal efervescencia, la firmeza en el abordaje del contraterrorismo será la única salida, la historia reciente demuestra que no se puede pacificar a quienes tienen como doctrina la destrucción del otro. Así, los ceses al fuego en Oriente Medio se han transformado en herramientas burocráticas vacías, mientras Occidente busca salidas negociadas para estabilizar los mercados energéticos globales, los grupos radicales aprovechan los vacíos para reabastecerse e iniciar nuevas olas de atentados y ataques sobre quienes consideran sus enemigos, sean ellos militares o civiles.

En otras palabras y para concluir, hasta que Occidente comprenda que al terrorismo no se lo detendrá con firmas de “acuerdos” destinados a ser incumplidos en Ginebra o Washington sino con el desmantelamiento y la neutralización de sus capacidades financieras y operativas, el mundo permanecerá bajo amenaza, y todos los países, en cualquier latitud del globo, deben considerarse objetivos de su accionar.

Por George Chaya.  Washington DC

Professor George Chaya is a Senior Advisor on Middle Eastern affairs in National Security and expert in Open Source Intelligence (OSINT) based in Washington DC, USA.

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