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China en Uruguay: ¿qué hay detrás de su avance problemático? (Robert Evan Ellis)

Por Poder & Dinero

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Uruguay ocupa un lugar particular en el mapa geopolítico sudamericano. Es un país pequeño, con apenas unos 3,4 millones de habitantes, pero posee instituciones democráticas sólidas, una larga tradición de estabilidad política y una ubicación estratégica entre Argentina y Brasil, sobre un corredor fluvial fundamental para el comercio de varios países de la región.

Precisamente por esas características, el creciente vínculo con China adquiere una importancia que, según Evan Ellis, trasciende ampliamente el volumen de intercambio comercial.

De socio comercial a socio estratégico

La relación entre Uruguay y la República Popular China se ha profundizado progresivamente durante las últimas décadas. Ambos países establecieron relaciones diplomáticas en 1988; en 2016 avanzaron hacia una asociación estratégica; en 2018 Uruguay se incorporó a la Iniciativa de la Franja y la Ruta; y en 2023 la relación fue elevada a una asociación estratégica integral.

Durante la visita del presidente Yamandú Orsi a Beijing, en febrero de 2026, ambos gobiernos firmaron numerosos acuerdos destinados a ampliar la cooperación en áreas como comercio, carne, harina de pescado, ciencia y medios de comunicación. Ellis señala, sin embargo, que varios de esos acuerdos no fueron públicos y que algunos se encuentran vinculados con sectores considerados sensibles.

El resultado es una relación que ya no puede analizarse exclusivamente desde la perspectiva comercial.

Una dependencia comercial creciente

China se convirtió en el principal destino de una parte significativa de las exportaciones uruguayas. El 26% de las exportaciones del país tienen como destino el mercado chino, mientras Uruguay importa desde China una amplia variedad de bienes manufacturados y tecnológicos.

El patrón comercial también resulta significativo: Uruguay exporta fundamentalmente productos primarios y agroindustriales —entre ellos soja, celulosa y carne— mientras importa manufacturas, tecnología y servicios.

En términos de volumen, el comercio bilateral aparece relativamente equilibrado: alrededor de US$3.500 millones de exportaciones uruguayas hacia China frente a US$3.300 millones de importaciones. Sin embargo, Ellis advierte que el equilibrio nominal de la balanza comercial no elimina una relación de dependencia estructural derivada de la concentración de las exportaciones uruguayas en el mercado chino.

La eventual profundización de las negociaciones entre China y el Mercosur podría incrementar todavía más esa dependencia.

La influencia no se limita al comercio

Uno de los aspectos centrales del análisis de Ellis es que Beijing utiliza diferentes instrumentos simultáneamente: comercio, inversión, diplomacia, vínculos políticos, cooperación educativa, medios de comunicación y relaciones militares.

En Uruguay existe, por ejemplo, un grupo parlamentario de amistad con China integrado por legisladores de peso en las comisiones de Relaciones Internacionales del Senado y de la Cámara de Diputados. También se han desarrollado intercambios entre dirigentes políticos uruguayos y organismos del Partido Comunista Chino.

La dimensión mediática también forma parte de esta estrategia. Xinhua y medios audiovisuales estatales uruguayos han establecido acuerdos de intercambio de contenidos, mientras periodistas uruguayos han participado en actividades y viajes vinculados con China.

El objetivo, según el análisis, no debe interpretarse necesariamente como una evidencia de control político directo, pero sí como la construcción progresiva de redes de influencia y relaciones que pueden adquirir valor estratégico.

Infraestructura, tecnología y datos

La presencia china también se extiende a sectores estratégicos de la economía uruguaya.

En telecomunicaciones, empresas chinas como Huawei y ZTE tienen una participación relevante. ZTE participó en el despliegue de la red 5G de Antel, mientras Huawei obtuvo contratos importantes en el sector de telecomunicaciones.

Ellis señala que esta situación genera preocupaciones vinculadas con la seguridad de los datos, particularmente porque la legislación china establece obligaciones para las empresas nacionales en materia de cooperación con las autoridades de seguridad e inteligencia del país.

La cuestión adquiere una dimensión geopolítica porque las telecomunicaciones ya no constituyen únicamente una actividad comercial: las redes digitales forman parte de la infraestructura crítica de cualquier Estado moderno.

Puertos, transporte y presencia económica

La influencia china también aparece en el sector logístico y portuario. Empresas del país han presentado proyectos para desarrollar infraestructura destinada al procesamiento y almacenamiento de productos pesqueros, mientras compañías chinas participan en trabajos relacionados con el dragado del puerto de Montevideo.

En el transporte, la presencia es todavía más visible. Los vehículos eléctricos y autobuses de empresas chinas tienen una participación creciente en Uruguay, mientras compañías como BYD desarrollan operaciones vinculadas con la movilidad eléctrica.

Para Ellis, estos sectores deben observarse desde una perspectiva estratégica porque la infraestructura logística y tecnológica puede adquirir importancia adicional en situaciones de crisis regional o de competencia entre grandes potencias.

La dimensión militar

Quizás uno de los aspectos menos conocidos de la relación bilateral sea el militar.

China ha proporcionado a Uruguay vehículos, equipamiento y otros materiales para sus Fuerzas Armadas, además de capacitación y programas de formación para oficiales uruguayos. En 2018 Beijing realizó una donación militar valuada en aproximadamente US$5 millones y en 2024 se acordó una nueva entrega de equipamiento.

En enero de 2026, además, el buque hospital chino Silk Road Arc realizó una escala de cuatro días en Montevideo. Fue la primera visita de un buque militar chino a Uruguay y estuvo acompañada por distintos contactos entre las fuerzas armadas de ambos países.

Ellis sostiene que estos vínculos no significan necesariamente que China esté construyendo una presencia militar permanente en Uruguay. Pero sí permiten generar relaciones institucionales, conocimiento y vínculos personales que podrían adquirir valor estratégico en el futuro.

El factor político: cuando el comercio se convierte en influencia

Uno de los ejemplos citados por Ellis ocurrió en marzo de 2026, cuando el gobernador de Durazno, Felipe Algorta, canceló un viaje previsto a Taiwán después de mantener un encuentro con el entonces embajador chino Huang Yazhong.

El episodio es presentado como una muestra de la capacidad de Beijing para utilizar su peso diplomático y económico para influir sobre decisiones políticas uruguayas relacionadas con Taiwán y con la política de “Una sola China”.

Para el investigador del CSIS, este tipo de episodios resulta particularmente relevante porque demuestra que la influencia china no depende exclusivamente de la existencia de una relación política formal.

Uruguay como caso de estudio para América Latina

El caso uruguayo presenta, según Ellis, una cuestión de fondo para toda América Latina.

Si China puede ampliar considerablemente su influencia en un país con instituciones democráticas consolidadas, una sociedad abierta y una tradición de independencia política, la región debería preguntarse qué puede ocurrir en países con instituciones más débiles o con mayores niveles de dependencia económica.

El problema no reside, por lo tanto, en comerciar con China ni en mantener relaciones diplomáticas con Beijing. La cuestión central es cómo administrar esa relación sin permitir que la dependencia económica termine generando vulnerabilidades políticas, tecnológicas o estratégicas.

Washington también enfrenta un desafío

Estados Unidos observa con especial atención la evolución de esta relación. Uruguay posee una posición geográfica estratégica y se encuentra en el corazón del sistema comercial del Cono Sur.

Sin embargo, Ellis advierte que Washington enfrenta limitaciones para ofrecer alternativas a la influencia china, incluso debido a las características económicas de Uruguay y a las restricciones existentes para determinados mecanismos de asistencia estadounidense.

Por eso, el desafío estadounidense no debería reducirse a pedirle a Uruguay que limite sus vínculos con China. Según el análisis, Washington necesita ofrecer alternativas económicas, tecnológicas, educativas y de seguridad suficientemente atractivas para que los países latinoamericanos puedan diversificar sus relaciones sin verse obligados a elegir entre Beijing y Washington.

Una advertencia para toda la región

La conclusión de Ellis es particularmente relevante: China se ha convertido en un socio comercial e influyente actor político, militar y social en Uruguay pese al reducido tamaño de su mercado.

El caso uruguayo demuestra que instituciones fuertes y tradiciones democráticas no necesariamente alcanzan para administrar los riesgos derivados de una creciente dependencia de una potencia externa.

La respuesta, entonces, no pasa necesariamente por cerrar las puertas a China. Pasa por establecer límites claros, diversificar mercados, proteger las infraestructuras críticas, preservar la seguridad de los datos y garantizar que las decisiones estratégicas del país continúen respondiendo a intereses nacionales y no a presiones externas.

Uruguay puede beneficiarse enormemente de su relación con China. Pero, desde una perspectiva geopolítica, la pregunta fundamental es otra:

¿Puede Uruguay profundizar sus vínculos económicos con Beijing sin que esa dependencia termine transformándose en influencia política y estratégica?

La respuesta a esa pregunta no solo definirá el futuro de la relación entre Uruguay y China. También puede convertirse en un caso testigo para el resto de América Latina.

Artículo completo ingresando en https://www.csis.org/analysis/whats-behind-chinas-problematic-advance-uruguay

Evan Ellis is a senior associate (non-resident) in the CSIS Americas Program at the Center for Strategic and International Studies in Washington, D.C.

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