Bajo la falsa premisa de la "libertad", el gobierno está entregando las llaves de la seguridad interior a una corporación que opera como brazo tecnológico de la inteligencia estadounidense (CIA).
La soberanía de los datos: El nuevo territorio ocupado
La verdadera Tercera Posición nos enseña que la independencia no es solo económica o política, sino también tecnológica. En el siglo XXI, los datos son el recurso estratégico más valioso de una Nación, equiparables al petróleo o al litio.
Al contratar a Palantir, el Estado argentino no está simplemente "comprando un software". Está tercerizando el procesamiento de información sensible de los argentinos en manos de una empresa extranjera cuyos intereses están alineados ineludiblemente con la agenda geopolítica de Washington y la OTAN. ¿Dónde queda la Seguridad Nacional si el algoritmo que debe protegernos responde a un patrón diseñado en Silicon Valley? Es la antítesis del patriotismo: es abrirle la puerta al espía y pagarle por el servicio.
La contradicción libertaria: Odiar al Estado propio, amar al Imperio ajeno
Resulta paradójico —y trágico— que un gobierno que llegó al poder despotricando contra el Estado nacional ("la organización criminal", según el Presidente) no tenga reparos en someterse al aparato de vigilancia más formidable del Estado profundo estadounidense.
El libertarismo vernáculo demuestra aquí su verdadera cara: no busca la desaparición del control, sino el desplazamiento del control soberano hacia un control foráneo. Desmantelan la inteligencia nacional, desfinancian la ciencia argentina y, acto seguido, importan "soluciones" enlatadas que nos convierten en un estado vasallo. No es libertad; es cipayismo tecnológico.
La miopía de la oposición progresista
Si bien la oposición ha reaccionado, su crítica se queda corta. Se enfocan —legítimamente— en el "ciberpatrullaje" y los derechos individuales, pero olvidan la cuestión de fondo: la indefensión estratégica.
Durante años, la política argentina no supo construir una infraestructura de ciberseguridad soberana, dejando el terreno fértil para que hoy vengan a vendernos espejitos de colores algorítmicos. La crítica no debe ser solo "no nos vigilen", sino "¿por qué permitimos que una potencia extranjera tenga el mapa de nuestro comportamiento social?".
La alternativa nacional
Argentina tiene la capacidad humana y técnica para desarrollar sus propias herramientas. Tenemos científicos, programadores y una tradición tecnológica (desde el sector nuclear hasta el satelital) que es orgullo en el mundo. La respuesta nacionalista no es negar la tecnología, sino nacionalizarla.
Necesitamos una Inteligencia Artificial celeste y blanca, desarrollada por argentinos, auditada por el Estado argentino y que sirva a los intereses de la Patria, no a los accionistas de Wall Street ni a los analistas de Langley.
La implementación de Palantir es un error histórico. La seguridad no se importa; se construye. Y la soberanía no se negocia; se defiende. Si cedemos el control de nuestros datos, habremos arriado la bandera en el territorio más importante del futuro: la mente y la información de nuestro Pueblo.


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