Si hubo un tema predominante en la 56ª reunión internacional mundial de Davos (19 al 23 de enero), ese tema fue la geopolitica. La geopolítica estuvo en el vórtice de los principales discursos y conversaciones.
Así como hace casi 40 años la cuestión central en Davos y otros encuentros de escala era la geoeconomía, es decir, el rumbo casi inalterable del mundo hacia un orden fundado en bloques geocomerciales y Estados virtuales que anclarían la política internacional a pautas de cooperación, la lógica en la magnífica ciudad suiza ha sido contraria y disruptiva, y quien sin duda mejor la interpretó fue Mark Carney, primer ministro canadiense, que no sólo realizó un diagnóstico bastante realista, sino que planteó propuestas de salida que no se alejarán del realismo pragmático.
Sí "la nostalgia no es una estrategia", como advirtió el canadiense, pertinente resulta la propuesta que presentó el profesor de la Universidad de Columbia Adam Tooze, quien en la Cumbre de Berlín de junio pasado sostuvo que "más que un orden mundial es necesario un ordenamiento mundial. Porque es muy difícil que vaya a ocurrir un Bretton Woods, o un momento hamiltoniano. Hay que ir a una situación menor, pero práctica".
Volviendo a la comparación entre ayer y hoy, la misma no es caprichosa, pues nos coloca ante la relatividad de la evolución o el "corsi e ricorsi" de la historia (los ciclos a los que se refería Vico). Entonces, la globalización eclipsaba a la geopolitica, la que parecía quedaba desterrada para siempre de la política internacional; hoy, la geopolitica condiciona a la globalización, la que podría incluso sucumbir ante aquella, apagándose así el único sucedáneo de orden con el que todavía contamos.
Por ello, si por cuestiones geopoliticas o causas de otra índole colapsaran las cadenas de suministro y las redes de conectividad, entonces el mundo se encontraría ante una "tormenta perfecta", es decir, una simultaneidad disruptiva mayor (geopolitica+geoeconomía). Una situación que, aunque no se considera que por ahora vaya a suceder, dejaría a la politica internacional con muy escaso margen de salida.
Raymond Aron (un autor "perimido") sostiene en "Guerra y paz entre las naciones" (una obra "superada") que todos los órdenes internacionales son órdenes territoriales. Considerando el mundo actual, podríamos decir acaso que todos los desórdenes internacionales provienen de desórdenes territoriales.
Alberto Hutschenreuter es Doctor en Relaciones Internacionales. Posgrado en Control y Gestión de Políticas Públicas. Ex profesor titular de Geopolítica (ESGA). Ex profesor en la UBA y en el ISEN. Colaborador en revistas y sitios especializados nacionales e internacionales. Autor del libro "La política exterior rusa después de la Guerra Fría. Humillación y reparación".

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