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India, una potencia que irrumpe desde el espacio Indo-Pacífico

Por Poder & Dinero

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En menos de dos décadas, India ha pasado de ser considerada una potencia emergente a consolidarse como uno de los vértices del nuevo tablero multipolar. Con más de 1.400 millones de habitantes y un crecimiento que en los últimos años ha rondado el 7%, el país asiático no solo ha superado al Reino Unido en tamaño económico, sino que aspira a redefinir las reglas del orden internacional.

El primer ministro Narendra Modi ha hecho de esa ambición un eje de su política exterior. “Este no es el momento de la guerra”, dijo en 2022 al referirse al conflicto en Ucrania, una frase que sintetiza la estrategia india: autonomía estratégica, rechazo a la lógica de bloques y reivindicación de un multilateralismo reformado.

Esa visión fue formulada con claridad por el diplomático indio T. S. Tirumurti, exembajador en España, quien defendió la necesidad de un “multilateralismo reformado” que otorgue mayor representación al Sur Global. En su diagnóstico, el sistema internacional nacido tras la Segunda Guerra Mundial no refleja las realidades del siglo XXI y margina a las potencias emergentes.

India, sostiene, que no puede seguir siendo un actor secundario en la gobernanza global cuando es la nación más poblada del mundo y una de las mayores economías.

Comercio exterior: entre Estados Unidos, China y el Golfo

India se ha convertido en un nodo esencial del comercio mundial. Sus principales socios comerciales son Estados Unidos, China y Emiratos Árabes Unidos, seguidos por Arabia Saudí y la Unión Europea.

Estados Unidos se ha consolidado como su primer socio comercial individual, con un intercambio que supera los 190.000 millones de dólares anuales. India exporta servicios tecnológicos, productos farmacéuticos, textiles y manufacturas, mientras importa tecnología avanzada, hidrocarburos y equipamiento militar. El vínculo con Washington ha adquirido una densidad estratégica inédita, impulsada por la rivalidad compartida con China.

Sin embargo, la relación con Pekín es más ambigua. China es uno de los mayores proveedores de bienes intermedios y tecnología industrial para India, pero al mismo tiempo es su principal rival estratégico en Asia. Las tensiones fronterizas en el Himalaya y la competencia por la influencia en el océano Índico y el Sur de Asia coexisten con un comercio bilateral que supera los 130.000 millones de dólares.

En el Golfo, India encuentra no solo proveedores energéticos, sino también socios financieros clave. Millones de trabajadores indios en los Emiratos y Arabia Saudí sostienen un flujo constante de remesas, mientras Nueva Delhi asegura su abastecimiento de petróleo y gas.

BRICS y la diplomacia del Sur Global

India es miembro fundador de los BRICS, foro que comparte con Brasil, Rusia, China y Sudáfrica, y que en los últimos años ha ampliado su membresía. En la cumbre de Johannesburgo de 2018, Modi planteó por primera vez la idea de un orden multilateral reformado, más representativo y menos dominado por las potencias.

Durante su presidencia del G20 en 2023, India impulsó la incorporación de la Unión Africana como miembro permanente, un gesto que buscó reforzar su liderazgo entre los países en desarrollo. Nueva Delhi organizó además la Cumbre de la Voz del Sur Global, con la participación de más de un centenar de países, para trasladar sus demandas al foro de las grandes economías.

En el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, donde ocupó un asiento no permanente entre 2021 y 2022, India defendió la reforma del órgano y la ampliación de sus miembros permanentes. “Se acabaron los días en que un pequeño grupo de países decidía lo que el mundo debía hacer”, subrayó Tirumurti.

El músculo militar e industrial

La autonomía estratégica no significa aislamiento. India participa activamente en el Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (Quad) junto a Estados Unidos, Japón y Australia, un mecanismo concebido para contrapesar la expansión china en el Indo-Pacífico. También mantiene una histórica cooperación militar con Rusia, principal proveedor de armamento durante décadas, aunque en los últimos años ha diversificado sus compras hacia Francia e Israel.

Paralelamente, Nueva Delhi impulsa una ambiciosa política de producción nacional en defensa. Empresas como Tata Advanced Systems han expandido su presencia internacional, incluyendo acuerdos para fabricar vehículos militares en Marruecos, en una estrategia que combina diplomacia económica y proyección de seguridad en África.

El general retirado V. G. Pantakar subrayó recientemente que el Ejército indio produce equipos “asequibles y confiables”, en un esfuerzo por posicionar al país como exportador competitivo de tecnología

Rivalidades estratégicas: China y Pakistán

La proyección internacional de India no puede desligarse de su entorno inmediato. Con Pakistán mantiene una rivalidad histórica centrada en Cachemira, una región que ha sido escenario de guerras y enfrentamientos recurrentes. Con China, la disputa territorial en Aksai Chin y Ladakh ha provocado choques militares en los últimos años.

A pesar de esas tensiones, India evita una alineación automática con Occidente. Ha mantenido la compra de petróleo ruso pese a las sanciones por la guerra en Ucrania y defiende una posición de equilibrio que le permita maximizar su margen de maniobra.

Desafíos internos, ambiciones globales

El ascenso internacional convive con tensiones domésticas. Analistas como Shibu Thomas advierten que el crecimiento demográfico, el desempleo juvenil y la desigualdad podrían erosionar el dividendo demográfico si no se gestionan.

India aspira a alcanzar la neutralidad de carbono en 2070 y enfrenta enormes retos ambientales y sociales.

Sin embargo, el país dispone de una ventaja estructural: una población joven, una potente industria tecnológica y una clase media en expansión. En un mundo marcado por la fragmentación geopolítica, India se presenta como un socio alternativo, un contrapeso y, en ocasiones, un mediador.

Conclusión

India ya no es un actor periférico ni una promesa futura. Es una potencia indispensable en la arquitectura internacional contemporánea. Entre el pragmatismo comercial y la reivindicación del Sur Global, entre la cooperación con Washington y la competencia con Pekín, Nueva Delhi ha trazado un camino propio.

La pregunta ya no es si India será protagonista del siglo XXI, sino cómo ejercerá ese protagonismo: si como árbitro entre bloques, como líder del Sur Global o como potencia que, desde su autonomía estratégica, aspire a redefinir las reglas del sistema internacional. En cualquier caso, el mundo deberá contar con ella.

Adalberto Agozino. Doctor en Ciencia Política, Analista Internacional y Docente de la Universidad de Buenos Aires

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