10/6/2024 - Política y Sociedad

La No Reforma Laboral de De Loredo.

Por Mila Zurbriggen Schaller

La No Reforma Laboral de De Loredo.

Nuestro país ya entrado en el Siglo XXI precisa nuevas regulaciones para asegurar buenas condiciones de empleo, mucho se habla de la reforma laboral, pero pareciera mas que la que dirigentes como De Loredo proponen, esta mas vinculada a las reformas que el siglo XX nos requería que a los nuevos empleos y la 4ta revolución industrial en la que estamos transicionando a un nuevo sistema económico.

Reducción de Multas y Simplificación del Despido

 

De Loredo propone reducir las multas por trabajo no registrado, lo que disminuiría considerablemente las indemnizaciones en caso de despido. ¿Es esto un alivio para las PyMEs? Sin duda. Pero también puede ser un incentivo para la informalidad. En un país donde el trabajo en negro afecta a millones, ¿no deberíamos estar fomentando justamente lo contrario? En vez de bajar las multas, deberíamos estar implementando medidas que promuevan la formalización del empleo, como subsidios temporales para nuevos contratos formales o la digitalización del proceso de registro laboral para hacerlo más accesible y menos burocrático.

 

Periodo de Prueba

La extensión del periodo de prueba de tres a seis meses es otro punto polémico. Es cierto que da más tiempo a los empleadores para evaluar a sus empleados, pero también deja a los trabajadores en una posición de mayor incertidumbre y vulnerabilidad. En el siglo XXI, necesitamos políticas que equilibren mejor la estabilidad laboral con la flexibilidad. Un enfoque más moderno podría incluir evaluaciones continuas y programas de formación que aumenten la empleabilidad del trabajador, en lugar de simplemente alargar un periodo de prueba.

 

Libertad Sindical y Educación

 

Eliminar las contribuciones obligatorias de los convenios colectivos suena bien en teoría, pero en la práctica, puede debilitar aún más a los sindicatos, que ya están en una posición precaria. Los sindicatos fuertes son necesarios para equilibrar el poder entre trabajadores y empleadores. Una reforma laboral del siglo XXI debería buscar modernizar los sindicatos, hacerlos más transparentes y eficientes, no debilitarlos.

 

La propuesta de declarar la educación como un servicio esencial para limitar los paros es otro ejemplo de cómo se aborda un problema desde la perspectiva equivocada. En vez de restringir el derecho a huelga, deberíamos estar buscando soluciones que aborden las causas de las huelgas, como mejoras salariales y condiciones laborales dignas para los docentes. Es una visión cortoplacista que puede tener consecuencias negativas a largo plazo en la calidad de la educación.

 

 Fondo de Desempleo Optativo

 

La idea de un fondo de cese laboral financiado por el empleador es interesante, pero nuevamente, no aborda la raíz del problema. En vez de parchear el sistema con fondos y seguros, deberíamos estar trabajando en crear un mercado laboral más dinámico y resiliente. Esto incluye invertir en la educación y la formación continua de los trabajadores, fomentar la innovación y el emprendimiento, y asegurar que las políticas laborales estén alineadas con las demandas de la economía global.

 

 Lo Que Realmente Necesitamos

 

La verdadera reforma laboral del siglo XXI debería centrarse en: Formación Continua; Programas que permitan a los trabajadores actualizar sus habilidades constantemente. Digitalización y Automatización; Aprovechar la tecnología para mejorar la eficiencia y transparencia en el mercado laboral. Flexibilidad con Seguridad; Crear un balance donde los empleadores puedan adaptarse a los cambios económicos sin sacrificar la seguridad de los trabajadores. Inclusión y Diversidad; Políticas que promuevan la inclusión de mujeres, jóvenes y otros grupos subrepresentados en el mercado laboral. Sostenibilidad y Responsabilidad Social; Incentivar prácticas empresariales que no solo se centren en las ganancias, sino también en el bienestar de los empleados y la comunidad. La reforma de De Loredo parece más un ajuste cosmético que una transformación profunda. Si queremos realmente entrar en el siglo XXI, necesitamos políticas que miren hacia el futuro, no que reciclen las soluciones del pasado. La clave está en una visión integral que contemple no solo la reducción de costos, sino también la mejora de la calidad del empleo y la competitividad a largo plazo.

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