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Día del Trabajador: Samsung en huelga, Japón sin ingenieros y la juventud china que «prefiere no trabajar» (Marcos González Gava)

Por Poder & Dinero

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Samsung: la huelga en el corazón de la IA

Para entender por qué el grupo Samsung enfrenta su mayor conflicto laboral simultáneo en 55 años de historia, hay que remontarse a septiembre de 2025. Ese mes, el sindicato de SK Hynix —principal rival de Samsung en el mercado de memoria— acordó con la dirección eliminar el tope en los bonos de desempeño y destinar el 10% del beneficio operativo anual a esos pagos por los próximos diez años. El efecto comparativo fue inmediato: se estima que cada trabajador de SK Hynix podría recibir bonos equivalentes a unos 478.000 dólares solo en 2026. Un empleado de la división de chips de Samsung con el mismo salario base recibiría menos de un tercio de esa cifra bajo el esquema vigente.

Esa brecha disparó dos fenómenos en paralelo. Por un lado, un éxodo de talento: en los tres meses siguientes, más de 100 miembros del sindicato dejaron Samsung para incorporarse a SK Hynix, y varios empleados jóvenes de la división de chips formaron grupos de estudio para preparar los procesos de selección del competidor. Por otro lado, una explosión de afiliación sindical: el Sindicato de Empleados de Samsung Electronics (SELU) pasó de apenas 6.000 afiliados en septiembre de 2025 a 74.000 en pocas semanas, convirtiéndose en el sindicato mayoritario de la empresa y obteniendo reconocimiento legal como representante oficial de los trabajadores el 17 de abril de 2026. De los 125.000 empleados de Samsung en Corea del Sur, 90.000 son elegibles para votar en el proceso que definirá si la huelga anunciada se consuma.

La demanda del SELU es concreta: eliminar el tope de bonos y distribuir el 15% del beneficio operativo anual entre los trabajadores. La base del reclamo también: Samsung registró 57,2 billones de won de ganancia operativa solo en el primer trimestre de 2026 —convirtiéndose en la cuarta empresa más rentable del mundo en ese período—, impulsada por los chips HBM que alimentan los sistemas de inteligencia artificial de Nvidia, Google y Amazon.

Los analistas proyectan que el beneficio operativo anual de 2026 podría superar los 300 billones de won, más del cuádruple del año anterior. Sobre esa base, la demanda del 15% equivale a 45 billones de won: más que el presupuesto anual de I+D de la empresa y cuatro veces el total de dividendos pagados a los accionistas el año pasado. Si la huelga se concreta el 21 de mayo en Pyeongtaek, la mayor planta de semiconductores del mundo, las pérdidas podrían alcanzar los 680 millones de dólares por día, según estimaciones del propio liderazgo sindical. Choi Seung-ho, líder del SELU, lo resumió con precisión: «La industria de los chips está en auge, pero esas ganancias no nos llegan.»

Samsung respondió con lo que describió como una propuesta sin precedentes: un aumento salarial del 6,2% y bonos especiales equivalentes al 100% del salario base por cada 100 billones de won de beneficio operativo anual. La empresa argumentó que eliminar el tope dificultaría financiar inversiones futuras en una industria intensiva en capital y altamente cíclica.

El conflicto no se limita a la división de semiconductores. Hoy mismo, los trabajadores sindicalizados de Samsung Biologics —el brazo biotecnológico del grupo— iniciaron una huelga general de cinco días, la primera desde la fundación de la empresa en 2011, reclamando un aumento del 14% en salario base, un bono único de 30 millones de won por trabajador y bonificaciones equivalentes al 20% del beneficio operativo anual. La compañía estimó pérdidas potenciales superiores a los 640 mil millones de won, equivalentes a cerca de la mitad de sus ventas del primer trimestre.

En la manufactura biofarmacéutica, una interrupción de un solo día hace que proteínas y materiales se deterioren y deban descartarse por completo, lo que agrega una dimensión de riesgo operativo irreversible. El sindicato precisó que la huelga responde no solo a la disputa salarial sino a lo que describió como una falla de gestión: frente a más de un mes de demandas de negociación, la empresa respondió con presión legal —incluyendo una solicitud de medida cautelar ante la justicia— en lugar de propuestas concretas.

El presidente Lee Jae Myung —electo con apoyo sindical— eligió la víspera del Día del Trabajo para distanciarse públicamente de ambos conflictos, advirtiendo que las demandas que generan rechazo popular terminan perjudicando al conjunto de la clase trabajadora. El 1° de mayo de 2026 es la primera vez en la historia del grupo Samsung que dos de sus empresas centrales enfrentan conflictos laborales simultáneos: una en el corazón de la cadena global de chips de IA, la otra en la manufactura farmacéutica por contrato.

La lección de Japón: cuando se desfinancia el talento, no es fácil recuperarlo

La industria naval japonesa, que en los años ochenta lideraba los mercados globales, cayó al 1,4% de la cuota mundial de nuevos pedidos en el primer trimestre de 2026, según Clarksons Research. En el mismo período, Corea del Sur capturó el 20% del mercado. Los pedidos de buques metaneros GNL —segmento de alto valor— prácticamente desaparecieron del cronograma japonés desde 2016.

El diagnóstico del sector apunta a una causa estructural: la interrupción sostenida de la formación de ingenieros navales durante las recesiones de los años noventa. La Universidad de Tokio disolvió su Departamento de Ingeniería Naval en 2000; la Universidad de Hiroshima eliminó la denominación «construcción naval» de su facultad en 1991. Sin lugar a dudas, esa decisión cortó el flujo de diseñadores especializados durante décadas.

Tsuneishi Shipbuilding redujo su tasa de utilización fabril cerca de un 40% respecto a su pico histórico por falta de personal. Yukito Higaki, presidente de Imabari Shipbuilding, la mayor astillera del país, reconoció al Nikkei que la empresa no puede atender siquiera la demanda doméstica de reposición.

El gobierno de Japón respondió declarando la industria naval sector estratégico nacional y aprobando una hoja de ruta con una inversión de 350.000 millones de yenes a diez años, con el objetivo de duplicar la producción anual a 18 millones de toneladas brutas hacia 2035.

Los actores del sector advierten, sin embargo, que la escasez de ingenieros no se resuelve con financiamiento: el capital humano especializado tarda generaciones en formarse y fue desmantelado en pocos años de recortes. Tres décadas después, ningún plan de inversión revirtió la caída en cuota de mercado.

China: desempleo juvenil, el XV Plan Quinquenal y la apuesta por los robots

Según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas de China recogidos por Trading Economics, la tasa de desempleo juvenil urbano para el rango de 16 a 24 años se ubicó en 16,1% en febrero de 2026 —el nivel más bajo desde junio del año anterior, aunque persistentemente elevado tras alcanzar un récord histórico de 21,3% en junio de 2023, momento en que el gobierno dejó de publicar el indicador por varios meses.

En ese sentido, el Asia Society Policy Institute documentó que la mayor clase graduada de la historia china —12,22 millones de egresados universitarios en 2025— enfrenta un mercado laboral golpeado por la guerra comercial con Estados Unidos y dislocado por la inteligencia artificial en casi todos los sectores; más del 20% de los repartidores de las dos mayores plataformas de delivery del país tienen título universitario.

La respuesta del Estado al fenómeno del tang ping —»tumbarse plano», el rechazo juvenil al trabajo y la ambición— revela la dimensión política del problema. El Ministerio de Seguridad del Estado atribuyó la desilusión juvenil a la infiltración ideológica extranjera, advirtiendo que las fuerzas hostiles anti-China solo quieren que los jóvenes se «tumben», se desalienten, para que el país entregue su progreso y su futuro, según consignó el Wall Street Journal. En septiembre de 2025, la Administración del Ciberespacio lanzó una campaña para restringir contenido que incite «sentimientos excesivamente pesimistas», apuntando a influencers que argumentan contra la meritocracia.

El encuadre oficial colisiona con la tradición confuciana del esfuerzo y el deber colectivo que históricamente estructuró la ética laboral china, y que el propio Xi Jinping ha invocado en repetidos llamados a la juventud a «abrazar el sacrificio».

Al respecto, el antropólogo social Xiang Biao —director del Instituto Max Planck de Sociología y Etnografía y un intelectual con cierta influencia en la propia juventud china: la versión china de su libro Self as Method fue nombrada el libro más influyente de 2021 por Douban— ofrece una lectura distinta: en su trabajo más reciente, documentado por Reporte Asia, sostiene que muchos jóvenes chinos no rechazan el esfuerzo por influencia extranjera sino porque sienten que han perdido el control de sus propias vidas, absorbidos por un sistema educativo y laboral que los procesa sin dejarles identidad más allá de la imagen de éxito que deben proyectar.

La urbanización acelerada rompió los lazos de familia y comunidad que daban sentido al sacrificio colectivo; lo que queda, según Xiang, es una generación que corre en el mismo lugar mientras el período de alto crecimiento se apaga.

El centro del «País del Centro» es la Innovación

Por otra parte, el 15° Plan Quinquenal (2026–2030), aprobado por la Asamblea Nacional Popular en marzo de 2026, establece el marco estructural en el que se procesará esta tensión durante los próximos cinco años.

El plan abandona explícitamente el modelo de manufactura de bajo costo y reorienta la estrategia industrial hacia lo que Beijing denomina «Nuevas Fuerzas Productivas de Calidad»: inteligencia artificial, semiconductores avanzados, computación cuántica, biotecnología y comunicaciones 6G, según consigna el análisis de Rödl & Partner sobre el documento aprobado.

Al respecto, Yu Jie, investigadora del Chatham House, señala que el desafío central para los responsables de política es equilibrar el impulso hacia la autosuficiencia tecnológica con la creación de empleo y el crecimiento de ingresos para los trabajadores jóvenes, en un contexto de alto desempleo estructural desde la pandemia.

Más robots o más trabajadores

La robótica ocupa un lugar específico en ese esquema. El 15° Plan Quinquenal designa la robótica y la «inteligencia incorporada» —los llamados robots humanoides— como una de las ocho industrias estratégicas del país, una categoría superior a la que ocupaba en el plan anterior, integrándola en capítulos sobre manufactura, transformación digital y salud, según el análisis del Stanford DigiChina Forum.

Expertos de Brookings señalan, por su parte, que los robots humanoides son una de las apuestas más arriesgadas del plan, dado que se trata de tecnologías aún no probadas a escala comercial; ya aparecen en ferias y exposiciones como anfitriones y generan sectores emergentes de alquiler, despliegue y mantenimiento. La plataforma laboral china Maimai registró que las ofertas de empleo vinculadas a inteligencia artificial crecieron aproximadamente doce veces en términos interanuales durante enero y febrero de 2026, con posiciones de alta especialización como científico de IA o arquitecto de algoritmos con salarios promedio que superan los 70.000 yuanes mensuales.

Esos empleos requieren exactamente el tipo de formación que el grueso de los egresados universitarios chinos no posee. Y los planes para reorientar las currículas universitarias hacia ciencia y tecnología —alineados con el 15° Plan Quinquenal— no tendrán impacto inmediato, según reconocen los propios analistas del sector en Nippon.com.

La inteligencia artificial erosiona además las posiciones de cuello blanco que representaban el destino aspiracional del sistema educativo chino, afectando especialmente a los trabajadores en etapas tempranas de carrera, tal como advirtió Citigroup en un análisis reciente citado por StratNews Global.

Vale aclarar que el desempleo general en China muestra una tendencia distinta: la tasa de desempleo urbano general se ubicó en 5,1% en diciembre de 2025, sin cambios por segundo mes consecutivo y en su nivel más bajo en cuatro meses, con un promedio anual de 5,2% para todo 2025. El problema no es el desempleo agregado sino su distribución por edad: mientras los trabajadores de 30 a 59 años registran tasas cercanas al 4%, los jóvenes de 16 a 24 años cuadruplican ese número. Es una economía que genera empleo, pero no del tipo ni en el volumen que absorba a una generación universitaria récord que ingresa al mercado laboral con expectativas formadas en el ciclo de alto crecimiento anterior.

Las tres crisis de Asia en el marco de América Latina

Los tres casos convergen en un mismo diagnóstico: el capital humano especializado es el activo más escaso y más conflictivo del siglo XXI, y ninguna potencia —ni la que está en auge, ni la que está en declive, ni la que tiene el mayor ejército de graduados del mundo— lo está gestionando sin tensiones. América Latina no observa estas crisis desde afuera: las reproduce con sus propias variables.

Según el Panorama Laboral 2024 de la OIT, la tasa de desempleo juvenil en América Latina y el Caribe continúa siendo casi el triple que la de los adultos, y la informalidad laboral afecta al 47,6% de los trabajadores de la región. Los jóvenes en particular enfrentan una informalidad que alcanza al 60% de quienes trabajan, limitando estructuralmente su acceso a empleos de calidad. En el segundo trimestre de 2024, la tasa de desocupación entre jóvenes de 15 a 24 años superó el 20% en varios países: Uruguay encabeza con 28,1%, seguido por Costa Rica con 23,3%, Colombia con 20,6% y Chile con 20,1%. Uno de cada cuatro jóvenes de entre 18 y 24 años no estudia ni cuenta con un trabajo asalariado, y de ese total más del 70% son mujeres dedicadas exclusivamente a tareas de cuidado del hogar.

La CEPAL advierte que sin políticas públicas que se anticipen a los impactos de la automatización, las tasas de desempleo e informalidad juvenil podrían crecer, especialmente en zonas urbanas donde la competencia laboral se intensifica por los flujos migratorios internos. Un estudio prospectivo de CEPAL y Ayuda en Acción proyecta que para 2030, el 70% de la juventud ocupada de la región se concentrará en servicios, con apenas un 13,3% en manufactura —precisamente el sector que en Asia genera los empleos de mayor valor agregado y los conflictos distributivos más visibles.

La diferencia estructural con Asia es que en América Latina la crisis del talento no es nueva ni repentina: es crónica. La región no destruyó sus facultades de ingeniería naval en una recesión, como hizo Japón, pero tampoco las construyó con la escala que el momento requiere. No enfrenta un «superciclo» de ganancias que deba distribuir entre trabajadores sindicalizados de alta tecnología, como Corea del Sur, pero tampoco tiene los mecanismos institucionales para hacerlo cuando ese momento llegue. Y aunque no tiene una generación de graduados universitarios sin empleo que el Estado deba movilizar hacia la inteligencia artificial, como China, sí tiene millones de jóvenes fuera del mercado laboral formal sin ningún plan quinquenal que los convoque ni propuesta de horizonte alguno.

La advertencia que emerge de Asia en este 1° de mayo es triple: la automatización concentra riqueza en pocas empresas sin mecanismos de distribución; la desinversión en formación técnica tiene costos que se pagan décadas después; y cuando los jóvenes pierden fe en la movilidad social, la brecha entre el perfil de los graduados disponibles y el tipo de economía que se aspira a construir se convierte en el problema político más difícil de administrar.

Marcos González Gava es co Fundador de Reporte Asia, y especialista en asuntos culturales, y negocios comerciales y financieros con la República Popular China

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