Pensar en las «potencias intermedias»
A fines de septiembre de 2026 viajé a Ciudad de México para presentar una ponencia en un evento organizado por la Fundación Konrad Adenauer, la Universidad Anáhuac y el Instituto de Investigación sobre Estrategia y Defensa. Durante mi estadía, también tuve la oportunidad de visitar varias instituciones de seguridad mexicanas y mantener consultas con colegas del ámbito académico, empresarial y de la seguridad.
El tema de la conferencia, las «potencias intermedias», era apropiado para describir la situación de México, aunque quizás no de la manera que pretendían los organizadores. En cierto sentido, el encuentro estuvo influido por la corriente de pensamiento inaugurada por el primer ministro canadiense Mark Carney con su impactante discurso en el Foro Económico Mundial de Davos, en enero de 2026. Allí sostuvo que las «potencias intermedias», como Canadá, debían trabajar juntas de manera más estrecha y con mayor intensidad para afrontar los desafíos del orden mundial, agravados por el ascenso de la República Popular China (RPC) y el importante cambio de actitud de Estados Unidos respecto de las alianzas y las instituciones globales.
El evento sobre las «potencias intermedias» contó con una destacada presencia de diplomáticos y políticos europeos, así como de figuras relevantes de México, Canadá, América Latina y otras regiones. El encuentro estuvo notablemente equilibrado y su tono no fue en absoluto antiestadounidense, de izquierda radical ni favorable a los Estados autoritarios de fuera del hemisferio.
Sin embargo, el evento quedó involuntariamente eclipsado desde el principio por unas declaraciones que el canciller mexicano Roberto Velasco había formulado en otro foro pocos días antes, cuando afirmó que México no compartía el enfoque que implicaba definirse como una «potencia intermedia». Esa declaración podía interpretarse como una muestra del grado de preocupación existente dentro del Gobierno de Claudia Sheinbaum por evitar cualquier postura que Washington pudiera considerar una señal de hostilidad.
Aunque la conferencia examinó cómo las transformaciones globales afectan a países como México y exploró oportunidades para incrementar la cooperación —particularmente con Europa—, para mí puso de relieve, involuntariamente, una realidad importante e irónica: México puede ser o no una «potencia intermedia», pero, en la nueva geopolítica determinada en gran medida por Washington y Pekín, se encuentra «en el medio».
El Gobierno mexicano se esfuerza por satisfacer las exigencias de su vecino del norte en materia de seguridad, comercio y otros asuntos. Al mismo tiempo, trabaja, a menudo con cautela y discreción, para diversificar sus asociaciones y demostrar firmeza ante sus propios partidarios. La administración Sheinbaum espera que estas acciones resulten eficaces sin llamar demasiado la atención ni provocar la ira del Gobierno de Donald Trump.
Los dilemas diplomáticos de México
Los participantes coincidieron, en general, en que es poco probable que el Gobierno de Sheinbaum siga la inspiración del primer ministro canadiense Carney y colabore activamente con otros países para alcanzar una «autonomía estratégica» entre Estados Unidos y China.
Un participante de alto nivel sostuvo que México, durante las presidencias de Andrés Manuel López Obrador (AMLO) y Sheinbaum, había renunciado, en la práctica, al activismo independiente en política exterior que alguna vez lo caracterizó.
Otros debatieron cómo una victoria de Flávio Bolsonaro en las elecciones presidenciales brasileñas de octubre de 2026 podría aislar aún más al Gobierno de Sheinbaum, convirtiéndolo en el último gran gobierno de izquierda de la región. Sin embargo, algunos señalaron que, dada la compleja relación entre Sheinbaum y el actual presidente izquierdista de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, un cambio político en Brasil quizá no sería del todo negativo para la mandataria mexicana.
Aun así, una figura destacada del encuentro lamentó que nunca había visto a México tan solo.
En materia de seguridad, al igual que en política exterior, la administración Sheinbaum también se encuentra «en el medio».
Su Gobierno adoptó una postura más agresiva contra las organizaciones criminales que su antecesor, Andrés Manuel López Obrador. Según las cifras oficiales, los homicidios disminuyeron más del 53 % durante la gestión de Sheinbaum, mientras que los secuestros cayeron un 70 % desde 2019, aunque muchos de mis colegas mexicanos expresaron dudas sobre esos números.
México también obtuvo importantes victorias contra grupos criminales, incluida la operación de febrero de 2026 que terminó con la captura del jefe del cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), Nemesio Rubén Oseguera Cervantes, conocido como «El Mencho».
El Gobierno mexicano extraditó a 178 criminales a Estados Unidos, incluidos 92 mediante tres traslados masivos.
Pese a estas iniciativas y a la cooperación con Washington, la administración Sheinbaum quedó en una posición política difícil debido a las solicitudes estadounidenses de extradición del gobernador en ejercicio de Sinaloa, Rubén Rocha Moya, y de otras figuras importantes vinculadas a AMLO, mentor político de Sheinbaum y fundador del movimiento MORENA.
El dilema de Sheinbaum se profundizó cuando, después de que ella se negara a extraditar a Rocha Moya, este retomó su cargo e intentó durante un tiempo continuar ejerciendo como gobernador de Sinaloa.
La posición de la presidenta se complicó todavía más cuando el Gobierno estadounidense revocó la visa de Andy López Beltrán, hijo del expresidente AMLO, debido a preocupaciones consideradas creíbles sobre posibles vínculos con la corrupción y el crimen.
Sheinbaum debe encontrar un equilibrio entre cooperar con Estados Unidos en su prioridad central —combatir a los grupos criminales y terroristas en México— y proteger a su mentor político y al ala radical de MORENA. Dentro de este sector, muchos ya consideran que la presidenta ha cedido demasiado en materia de soberanía y dignidad nacional al acomodarse a las exigencias de la administración Trump.
Por último, México también permanece «en el medio» en sus relaciones comerciales con Estados Unidos y la República Popular China.
No solo el 83 % de las exportaciones mexicanas se dirige a Estados Unidos, sino que México está profundamente integrado en la economía estadounidense y norteamericana mediante sus cadenas de suministro.
Para el Gobierno de Sheinbaum, preservar ese acceso y esa integración económica, incluido el logro de un acuerdo con Washington para renovar el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC), constituye una prioridad nacional.
Esta prioridad ayuda a explicar la decisión de México, en enero de 2026, de imponer aranceles de hasta el 50 % a determinadas importaciones procedentes de países con los que no tiene acuerdos comerciales. La medida buscaba atender una preocupación central de Washington: impedir que las empresas chinas utilizaran México como plataforma de acceso al mercado estadounidense.
Aunque Sheinbaum procura acomodarse a las exigencias de la administración Trump respecto de China, resulta difícil para México interrumpir por completo el comercio y las inversiones procedentes de ese país.
Las empresas chinas tienen una presencia importante en México, particularmente en los puertos, las telecomunicaciones, la industria automotriz, el ensamblaje y la distribución, entre otros sectores.
Solo entre 2020 y 2025, las compañías con sede en China invirtieron en México unos 11.600 millones de dólares, aunque esas inversiones disminuyeron drásticamente ante la incertidumbre sobre la renovación del T-MEC.
Poco antes de mi visita, un consorcio chino anunció una importante inversión de 930 millones de dólares en un complejo industrial en Tapachula, en el sur de México, destinado a fabricar vehículos eléctricos, autopartes y otros productos.
Para México, China complementa las relaciones con otros países asiáticos —como Japón, Corea del Sur e India— y con la Unión Europea, al ofrecer mercados alternativos y fuentes de inversión.
Preservar esas opciones adquiere especial importancia ante la posibilidad, poco probable pero potencialmente muy perjudicial, de que el T-MEC expire al finalizar el período de diez años iniciado el 1 de julio de 2026. Esta preocupación se intensificó después de que la administración Trump anunciara que no renovaría el tratado.
Más allá del comercio, China también mantiene una presencia reducida, pero significativa, en instituciones militares de la región. Al menos dos estudiantes chinos asistían al Colegio de Guerra Naval de México (CESNAV), uno al Colegio de Guerra del Ejército y otro al Colegio de Defensa Nacional (CODENAL).
China también ha cortejado durante mucho tiempo al programa espacial mexicano. Sin embargo, durante mi visita me señalaron que la República Popular China había logrado pocos avances, en gran medida porque tanto el Gobierno actual como el anterior destinaron muy pocos recursos presupuestarios a ese programa.
Estas actividades, aunque posiblemente proporcionen beneficios limitados a las Fuerzas Armadas mexicanas y a otras instituciones, permiten al Gobierno de Sheinbaum demostrar que mantiene una diversidad de relaciones internacionales. Esto resulta particularmente importante ante los sectores de MORENA y de la población que consideran que su Gobierno está adoptando una actitud excesivamente subordinada a Estados Unidos.
Conclusión
Regresé de México profundamente impresionado por los intercambios enriquecedores y reflexivos que mantuve con colegas y amigos durante el encuentro sobre las potencias intermedias, así como en las instituciones del Ejército y la Armada mexicanas que me recibieron para conversar durante mi visita.
La experiencia reforzó mi convicción sobre la importancia de la cooperación entre Estados Unidos y México para garantizar la seguridad y la prosperidad de ambos países.
En México, el Gobierno de Sheinbaum continúa optando por estrechar sus vínculos con Estados Unidos, en lugar de aprovechar sus otras relaciones internacionales para construir una «autonomía estratégica».
Sin embargo, las conversaciones mantenidas durante el importante encuentro sobre las potencias intermedias me recordaron que los cambios significativos en el discurso y las acciones estadounidenses respecto de las alianzas, las instituciones internacionales y otros asuntos están provocando transformaciones preocupantes —y, en ocasiones, lamentables— en las percepciones y los comportamientos de numerosos socios.
A largo plazo, esos cambios podrían perjudicar gravemente la posición estratégica de Estados Unidos y sus intereses nacionales fundamentales.
Con nuestros vecinos mexicanos, al igual que con los demás amigos, aliados y socios de Estados Unidos, resulta más importante que nunca actuar de manera que fortalezca la confianza y fomente las relaciones de las que dependen la seguridad y la prosperidad estadounidenses.
El Dr. Evan Ellis es profesor investigador de Estudios Latinoamericanos en el Instituto de Estudios Estratégicos de la Escuela de Guerra del Ejército de Estados Unidos. Su trabajo se centra en las relaciones de la región con China y con otros actores ajenos al hemisferio occidental.

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