Las aspectos lingüísticos, conceptuales y culturales que alejan a las partes que negocian son mayores que las complejas negociaciones que se llevan a cabo durante años en Oriente Medio. Por años, la dirigencia política y la opinión pública occidental han mostrado su desconocimiento cuando se habla del mundo árabe islámico.
Sin perjuicio a que el lenguaje de las negociaciones sea el inglés, cada parte en el proceso piensa en su lengua materna y, consciente o inconscientemente, negocia a través de su propia idiosincrasia y parcialidad cultural. Las distintas administraciones estadounidenses han mostrado poco conocimiento de lo que pasa por la mente de los palestinos, los persas-iraníes o el resto del mundo árabe islámico. Los conceptos, el lenguaje y la cosmovisión en ese mundo son diametralmente distintos y opuestos a los que imagina o percibe Occidente.
Un ejemplo muy actual es el uso del término alto el fuego, un concepto central y de vital importancia en la búsqueda de la paz tan lejana según los hechos y la crisis actual entre Washington, Teherán y Jerusalén, donde cada parte involucrada usa dicha palabra, pero para cada uno adquiere un significado y connotaciones culturales diferentes.
En inglés, como lo entienden los estadounidenses, el término alto el fuego significa el fin total por una parte de cualquier actividad que una segunda pueda interpretar como agresiva. En hebreo, el término es traducido como Hafsakat esh. Para los israelíes, alto el fuego significa: “los palestinos tienen que detener todos los atentados contra ellos, pero si Israel tiene conocimiento de un atentado terrorista inminente puede y debe actuar para evitarlo”. En árabe, el término utilizado para definir el alto al fuego y la tregua es Hudna, y para los musulmanes, sean sunitas palestinos o chi’itas iraníes significa: “cese temporal de las hostilidades y/o escalada de hostilidades contra un enemigo real hasta poder vencerlo en el futuro”. Estas diferencias son suficientes para dar por tierra con cualquier acuerdo que pudiera ser alcanzado.
Es muy importante que la opinión pública occidental conozca que en idioma árabe existen tres tipos de acuerdos de paz (Hudna, Atwah y Sulha). Todas estas palabras tienen su origen en la ley tribal del mundo árabe-islámico.
La Hudna es un principio fundamental reconocido por cada creyente. Es un concepto legal aplicado a las tribus. Es algo temporal, la hudna es utilizada como vehículo para lograr el siguiente paso definido como Atwah, un compromiso intemporal o de plazo más largo. Un acuerdo de paz definitivo no es alcanzado hasta que el siguiente paso no se logra.
La hudna más famosa tuvo lugar en el año 628 d.C. cuando el profeta Mohamad firmó la paz con los ancianos de Medina en la ciudad de Huday Biyyah. El acuerdo al que se llegó duraba 9 años, 9 meses y 9 días. Dos años más tarde Mohamad rompió el pacto y atacó destruyendo y venciendo a los líderes tribales. Esta historia del Corán, enseña a los seguidores del islam dos lecciones importantes: I) Que un musulmán puede firmar un acuerdo con no musulmanes cuando esté en desventaja y ese acuerdo revierta en su interés y II) Que después de haberse revitalizado y fortalecido, puede romper el acuerdo.
Esta es la versión coránica o islámica del Caballo de Troya, donde el regalo puede convertirse en catalizador de la derrota. En la historia árabe-islámica (incluyendo a los árabes que viven en Israel) los Acuerdos de Armisticio de 1949 firmados en Rodas entre Israel y sus vecinos árabes musulmanes beligerantes son considerados un tiempo de Hudna. En inglés, el mismo tratado se denomina armisticio y en hebreo hafsakat eish.
En septiembre de 1993, los líderes Bill Clinton, Yasser Arafat y Yitzhak Rabin firmaron los Acuerdos de Oslo en la Casa Blanca. Esto se presentó como un paso importante hacia la paz. Un mes más tarde, en Ciudad del Cabo, Yasser Arafat denominaba a los Acuerdos de Oslo como el pacto Huday Biyyah. Todos los que oyeron y comprendieron estas palabras dichas en lengua árabe, conocieron que la importancia de las expresiones de Arafat eran una hudna, un acuerdo hecho para ser roto en el momento adecuado.
En las negociaciones de paz entre palestinos e israelíes, si la historia ha enseñado algo Occidente es que las partes involucradas en un alto el fuego es mucho más que una palabra para lograr sinceramente la paz, como también lo engañoso y fraudulento de los enfoques lingüísticos tribales en la consecución honorable que se dice perseguir para alcanzarla.
*Professor George Chaya is a Senior Advisor on Middle Eastern affairs in National Security and expert in OSINT based in Washington DC, USA.

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