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Milei volvió a Israel por tercera vez: más fotografías con Netanyahu y ninguna agenda para los argentinos

Por Mila Zurbriggen Schaller

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En medio de una crisis de imagen sin precedentes desde que asumió —con su aprobación cayendo al 35%, el escándalo del patrimonio de su jefe de Gabinete dominando la agenda y una economía que no termina de llegar a los bolsillos de la mayoría— el presidente Javier Milei eligió subirse al avión presidencial ARG01 rumbo a Israel. Es su tercer viaje oficial al país en menos de dos años y medio de gestión.

La visita, presentada por la Casa Rosada como un hito diplomático, se enmarca en los festejos por el 78° Día de la Independencia israelí. Dicho en otros términos: Argentina destinó recursos del Estado para que su presidente participe de la celebración de otro país, mientras en el conurbano bonaerense los vecinos sacan préstamos personales para comprar comida.

La agenda del viaje habla por sí sola sobre sus prioridades reales. Milei visitó el Muro de los Lamentos, recibió un Doctorado Honoris Causa de la Universidad Bar-Ilan y fue distinguido por la Academia de Estudios Talmúdicos de la Yeshivá Hebron. Reconocimientos simbólicos y religiosos que no generan empleo, no bajan la inflación ni resuelven ninguno de los problemas estructurales que afectan a los argentinos.

En la conferencia conjunta con el primer ministro Benjamin Netanyahu —a quien Milei volvió a llamar “mi amigo”, en una demostración de afecto que muchos analistas interpretan como subordinación política antes que como diplomacia de igual a igual— se anunció el primer vuelo directo Buenos Aires-Tel Aviv y un memorándum de entendimiento en inteligencia artificial. Acuerdos que, por su naturaleza, tardarán años en producir resultados concretos, si es que alguna vez lo hacen.

Lo que no se menciona en los comunicados oficiales es el contexto en que se desarrolla esta visita: Netanyahu enfrenta órdenes de detención emitidas por la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra en la Franja de Gaza. Abrazar a ese dirigente frente a las cámaras del mundo no es un gesto neutro. Es una toma de posición que compromete la política exterior argentina frente a la comunidad internacional y, en particular, frente a los países de la región con los que Argentina necesita comerciar.

Mientras tanto, el Gobierno que dice haber derrotado la “casta” sigue acumulando viajes presidenciales, comitivas y horas de vuelo en el ARG01, con una narrativa de gestión que se construye más en los escenarios internacionales que en las calles del país que se supone gobierna.​​​​​​​​​​​​​​​​

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