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La IA, la robótica y las próximas revoluciones económica, militar y política (Robert Evan Ellis)

Por Poder & Dinero

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La próxima revolución de la IA y la robótica

Mientras el presidente de China, Xi Jinping, se prepara para viajar a Washington, D.C., el 24 de septiembre, su enfoque reflejará no solo los temas específicos de su agenda, sino también transformaciones geopolíticas más amplias que están actualmente en marcha. Estas revoluciones en desarrollo generan enormes oportunidades para China, pero también riesgos que tanto Pekín como la comunidad internacional deberán afrontar.

Los avances en big data, inteligencia artificial (IA), sistemas autónomos y robótica están transformando rápidamente las dinámicas económicas y militares, con implicancias radicales para los sistemas políticos y el equilibrio global de poder. América Latina y el resto del mundo en desarrollo serán escenario, beneficiarios y víctimas de ese enorme y caótico proceso de cambio.

Aunque el futuro no puede predecirse con certeza, un resultado posible de la convergencia de estas tendencias es un mundo mucho más violento, menos democrático y más dominado por China. Ese futuro podría aparecer con mayor rapidez de lo que esperan muchos analistas tradicionales.

Durante la próxima década, los avances derivados de la combinación entre IA y robótica probablemente ofrecerán alternativas no humanas para una amplia variedad de trabajos, tanto de cuello blanco como de cuello azul, calificados y no calificados. La transformación podría abarcar una cantidad de actividades mucho mayor y producirse con mayor rapidez que durante la revolución industrial del siglo pasado.

El costo amortizado de los robots industriales ya es, en muchos casos, inferior al costo de emplear a una persona para realizar determinadas tareas.

Los robots chinos producidos en masa por empresas como Unitree y UBTech pueden adquirirse por tan solo US$5.000, mientras que muchas unidades industriales cuestan apenas US$20.000 a US$50.000. A esos precios, un robot capaz de reemplazar tres turnos de trabajadores de una fábrica puede costar solamente unos pocos meses de salarios humanos. Como ocurrió con las computadoras personales en la década de 1990, esos costos probablemente seguirán bajando, mientras aumentará la sofisticación del hardware, el firmware y los mecanismos de control impulsados por IA.

Lo que hace aún más transformadora a la revolución actual es que las herramientas de IA, tanto virtuales como incorporadas en dispositivos físicos, tienen capacidad para reemplazar a seres humanos no solo en las fábricas, sino también en tareas domésticas y de servicios y en trabajos administrativos y profesionales.

Esto resulta particularmente relevante en áreas técnicas como la programación informática, el trabajo jurídico, los técnicos médicos y el personal de apoyo administrativo, entre otras.

Como ha señalado Jensen Huang, CEO de Nvidia, es muy probable que la naturaleza del trabajo cambie: los seres humanos pasarán de realizar directamente las tareas a dirigir y supervisar sistemas de IA y robóticos encargados de ejecutarlas.

Sin embargo, el autor considera muy poco probable que los puestos de supervisión creados por la nueva economía de IA y robótica, sumados a nuevas actividades destinadas a respaldarla o complementarla, compensen totalmente los empleos humanos que dejarán de ser económicamente competitivos.

El Foro Económico Mundial estima que los avances actuales podrían desplazar 92 millones de empleos para 2030. Además, la velocidad de aparición de esta nueva economía tecnológica y la dificultad inherente de los seres humanos para adaptarse a nuevas capacidades y nuevos lugares de trabajo podrían ampliar rápidamente lo que el filósofo del siglo XIX Thomas Robert Malthus denominó una “población redundante”.

Al igual que ocurrió con la revolución industrial, la revolución de la IA y la robótica probablemente también ampliará la desigualdad socioeconómica entre quienes poseen, implementan y administran las estructuras de la nueva economía y quienes pierden sus empleos o ven disminuir sus salarios debido a la competencia de las nuevas alternativas de IA y robótica.

Estos efectos podrían ser especialmente fuertes entre poblaciones que ya muestran un creciente descontento con el funcionamiento de los sistemas políticos democráticos y su capacidad para responder a los desafíos contemporáneos.

Compensación y represión

Las respuestas de los distintos sistemas políticos frente a estas presiones probablemente combinarán dos impulsos: compensación y represión.

Algunos gobiernos crearán o ampliarán redes de protección social para capacitar nuevamente, trasladar o al menos mitigar el sufrimiento de quienes pierdan sus empleos.

Otros gobiernos —o incluso los mismos— utilizarán instrumentos de represión estatal contra quienes reaccionen ante las consecuencias del desplazamiento económico mediante la delincuencia común o, alternativamente, las protestas violentas y el terrorismo.

Paradójicamente, las herramientas destinadas a monitorear y controlar los movimientos de la población, sus finanzas y otros aspectos de su vida también se están fortaleciendo considerablemente gracias a los avances de la IA, el acceso al big data y otras tecnologías.

A medida que la IA ejerza mayores presiones sobre los sistemas políticos democráticos y las economías de mercado, también desempeñará un papel cada vez más importante en la distribución y, finalmente, en la asignación de recursos para las poblaciones.

La IA ya se utiliza en la actualidad para la gestión operativa y logística tanto de empresas como de gobiernos.

El autor sostiene que la IA podría incluso reducir algunas de las distorsiones e ineficiencias históricamente asociadas con los sistemas económicos dirigidos por los gobiernos, analizadas de manera destacada por Friedrich Hayek en 1945.

De este modo, la IA podría ayudar a China y a otros gobiernos autoritarios a competir con mayor eficacia frente a los sistemas democráticos de libre mercado, al mejorar tanto su desempeño como sus capacidades represivas, mientras la disrupción tecnológica aumenta las tensiones sobre las democracias y los sistemas basados en el mercado.

La revolución en los asuntos militares

Paralelamente a esta transformación económica y política, los avances tecnológicos también están acelerando una revolución en los asuntos militares.

Los sistemas autónomos impulsados por IA reemplazarán progresivamente a los sistemas tripulados en el aire, sobre y bajo tierra y en la superficie y debajo del agua.

Estos sistemas estarán cada vez más coordinados por sistemas de gestión de combate y logística basados en IA. Su capacidad para identificar rápidamente patrones y analizar los resultados de numerosos escenarios de respuesta podría proporcionarles ventajas significativas frente a sistemas que mantienen al ser humano directamente dentro del circuito de decisión.

Al mismo tiempo, las nuevas tecnologías permitirán que potencias medias, pequeños Estados e incluso grupos criminales y terroristas no estatales con acceso a recursos puedan desafiar y extorsionar a actores mucho más grandes, como —según el autor— Irán lo ha hecho frente a Estados Unidos mediante sus sistemas de drones y misiles.

La estrategia de China en IA

En el contexto de estas transformaciones, la estrategia actual de China resulta particularmente preocupante y potencialmente transformadora.

Por un lado, como ya ocurrió con otras tecnologías, entre ellas los vehículos eléctricos, Pekín ha destinado importantes recursos a dominar los avances en IA y robótica.

Repitiendo un modelo que ya ha utilizado, China ha invertido considerablemente en investigación básica y aplicada, protegido y subsidiado sectores tecnológicos estratégicos y utilizado su enorme mercado interno cautivo para desarrollar productos comerciales capaces de competir y eventualmente dominar mercados globales.

En el ámbito de la IA, China busca liderar el mundo mediante el desarrollo de modelos eficientes de pesos abiertos, como Kimi K3, DeepSeek V4 y Qwen 3.8, incluso cuando sus empresas no tienen acceso a los chips de mayor rendimiento, como Nvidia Vera Rubin y Blackwell.

El autor sostiene que, aunque los modelos chinos todavía serían modestamente inferiores a los modelos occidentales de frontera, como Claude Fable 5.1, Mythos 5.1, ChatGPT 6 Astra y Grok, a largo plazo su carácter de código abierto y su capacidad para funcionar con chips de menor rendimiento podrían permitirles dominar mercados globales como América Latina, África y Asia en desarrollo, aun si quedan excluidos de Estados Unidos y Europa.

Siguiendo un camino similar al utilizado para conquistar otros sectores de la economía mundial, China está aprovechando el control sobre su mercado interno para introducir capacidades de vanguardia mediante robots dotados de IA antes de que las fuerzas del mercado generen plenamente esa demanda.

China está integrando deliberadamente la robótica impulsada por IA en sus fábricas y otras aplicaciones domésticas, lo que, según el autor, le proporciona una ventaja sobre competidores occidentales como los robots humanoides Optimus de Tesla, que podrían ser ligeramente más sofisticados pero todavía se encuentran en gran medida en fase de prototipo.

Como ocurrió anteriormente con los vehículos eléctricos, las telecomunicaciones, los paneles solares y otros sectores estratégicos, China parece encaminada a utilizar los productos de bajo costo y capacidades crecientes que desarrolla en su mercado interno, y que comienza a exportar, para desplazar a competidores estadounidenses en terceros mercados como América Latina.

Incluso si los mercados de Estados Unidos y Europa permanecen protegidos frente a la entrada de modelos chinos de IA, robots con IA y otros sistemas, el autor sostiene que China está encaminada a convertirse, dentro de una década, en el principal proveedor mundial de estos modelos, robots y sistemas.

Por extensión, podría convertirse en el principal productor de estos sistemas a escala industrial.

Como ocurrió en las telecomunicaciones con empresas como Huawei, esta situación podría dejar a Estados Unidos expresando preocupación por los riesgos asociados al uso de sistemas chinos de IA y robótica y advirtiendo o amenazando a sus socios, pero sin alternativas comerciales competitivas suficientes para ofrecerles.

Una posición china dominante en IA y robótica multiplicaría exponencialmente la influencia que Pekín ya posee sobre la economía mundial y las dinámicas políticas.

China ya utiliza, cada vez más, su poder como gran comprador de materias primas y operador de infraestructura para presionar a gobiernos que actúan contra sus empresas o intereses estratégicos.

El autor menciona como ejemplos recientes las inspecciones a buques con bandera panameña, después de una decisión de la Corte Suprema de Panamá relacionada con la empresa Hutchison, y la amenaza de Pekín de no renovar el swap de monedas con Argentina después de que su presidente declarara que no haría negocios con “los comunistas chinos”.

Junto con el aumento de la influencia económica y política de Pekín, si los robots, los vehículos autónomos y los sistemas de gestión militar basados en IA se convierten en elementos fundamentales para el éxito de futuras operaciones militares, el dominio chino de esas industrias, combinado con la capacidad industrial para producir millones de robots, aceleraría enormemente su posición militar y su capacidad para mantener y reconstruir sus fuerzas.

La importancia estratégica de una gran base industrial quedó demostrada por el papel de la producción ucraniana de millones de drones durante su resistencia a la invasión rusa.

También se evidenció en la necesidad estadounidense de reemplazar la enorme cantidad de municiones de precisión utilizadas en la guerra del Golfo Pérsico y en la capacidad de los astilleros chinos para producir, según el documento citado por el autor, 200 veces más buques de guerra que Estados Unidos.

Un futuro en el que China supere ampliamente a Estados Unidos como arsenal de robots militares y sistemas autónomos otorgaría a Pekín una ventaja considerable no solo para llevar adelante y sostener una guerra convencional con Estados Unidos, sino también para desplegar esos sistemas en defensa de sus intereses comerciales y de otro tipo en el exterior.

En síntesis, sostiene el autor, el dominio chino tanto de la dimensión comercial como de la militar de la revolución de la IA y la robótica podría convertirse en el pilar estructural de una transición de China desde un competidor geopolítico cauteloso hacia un “imperio” con características chinas.

El creciente poder e influencia de China probablemente afectará la manera en que Pekín actúe frente a Estados Unidos y en otras regiones.

Históricamente, cuando China se ha percibido débil —por ejemplo, en áreas geográficamente cercanas a Estados Unidos como América Latina— Pekín se ha comportado con cautela. En cambio, allí donde se ha percibido fuerte, como en el mar de China Meridional, ha actuado de manera más agresiva.

Entre los ejemplos mencionados se encuentran la militarización de arrecifes y bancos de arena y la aplicación de sus reivindicaciones territoriales de la denominada “línea de diez trazos”.

La actual transición mundial de poder, con dimensiones tecnológicas, comerciales y militares que se refuerzan mutuamente, también implica, según el autor, una China con mayor confianza para actuar de manera más agresiva en América Latina o incluso para actuar decisivamente con el objetivo de poner fin a la autonomía de Taiwán.

Tales acciones y los conflictos asociados afectarían fuertemente a los países del hemisferio occidental, incluso mediante importantes interrupciones del comercio y las finanzas derivadas de una guerra de gran escala, además de la posibilidad de que una parte de ese conflicto se desarrolle en territorios estratégicos del hemisferio occidental.

Las fuerzas desencadenadas por las revoluciones interdependientes y reforzadas mutuamente de la inteligencia artificial y la robótica trascienden ampliamente las discusiones específicas que tendrán lugar durante la próxima cumbre entre Trump y Xi.

Sin embargo, esa cumbre llega en un momento simbólico y decisivo, en el que los avances tecnológicos y comerciales y las decisiones estratégicas de ambas naciones podrían provocar rápidos cambios en el equilibrio relativo de poder entre ellas y reconfigurar el entorno geopolítico durante décadas.

Robert Evan Ellis es Profesor de Investigación sobre América Latina en el U.S. Army War College, especializado en el vínculo de China con América Latina y en otros asuntos de seguridad regional.

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